Banjo Or Freakout Banjo Or Freakout

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Banjo Or Freakout Banjo Or FreakoutBanjo Or Freakout

6 / 10

Banjo Or Freakout  Banjo Or Freakout MEMPHIS INDUSTRIES

Tiene un nombre raro, pero a pesar de eso nadie se le ha echado encima por críptico y ha contado con el favor de los blogs, los e-zines y la prensa indie. Recuerdo que, no hace mucho, un 7” de Banjo Or Freakout era material de urgente posteado en páginas tipo Gorilla Vs. Bear, así que hemos de tenerle como uno de los nombres importantes de la zona sensible del actual indie-pop. Eso sí: si por algo ha ganado estatus el italiano Alessio Natalizia –y lo que hace que este primer álbum, nada menos que en Memphis Industries, anime a teclear– es su participación el año pasado en el proyecto Walls, que le unía a Sam “Snoretex” Willis, del colectivo Allez-Allez. Lo que Walls publicaron en Kompakt no tiene nada que ver con “Banjo Or Freakout”, de todos modos. Allí había capas ambientales y beats sumergidos en un éter electrónico que aquí están substituidos por guitarras oceánicas y una voz que se reconoce en la larga historia del dream-pop y el shoegaze. Banjo Or Freakout acaba dándole al resultado final unos acabados algo hi-tech que le ayudan a “modernear”, pero desde la base hasta la cúspide, sus canciones son retro. Hermosas, placenteras, pero que no añaden nada fundamental a lo que en su día ya dieron Slowdive y su linaje posterior.

¿Por qué no ha aprovechado Alessio su experiencia favorable en Walls para encontrar un equilibrio entre el songwriting y el soundwriting? Es una pregunta que no me puedo atrever a responder, pero que puede esconder una respuesta terrible: el mérito de Walls estaría en el otro componente, más versado en sintetizadores, y en manos de Banjo Or Freakout habrían quedado los delays y los usos expansivos de los pedales de efecto. El gran problema de este disco, en realidad, no es la forma: es la monotonía y la falta de chispa. Un disco de dream-pop bien hecho nunca amarga, pero siguen editándose muchos –es una corriente que se niega a desaparecer, tiene todo su derecho– y éste destaca sobre la media, pero no escala hasta la cumbre. El trabajo instrumental es detallado, pero no es original; las canciones son correctas, pero no son inspiradoras; la unión de lo uno con lo otro es bonita en la superficie, pero inane en el fondo. En otras palabras: al ser un disco que no destaca en nada en particular, sólo en su buen oficio y resultados correctos (destacaría “105”, “Black Scratches” y el final etéreo de “I Don’t Want To Start All Over Again”), se ve amenazado a quedar olvidado en poco tiempo, o a no despertar la curiosidad por parte del oyente ocasional que ayuda a que los discos vayan aguantando el paso de los días hasta que, a final de año, se hace resumen y más o menos se fija un canon duradero. El debut en largo de Banjo Or Freakout en largo tras cinco singles no es de esa clase de discos, pero si se le concede una segunda oportunidad, de aquí a un tiempo, quizá Alessio sobresalga como debería. Mientras llegue ese momento, esperaremos.

Robert Gras

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