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Dirty Beaches Dirty BeachesBadlands

7.9 / 10

Dirty Beaches  Badlands ZOO

Desde que naciera en Taipei hace 30 años, Alex Zhang Hungtai ha vivido prácticamente como un nómada estableciéndose en Asia, Canadá, Estados Unidos y Hawái. Desarraigado, sin una casa fija a la que volver, para exorcizar esos fantasmas que le hacen sentirse de ninguna parte ha optado por agarrarse a algunas de las raíces más longevas de la música y vampirizar el rock’n’roll de los años cincuenta construyendo un discurso especialmente dirigido a aquellos que se sienten tan extrañados como él. En su proyecto en solitario Dirty Beaches, Hungtai mezcla elementos ficcionales con retales de la biografía del motero rockabilly que algún día fue su padre, dejándose también influenciar fuertemente por el carácter desplazado de la beat generation. Su música tiene un altísimo componente cinematográfico. Asegura pensar en ella como si fuera una película e interactuar con el sonido como si se tratara de un actor con el que trabajar. El resultado plasmado en este su título más destacable hasta el momento es una especie de banda sonora para una película que no existe pero que quiere estar filmada por Wong Kar-Wai o por David Lynch, dos directores que le inspiran como ninguno. En particular, Hungtai afirma que “Corazón Salvaje”, “Terciopelo Azul” y “Carretera Perdida” le ayudaron a perfilar el relato que cuenta “Badlands”: “una historia en abstracto que habla de alguien poseído por la carretera”.

Más allá de las abrumadoras atmósferas con que preña su sonido, es esa vertiente narratológica la que hace de esta inesperada revelación una de las más gratas sorpresas del año en curso, pues, además de forma, hay más fondo en Dirty Beaches del que parece. Especie de resumen de toda la andadura de Hungtai hasta el momento, “Badlands” es una desembocadura a la que han ido a parar los mejores elementos desperdigados en todos sus singles, EPs y discos piratas. Sus siete canciones, asfixiantes e incómodas, se presentan atrapadas en unos referentes tan explícitos que no les dejan muchas posibilidades para escapar de sí mismas. Sin embargo, las maneras que tienen de reescribir la tradición de los cincuenta, con sus favoritos Elvis, Jerry Lee Lewis, Link Wray y Johnny Cash siempre en el horizonte, atrapan como una planta carnívora. “Badlands” suena inusual, erótico y doloroso, sepultando voces fantasmalmente sexys bajo samples de batería y toneladas de grasa en una propuesta similar a las que en su día perpetraron Suicide o los Cramps.

“Speedway King” abre el disco con “el fantasma del rey del Cadillac” calentando motores sobre el asfalto, y junto a “Horses” y “Sweet 17” forma un trío inicial que ataca el psychobilly cual calco exacto de Alan Vega. Después vienen dos baladas exquisitas que cambian la lente con la que se mira: “True Blue” es como Roy Orbison con el agua al cuello y la hermosa “Lord Knows Best”, que tiene algo de francés, es la que más y mejor habla de un Hungtai aún por destaparse como autor y no sólo como mero estilista. La breve entrega (26 minutos) se cierra con dos temas instrumentales en la línea de su anterior álbum “Horror”: “Black Nylon” suena a Julian Lynch cagado de miedo antes de entrar en un “Hotel” donde las sombras bailan por desiertos pasillos. La estructura del tracklist es diáfana y meridiana, y enfatiza el carácter rapsódico de este sumario. Porque Dirty Beaches aún no se ha abierto del todo como proyecto total, sino que simplemente nos presenta aquí a una voz que avanza en un territorio de pruebas aún por abonar. Como Tom Krell ( How To Dress Well), con quien comparte la visión de un carnal voyeur, Hungtai asegura que graba así, registrándolo todo en cintas él solito, porque no tiene más dinero, pero avisa de que lo que quiere es formar un banda con sus mejores amigos, abrirse al dub y al dance, y gozar de la pasta suficiente para poder utilizar un estudio en condiciones. “Creo que el material de Dirty Beaches funciona porque intenta evocar paisajes psicológicos del pasado. Tiene ese mismo espíritu de ‘fotocopia de la fotocopia’ que tenía el punk. Funciona, sí, pero no es el camino que me gustaría seguir en caso de que una casa discográfica me financiara”. Así lo ha dicho y así lo han escuchado los sellos más selectos de la escena indie. Ahora las ofertas bailan sobre la mesa mientras al maldito sólo le queda decidir cual quiere que sea su lugar en el mundo.

Cristian Rodríguez

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