Audio, Video, Disco Audio, Video, Disco

Álbumes

Justice JusticeAudio, Video, Disco

7.3 / 10

ED BANGER / WARNER

Los que intenten encontrar en la actual maquinaria de Justice un combustible inofensivo con el medio ambiente se están equivocando de carrocería. Los que busquen una evolución benigna del tumor van errados. Estos tipos no están para sutilezas o discos de madurez. El tópico del “difícil segundo álbum” se lo fuman en dos caladas. Sólo faltaría que ahora se nos amariposaran. Justice es contaminación pura y dura, humo negro, chapapote, cocaína pegada en la nariz desde el jueves pasado, aliento de pasti, camiseta manchada de vodka con limón, calzoncillos amarillentos con lamparones de lefa.

“Audio, Video, Disco”, el esperadísimo retorno del dúo francés, no es el salto a la sofisticación por el que algunos incautos apostaban. Xavier de Rosnay y Gaspard Augé han optado por tomar el carril contrario, han extremado el personaje hasta límites casi insoportables de seborrea heavy y han conseguido despertar el Nikki Sixx que llevo dentro, un personaje sucio, satánico y adicto a todo tipo de sustancias que creía aletargado para siempre. El disco comienza, engañosamente, bajo las coordenadas de canallesca nocturna a la que el dúo nos tenía acostumbrados, con dos bombas de boogie, rock y electro funk marca de la casa –temazos “Horsepower” y “Civilization”–. Pero a partir de ahí, el retroceso a los 80 da un giro inesperado y va directo a los crepados mastodónticos, al maquillaje chungo, a las mallas negras con zapatillas de basket, a las baterías aparatosas y a la pirotecnia AOR. Pa’ chulo, chulo, mi pirulo.

Porque “Canon” es como meter a Van Halen y Daft Punk en una centrifugadora llena de farlopa. “On’n’on” podría ser la exhumación de Status Quo, vía Boys Noize: hortera a rabiar, y tanto, pero efectiva. “Brainvision” parece un remix funky de una balada de Iron Maiden con solo barroco de guitarra eléctrica incluido. En “Newlands” hacen lo imposible: mezclar la fórmula Justice –con esos bajos aplastantes y las bases de electro– con un homenaje en toda regla al legado de Mötley Crüe. Y aún así, en esta nueva tesitura al más puro estilo Whitesnake siglo XXI, los franceses son capaces de pegar duro con la aplastante descarga pistera de “Helix” –sintetizadores a todo trapo, base a lo “Billy Jean”, disco rabioso y subidón de traca– y terminar con una especie de electro sinfónico pegadizo, cheesy y martilleante: todo al mismo tiempo. A muchos, este disco les parecerá una estupidez, lo sé, pero lo único que puedo decir es que los Justice de ahora son cada vez menos Daft Punk y cada vez más Ozzy Osbourne, y eso merece un respeto: si hay que esnifar hormigas, se esnifan y punto, joder.

Óscar Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar