Bangerz Bangerz

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Miley Cyrus Miley CyrusBangerz

6.9 / 10

“Party In The USA” era un maldito himno y lo sabéis. En aquellos tiempos… Dios santo, parece que hable del siglo XVIII y fue en 2009. En fin, en aquellos tiempos, decía, Miley Cyrus aún no se había conseguido arrancar la costra virginal de su anterior personalidad, esa niña de esponjosos mofletes y níveos glúteos con sabor a Dunkin’ Donuts llamada Hannah Montana.

Y a fe de Dios que la chiquilla lo intentaba con todas sus fuerzas, pero por mucho que unos pocos comenzaran a verla como una post-púber de autocine y vaso de cartón rojo lleno de cerveza caliente, eran mayoría los que todavía la contemplaban como la niña de los ojos de su papi Billy Ray. La mojigata de Montana seguía ahí, latente, jodiéndole la vida. Había que matar a esa zorra bien muerta y en los últimos meses Miley se ha aplicado con todas sus fuerzas para enterrarla. De hecho, la Cyrus de “Party In The USA” y la del LP que le siguió, “Can’t Be Tamed”, parecen Elvira Lindo al lado del megaputón en el que se ha convertido ahora la diva teen.

Si su nuevo look de punkie lesbiana –Miley Cirrosis la llamo yo– y la aterradora misa negra que ofició en los MTV Awards –solo le faltó comerse un feto palpitante– fueron las cimas de su abrupta ruptura con el pasado, “Bangerz” vendría a ser exactamente lo mismo en lo referente a su música, que en el fondo es de lo que yo debería estar hablando en esta crítica. Después de verla bailando poseída por Cthulhu, haciéndose carantoñas con el vicioso de Terry Richardson y follándose una bola de demolición en pelota picada en el videoclip de “Wrecking Ball”, cuesta horrores juzgar su último disco sin dejarse contaminar por la asombrosa degradación de su imagen. Y es una pena, porque sin el firewall impenetrable de su ridiculez, podríamos juzgar este álbum con una mayor predisposición al elogio.

Me duele un poco esta injusticia, lo confieso, pues “Bangerz” no solo es el mejor trabajo de la cría, sino uno de los discos de pop mainstream más disfrutables que han salido estos días. Sus decisiones fuera del terreno de juego han sido calamitosas, sí, pero al menos Miley ha entendido que para crecer en el estudio tenía que dar este paso de madurez. Para eso se ha situado del lado de los negros y se ha desentendido casi por completo del sonido pop de adolescente blanca americana de familia acomodada que le había definido hasta ahora.

La niña canta como una negra en hits de pop digital urbano como “We Can’t Stop”, un temoncio demoledor servido por el siempre efectivo Mike Will. Y es que la huella de productores negros top, que diría Mourinho, es profunda y marca el disco con destellos de calidad. Pharrell Williams y Will.I.Am se suman al beatmaker de Atlanta y se encargan de elevar el listón. De hecho, los dos tracks de Pharell son auténticas virguerías, especialmente el eléctrico y sexy “#GETITRIGHT”, hit ultrafunky marca de la casa que hace que Miley brille con una fuerza increíble. Me encanta.

“Bangerz” es un buen álbum de pop negro. Muy correcto. Con algunos temas de altura. Miley es una vocalista eficaz, conoce las inflexiones más rudimentarias para parecer negra, es versátil y, ¡diablos!, suena mejor que nunca en este inteligente caparazón musical de R&B electrónico, soul para clubs y toda suerte de filigranas urban que le permitirán llegar a los charts con el carnet de adulto entre los dientes. Baladas futuristas con cascadas de sintetizadores – “Drive”–, hip hop, juke, y soul digital de nueva generación – “Do My Thang”–, trance ibicenco, pop y dubstep – “Someone Else”–… Aquí hay un claro paso adelante, un punto de inflexión en una carrera que corre peligro de ser menospreciada por los desatinos de punk ninfómana que gasta la moza. Pero quedémonos con lo bueno, porque “Bangerz” es su graduación musical, aunque su padre, Billy Ray Cyrus, le haya dicho por activa y por pasiva aquello de: “Miley, joder, no rompas más mi pobre corazón”.

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