Bang Goes The Knighthood Bang Goes The Knighthood

Álbumes

The Divine Comedy The Divine ComedyBang Goes The Knighthood

8.3 / 10

The Divine Comedy  Bang Goes The Knighthood PARLOPHONE

Era inevitable. Que Neil Hannon acabara firmando un álbum que más parece un musical que un álbum era inevitable. Sus coqueteos con las sintonías de series de televisión (véanse “Los Informáticos”) y las bandas sonoras (puso voz a las composiciones de Joby Talbot para “Guía Del Autoestopista Galáctico”, la delirante sátira protagonizada por Zooey Deschanel y basada en el superventas de Douglas Adams) acabaron con sus huesos entre bambalinas (compuso un musical basado en una novela de Arthur Ransome) y con la producción de su décimo álbum, “Bang Goes the Knighthood”, o de cómo Oliver Twist se hizo mayor y quiso vagabundear calándose un bombín y fingiendo codearse con Marcel Duchamp (o Hannon, en la portada del álbum, siendo asaltado por el fotógrafo en el cuarto de baño, mientras alza una copa de champán, el collar del perro en su cuello, el collar de brillantes en el cuello del perro, él con una pipa entre los labios y un bombín en la cabeza, y la frase tatuada en el disco: “Ceci n’est pas la divine comédie”, directísimo derechazo al surrealismo de Duchamp, el tipo de la pipa y el inodoro) por las calles de una Dublín asaltada, de improviso, por un torpe Jack El Destripador que prefiere conversar sobre Francis Bacon a desenfundar su bisturí.

Todo eso es “Bang Goes the Knighthood”, el barroco perfeccionismo de Hannon abandonando los rincones oscuros (melancólicos más bien) de “Victory For The Comic Muse”, su última referencia hasta la fecha, y rindiéndose a la fiesta, una fiesta de disfraces de otra época (demos marcha atrás un par de siglos y lo tendremos), una época de luces y sombras, que encarna a la perfección el tema que da nombre al álbum, un caramelo envenenado envuelto en terciopelo azul (la historia de un tipo que no debería estar haciendo lo que hace, y esto es volver a quedar con su amante, la única que le hace sentir algo). ¿Estamos, pues, ante su mejor disco? Es muy probable. Porque todo lo que probó Hannon antes buscaba explotar en un álbum como éste. Lo que empezó en el ya tremendo “Casanova” (allá por 1996), continuó en el imprescindible “Absent Friends” (y su “Come Home Billy Bird”, que permanecerá por siempre en el top cinco de las mejores canciones que ha compuesto Hannon nunca) y maduró definitivamente en el citado “Victory For The Comic Muse” (cuya tarjeta de presentación, “A Lady of a Certain Age”, figura también en el citado top cinco de lo mejor que ha hecho Hannon, en el que cabría incluir el arranque del álbum que nos ocupa, la tridimensional y prácticamente una nouvelle sobre la pareja en sí misma, “Down In The Street Below”), lima todas las aristas y crece hasta convertirse en un género en sí mismo en este “Bang Goes the Knighthood”. Género emparentado con los Walker Brothers y, por supuesto, toda la carrera en solitario de su cabeza visible, Scott Walker, más lo que dejó a deber Jacques Brel, y, a nivel sinfónico, lo que estarían haciendo Ravel y Stravinsky de haber montado una banda en el Dublín de finales de los ochenta.

Porque el arranque, el citado “Down In The Street Below”, es prácticamente un relato carveriano subido a un traqueteante carruaje que avanzara sin demasiado cuidado por las calles de un Londres neblinoso; porque no hay mejor manera de pedir prestado algo de dinero que entonando el irresistible estribillo de “The Complete Banker”; porque las peripecias sentimentales de Lola, “The Neapolitan Girl”, no pueden ser más picantes y porque no hay un tema capaz de envolverte mejor que “Assume The Perpendicular” o de devolverte el gusto por la conversación literaria (y alucinógena y de raíz beachboysiana) que “The Lost Art Of Conversation”. Sí, también hay divertidas y elegantes canciones de pajarita ( “Have You Ever Been In Love”), coqueteos con el pulp-pop ( “At The Indie Disco”), cajitas de música con historia ( “When A Man Cries”) y temas juguetones (al estilo “When I’m 64”, de los Beatles: “I Like”). En conjunto, una obra magna, escrita y producida por el cada vez más claro candidato a ocupar su propio sillón junto al del genio Scott Walker.

Laura Fernández

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