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Álbumes

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7 / 10

snd  Atavism RASTER-NOTON

Lo que acababa resultando más atractivo de los dos primeros discos de snd –publicados antañazo por Mille Plateaux– era la tendencia a dejar traslucir un corazón raver entre tanta turra digital. Aquellos álbumes, canónicos en la era de los clicks’n’cuts, o el albor de la cultura digital en la música electrónica, eran una sopa de ruidos y de microsonidos tan espesa como un puré, pero de vez en cuando, y sin aviso previo, Mark Fell y Mat Steel rompían el exasperante desfile de crepitares e hipidos para construir un breve bombo techno, una quebradura electro o, incluso, un ritmo roto 2step tan de la época –esto fue en “Stdio”, publicado el 2000–. Lo que siempre ha podido desconcertar de snd es la falta de antecedentes: de otros artistas inmersos en la rama experimental de la música electrónica popular –piénsese en los responsables del sello Mego, o en las primeras referencias de Mille Plateaux firmadas por Cristian Vogel o Alec Empire– siempre se ha tenido constancia de un origen en el pus clubber, adolescentes airados, de farmacopea hasta el ojal e ínfulas de trascendencia, pero Fell y Steel parecían acudir al ritmo más por recurso útil que por background. Sus carreras posteriores –en especial de la Mark Fell en solitario, explorando tonos puros en el sello L_ne– parecen refrendar la apreciación.

Pero toda esa construcción se va al garete con “Atavism”, pues en cierto modo podría definirse como un álbum techno: snd siguen puliendo esos sonidos suyos, en los que apenas queda sombra o brillo, que suenan en un instante infinitesimal y desaparecen –o sea, sin eco, sin prolongación armónica, como envasados al vacío–, pero no ya como piedras en un mosaico digital puramente abstracto, sino como ladrillos en un muro con deseo de ser bailable. En su tramo inicial, “Atavism” es un ejercicio de ritmo, no de textura, y es la idea que le da cohesión al trabajo: es un software inteligente al que se le han introducido los patrones según los cuales se define el house de Chicago, el minimal de Berlín o el techno primitivo de Detroit, y la máquina combina secuencias, según una ecuación indescifrable para un diletante en matemáticas o informática, para erigir el esqueleto rítmico. Lo que lleva a dos observaciones cruciales: primero, el de snd es un genuino disco minimal en una época en la que el concepto ha quedado completamente desvirtuado y devaluado: como los maxis que publicó el sello M_nus de JPLS, en “Atavism” existe ese prurito del sonido escaso, las ideas fijas y la economía de audio; a veces le basta con un par de notas que repiquetean como una antigua máquina de escribir para cerrar un track. La segunda consideración: a pesar de su valiosa forma, una inflexión valiente en el sonido del dúo de Sheffield, tan al borde de la autoimitación una década después de su nacimiento, el fondo de “Atavism” no aporta nada nuevo a la escena. Es nuevo para snd, pero es redundante para el techno.

La decisión del sello Raster-Noton por publicar el álbum es razonable: snd formaban parte de la familia –bajo el alias Blir–, y en los últimos dos años, desde Byetone a Frank Brtschneider pasando por el propio Alva Noto, la mayoría de los nuevos lanzamientos del sello alemán ha buscado una vía de escape en el ritmo tras el agotamiento de la teoría de la electrónica especulativa, textural, pura y aislacionista. Es todo coherente, de una lógica implacable, valiente y valioso. El problema es que “Atavism”, del tirón, se convierte en un trabajo algo indigesto, que alterna instantes en los que se alza la ceja y se exclama ‘uhm’ con una mirada de interés, y otros en los que gana el tedio por lo previsible. Y es que todo esto, de una forma u otra, ya lo hemos ido digeriendo a lo largo de toda una década. Lo que aportan de diferente snd es el nivel de pureza, de concentración, ya raro de ver. Es minimal sin cortar. Aunque, ¿quién quiere hoy minimal sin cortar?

Javier Blánquez

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