Basement Jaxx vs Metropole Orkest Basement Jaxx vs Metropole Orkest

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Basement Jaxx Basement JaxxBasement Jaxx vs Metropole Orkest

7 / 10

Basement Jaxx  Basement Jaxx vs Metropole Orkest ATLANTIC JAXX

Muchas veces no hace falta hincarse un tripi en las branquias para “flipar en colores”. El mundo de la música siempre se guarda alguna excentricidad en el sobaco para soltártela en las narices cuando menos te lo esperas. Seguro que tenéis una gran imaginación, pero ¿a qué nunca habíais considerado, ni en vuestras peores fumadas, que una orquesta sinfónica se marcara versiones del dúo canalla Basement Jaxx? ¿Y si os digo que la orquesta es holandesa? Podéis hacerme un control antidoping, en serio, encontraréis una orina más limpia que el agua del Carmen.

Si hace doce años, cuando bailábamos el “Red Alert” con la pastilla en la punta de la lengua, alguien nos hubiera dicho que el catálogo de hits pisteros de Basement Jaxx terminaría convertido en el “Bolero” de Ravel, habríamos tomado por gilipollas al autor del pronóstico. Pues hala, aquí lo tenéis. Felix Burton y Simon Rattcliffe decidieron dar rienda suelta a su amor por la grandiosidad instrumental en un concierto de versiones ejecutadas por la Metropole Orkest, que tuvo lugar en febrero de este año en Eindhoven. Los resultados fueron tan satisfactorios que el dúo londinense decidió planchar la experiencia en CD –aliñada con material de estudio– y forjar una de las ententes más inesperadas de la historia reciente de los sonidos bailables.

Espoleado por los magníficos arreglos del británico Jules Buckley, el álbum es un notable muestrario de épica clásica con reminiscencias cinematográficas: unos 60 músicos y un coro de 20 personas ponen toda la carne en el asador para que las melodías espirales de las canciones de los Jaxx cambien por completo su radio de influencia, así como la gradación de su poder evocador. Y lo curioso de todo este delirio es que termina bien. Lo que en principio podría sonar como una pedorreta –hace gracia a la primera escucha, pero al tercer cuesco se pierde el factor sorpresa–, termina convirtiéndose, gracias a la profundidad y complejidad sinfónica de las versiones y a la finura de Buckley, en una colección de postales fílmicas que buscan la esencia de la escarpia con buenos resultados en casi todos los remakes.

“Red Alert” se transforma, así, en una apabullante vomitona de grandeur musical à la Morricone que bien podría figurar en el soundtrack de “Hasta Que Llegó Su Hora”. “Raindrops” encajaría perfectamente como sintonía alternativa de “Falcon Crest”. La pegadiza melodía de “Bingo Bango” asoma el hocico en un movimiento perdido de Bronislau Kaper que nunca salió en los “Hermanos Karamazov”. “If I Ever Recover”, con un tsunami de coros gallináceos, bien podría ser el hilo musical del Colegio Hogwarts. “Good Luck” nos remite a las negras tetudas del cine blaxploitation. Y “Hey U” y “Do Your Thing”, impregnadas del legado de Lalo Schiffrin, ofrecen los minutos más embriagadores y eufóricos de un disco tan desconcertante en la teoría como disfrutable en la práctica.

Óscar Broc

“Samba Magic”

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