Baustelle Baustelle

Álbumes

Greie Gut Fraktion Greie Gut FraktionBaustelle

6.3 / 10

Greie Gut Fraktion Baustelle MONIKA ENTERPRISES

“Late Junction” es un programa de BBC 3 que invita a artistas que nunca han colaborado juntos a compartir una sesión de estudio. Mira Calix & Malcom Middleton, Tortoise & Colin Newman (Wire) o Sweet Billy Pilgrim & Adem son algunas de las singulares alineaciones que ha alumbrado la iniciativa. Y también, en marzo de 2009, el dúo formado por Antye Greie-Fuchs (AGF, The Lappetites) y Gudrun Gut (Malaria!, Monika Enterprises). De hecho, el binomio consideró tan exitoso el fruto de esa asociación puntual que decidió darle continuidad como Greie Gut Fraktion. De este modo llegamos a “Baustelle”, un álbum que, como aquel primer encuentro, encuentra su soporte temático en la construcción. No en una conceptualización abstracta del desarrollo evolutivo de algo, sino en la construcción de ladrillo, cemento y arena. Que también puede ser entendida como metáfora de muchas otras cosas, y de hecho me da a mí que Greie Gut Fraktion lo encaran así, pero el asunto no queda demasiado claro. O ellas se explican mal o yo soy un pelín obtuso.

Y es que con “Baustelle” pasa como con la burbuja inmobiliaria: el valor del producto es hinchado artificialmente hasta tal punto que acaba reventando en la cara de sus responsables. Sí, Greie-Fuchs y Gut emplean con salero grabaciones de campo ad hoc –taladros, martillos neumáticos, tuneladoras, etc– y sí, la versión del “Wir Bauen Eine Neue Stadt” (“Estamos Construyendo Una Nueva Ciudad”) de Palais Schaumburg les va como anillo al dedo. Pero, para qué engañarnos: tácticas similares han sido explotadas con anterioridad –desde Coldcut hasta Herbert o nuestro Dargelos, por no mencionar toda la música concreta de los últimos sesenta años– y con bastante más solidez, tanto ideológica como formal. Porque lo endeble de su fondo no acaba de compensarse con una resolución que, por mucho que lo bauticen como “post-kraut-dub-industrial-techno”, ahí es nada, no deja de ser un patchwork estilístico que yuxtapone materiales más que fusionarlos. Siguiendo con el símil, el edificio que GGF levantan es como las discotecas para divorciados: varios ambientes en espacios compartimentados. Hay kraut (poco), hay dub (bastante) y hay techno modernete, además de un buen trabajo ambiental y una resolución técnica impecable, pero lo del industrial me lo tendrán que explicar. Sobra ambición y falta sustancia. No es un mal disco de electrónica contemporánea, pero fracasa en sus intenciones. Acaba cayendo más cerca del Pocero que de José Luis Guerín.

Oriol Rosell

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