Babel Babel

Álbumes

Mumford & Sons Mumford & SonsBabel

7.3 / 10

A salvo del lado oscuro de Woven Hand y de la maravillosa intensidad de Okkervil River, la banda que lidera Marcus Mumford se gestó a finales de los 2000 (concretamente, en 2007) en lo que más tarde se conoció como la enésima muestra de hervidero folk del oeste de Londres (lo que viene a ser lo mismo que decir que se gestó en la nueva escena folk de la capital inglesa). Sí, el mismo lugar del que provienen Laura Marling y Noah And The Whale, influenciados en menor medida por el alt-country sangriento que los de Mumford adoran, el alt-country de rudo vaquero decidido a renunciar para siempre a la redención, decidido a vérselas con vaqueros aún más rudos que él e incluso con conductores de diligencias que han leído a Shakespeare y a Homero. Porque si algo tienen es clase. Una clase inglesa decididamente texana, nashvilleña, sobrealimentada en este excepcional “Babel”, a todas luces y desde el título, un álbum ambicioso, un torbellino de folk monstruoso y polvoriento que se alarga durante más de una hora.

Marcus Mumford ha señalado en alguna ocasión a John Steinbeck como una de las principales influencias de la banda. En concreto, ha señalado “Las Uvas De La Ira” como piedra filosofal del espíritu de Mumford & Sons (recordemos en este punto el clásico de Steinbeck sobre la familia que sube a un carromato y se dispone a recorrer América de punta a punta en busca de un pedazo de tierra en el que establecerse, el pedazo de tierra prometido, el famoso, Dorado), por lo que, lo más lógico era que su siguiente paso (tras el nada desdeñable aunque algo más sentimentaloide “Sigh No More”) fuese de gigante. No se va en busca del Dorado así como así. Cuando se apuesta, se apuesta a lo grande, aunque se haga en libras y desde Inglaterra. Es por eso que este “Babel” suena, desde la apertura, a enorme salón por el que van a desfilar un millón de guerreros, ataviados, eso sí, con su correspondiente sombrero vaquero y sus embarradas espuelas.

Y eso es justo lo que ocurre. Cada uno de los 12 temas que componen este titánico trabajo palpita a ritmo de aventuras (pensemos en la vigorizante “Holland Road” y su obsesión con hacerse pedazos contra el suelo; o en la tormenta de arena que se desata al final de “Hopeless Wanderer”), que por momentos se vuelven desesperadas confesiones a la luz de una vela, una vela amenazada por el viento ( “Broken Crown” o la canción que acaba por revolverse y escapar, y alejarse, sí, pero para volver a caer) y rozan la épica (una épica de ukelele, una épica contenida, la de “I Will Wait”). Épica, una palabra que desde ya podría definir el folk de Mumford & Sons. Épica de western, épica de sangre (de su propia sangre, como canta Marcus en “Below My Feet”, suplicando que alguien mantenga la Tierra bajo sus pies), polvorienta y nostálgica épica, capaz de rescatar, de devolver a la vida, una vida nueva, con un par de zapatos relucientes y, por supuesto, un sombrero, el “Boxer”, de Simon & Garfunkel (incluido en la edición deluxe del álbum, junto a otro par de canciones), que sirve a la vez de homenaje y de declaración de intenciones. Porque, hoy por hoy, Mumford & Sons es la banda más genuinamente texana, más genuinamente americana noir, de Inglaterra.

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