So I Ate Myself, Bite By Bite So I Ate Myself, Bite By Bite

Álbumes

Dreamend DreamendSo I Ate Myself, Bite By Bite

7.4 / 10

Dreamend So I Ate Myself, Bite By Bite

GRAVEFACE / MEMPHIS INDUSTRIES

El contraste entre forma y fondo es una noble tradición que ha proporcionado exponentes ilustres de toda calaña: desde el happy-sad(ismo) de Belle & Sebastian hasta la esquizofrenia fosforita que por estos pagos practica Guille Milkyway al frente de La Casa Azul.

Hay un ejemplo de manual que nos interesa especialmente en esta reseña: “John Wayne Gacy, Jr”, uno de los puntales del “Illinoise” (Spunk, 2005) de Sufjan Stevens. A primera escucha, cualquiera podría pensar que se trata de la canción de amor pluscuamperfecta, supurante de una melancolía casi líquida que baña sentimientos de elevación sosegada. Sin embargo, el tema habla sobre el caso real de Pogo, un tipo al que su comunidad de vecinos tenía por un tío majo que se vestía de payaso en las fiestas de sus hijos pero que resultó que tenía enterrados en su propiedad casi treinta cadáveres de niños y adolescentes.

Lo sórdido del fondo queda sublimado por lo bello de la forma. Y ese es precisamente el tablero de juego que despliegan Dreamend en “So I Ate Myself, Bite By Bite” (Graveface, 2010). Volvemos a visitar el lugar común de “a primer escucha”: el choque inicial contra “So I Ate Myself, Bite By Bite” hace pensar en la americana pastoral de subidones melancólicos de Mojave 3, en el hippismo luminoso de Cloud Cult, en las primeras tentativas de alegre pop campestre de Mull Historical Society y, claro está, en los banjos celestiales de Sufjan Stevens cuando al niño le da por vestir la máscara de porcelana multicolor con sonrisa petrificada y ojos felices. Una escucha pormenorizada de las letras del álbum, sin embargo, congela el subidón pop a base de contraste: aunque la superficie parezca pensada como contenedor de aguas celebrativas, resulta que Ryan Graveface (frontman de estos Dreamend que suman otro proyecto paralelo a la banda Black Moth Super Rainbow) opta por marcarse un álbum literario y conceptual que sigue en primera persona las andanzas de un asesino. Ya se ha hecho muchas veces antes, sí, y en ocasiones (como la mencionada “John Wayne Gacy, Jr”) rozando lo sublime. Pero eso no impide que “So I Ate Myself, Bite By Bite” destaque como dispositivo de una dualidad simple pero efectiva: disfrutable a nivel de partitura y de prosa como quien se zampa un sándwich en el que lo siniestro conjuga en sabor con lo brillante.

Esquizofrenia, que lo llaman por ahí. Sorprende también que, tras unos discos anteriores mayormente circunscritos en el rollo post-rock, en su último trabajo Dreamend opten por conservar las progresiones pero aplicadas a un punto de partida sonoro mucho más depurado y folkie. Sabia elección si lo que pretendía Graveface desde el principio es que la vida y obra de este asesino se desplegara con el suave frufrú de los amantes que extienden una manta en el campo para embarcarse en una tarde de picnic: si hubiera seguido enganchado a las brumas apocalípticas del post-rock, más que contraste aquí estaríamos ante pura reiteración. De hecho, el único momento en el que “So I Ate Myself, Bite By Bite” se permite dejar al descubierto el interior perturbado contenido en esta colorista camisa de fuerza es en el tema que divide el disco por la mitad: “A Though”, un momento de ofuscación emocional en el que la superficie se ve alterada por zumbidos insanos y la letra se encalla en la repetición en mantra de “I cannot stop in the middle”. La pretensión del arte, ya sea musical u homicida, implica un “hasta el final” con todas las consecuencias. Y Dreamend lo tienen claro, aunque esto sólo sean la primera cuchillada en un bonito cadáver que les puede llevar más lejos si perseveran en el arte de la canción como arma blanca.

Raül De Tena

Dreamend - Magnesium Light

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