Avi Buffalo Avi Buffalo

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8.3 / 10

Avi Buffalo Avi Buffalo

SUB POP

A veces nacen bebés que son todo sonrisas y llantos, bipolares sentimentalmente hablando, y que constituyen la mayor parte de la masa humana, y otras veces nacen rarezas de tristeza y cara de pan como fue el caso de Avigdor Zahner-Isenberg, alma mater de Avi Buffalo, banda candidata a tomar el relevo a The xx como jóvenes-menores-de-edad-que-hacen-música-tan-bien-o-mejor-que-muchos-adultos. El californiano Zahner-Isenberg ha facturado con este LP de debut una ristra de indie pop psicodélico que pondría la carne de gallina a un témpano de hielo. ¿Quién le iba a decir a Aaron Embry, productor del disco y compañero en el escenario del desaparecido Elliott Smith, que la primera canción que oiría de Avigdor sería “What’s In It For”, el maravilloso single que contiene unas reminiscencias corales a The Beach Boys tan perfectas como un Brian Wilson sin papada? Es más: Avigdor conoció a su banda en el colegio Millikan High. Y entre ellos está Rebecca Coleman, su novia, con la voz que debería tener la chica ideal, a los teclados y piano. Ya tenemos la canción y la historia. Ahora falta subir la pieza a Youtube y esperar. Y esperaron. Y resultó que Sub Pop, a los pocos meses, se fijaron en ellos y los ficharon. Sí. Parece de ensueño.

El disco también lo parece. El golpe de aire fresco debería antojárseles como un puñetazo en la nuez a todos aquellos artistas maduritos que se creen mejores de lo que son. Estamos hablando del debut de un grupo de chavales con cuyas cuatro primeras canciones ya le pasan la mano por el hombro a The Shins (cuyos ecos en producción son omnipresentes). Los armónicos de guitarra en primer plano al inicio de “Truth Sets In” dejan paso a una mezcla de voces, las de Avigdor y Rebecca, que exudan tanta vitalidad como si estuviesen surfeando por la cresta de una ola californiana. Lo que querían hacer The Verve en “Urban Hymns”(1997), capas de coros a lo profesional, lo consiguen Avi Buffalo en el ya mencionado single “What’s In It For” con naturalidad pasmosa. Los célebres finales instrumentales progresivos de Wilco en la etapa “Sky Blue Sky” se palpan con más calidez y variedad de texturas asilvestradas en “Remember Last Time” y en partes de “Coaxed”, canción ésta que también firmaría gustosa una sonriente Christina Rosenvinge, y que incorpora aquellos toques folkie-progresivos que escuchábamos a finales de los sesenta. También presenciamos el encuentro virtual entre Joanna Newsom y Arcade Fire en la ocurrente “Summer Cum” (punteos en espiral incluidos), y si nos ponemos mainstream, podemos otear rastros de las guitarras de Dire Straits (aquí mejores, por supuesto) en el baladón “Jessica”, canción de amor más propia de unos Clem Snide que de unos chavales, repetimos, de instituto, y de aquellos que nada más verlos apostaríamos a que sus capacidades afectivas son las mismas que las de un ladrillo. Particularmente reseñable es la voz de pito de Avigdor, con la que juega como quiere y que a veces se parece a Neil Young (en la misma “Jessica”), y que deja envolverse en olas sonoras (en “Five Little Sluts”) o en una afectación de quejido existencial en la obra maestra de la tanda, “One Last”, donde Rebecca también brilla con luz propia y en la que demuestran un saber hacer a la altura de muy pocos. Y todavía hay más: el perfume retro de “Can’t I Know” casa perfectamente con Simon & Garfunkel en lo que ya parece, más que un guiño, una copia de ciertos aires musicales que en principio no están hechos para mentes tan jóvenes.

Cuesta encontrar grupos de chicos así, que parecen tan normales y correctos, como sacados de un anuncio, y ver que son capaces de facturar primeros discos de la talla de éste homónimo “Avi Buffalo”. Seguramente no se convertirán en el hype del año, ni tendrán la canción derritecorazones en el momento y en el lugar adecuado. Y también hay otros como ellos (léase sus hermanos mayores The Shins), así que no sufriremos una epifanía ni los pondremos en lo más alto. Pero tendrán que reconocer que uno, a sus tiernos diecinueve años, no pensaba en estas cosas ni las hubiera hecho tan bien.

Jordi Guinart

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