At Echo Lake At Echo Lake

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Woods WoodsAt Echo Lake

8.1 / 10

Woods  At Echo Lake WOODSIST

Es muy probable que estemos ante uno de los discos del año. Un rudo, musculoso, greñudo y fabuloso álbum de añejo folk lo-fi. La aventura old fashioned de Jeremy Earl y Christian Deroeck (los tipos que se cansaron de seguirle el juego a Jarvis Tavierne, cabeza visible de Meneguar, pequeño y poco remarcable hype del indie made in Brooklyn allá por 2004, un cruce entre Superchunk y Archers Of Loaf) ha coronado definitivamente con este redondo “At Echo Lake” su primer ocho mil. Épica folk con ruido de fondo (de todos es sabido que Jeremy es adicto a las cassettes, fan hasta la médula de todo lo que suene a riff de otra época: el arranque, “Blood Dries Darker”, no podía ser más setentas, por poner un brillante y progresivo ejemplo) que lo mismo avanza a martillazos ( “Pick Up”) que cuela calculados desafines en destartalados muros de sonido eléctrico ( “Time Fading Lines”) o se zambulle en delirios instrumentales más propios de Big Brother & The Holding Company que de una banda del siglo XXI ( “From the Horn”). Pero será mejor que empecemos por el principio. ¿De dónde demonios han salido estos tíos?

Baste decir que el cantante, Jeremy, está obsesionado con sus ojos. Y los de todos los demás. Está obsesionado con el concepto del ojo en sí mismo. Y está convencido de que si miras lo suficiente al cielo verás aparecer un ojo gigante que cuelga de, ¿dónde? ¿Una nube, tal vez? Sí, Jeremy es el responsable de la portada del álbum (echadle un vistazo y veréis el citado ojo) y, como capo de Woodsist, la discográfica que edita a la banda, también lo es de las portadas de otros álbumes. Hasta el punto de que ya ha editado incluso un libro que reúne sus dibujos (espadas que atraviesan corazones, maleza y ojos, por todas partes, ojos). Pero es que Jeremy no es un tipo corriente. Como asegura G. Lucas Crane, otro miembro de la banda, Jeremy es capaz de levantarse a las cinco de la mañana con el único fin de grabar una canción. En casa, por supuesto. Porque digamos que si a algo suena Woods es a bedroom tape tocada por la barita mágica de Graham Nash (al respecto, versionaron su “Military Madness” en su anterior trabajo, el también mayúsculo “Songs Of Shame”, muy en la línea de The Microphones). Primero se graba, luego se mezcla, se saturan los micros, se añade el canto de un pájaro (Lucas es el encargado de perseguirlos, grabadora de cassette en mano), se estiran y se deforman los riffs sin fin aparente, en definitiva, se emborrona todo un poco, y se sirve. Versión LP, CD y, por supuesto, cassette.

Con un cassette precisamente arrancó su carrera, tras el desarme de los citados Meneguar, allá por 2007, con “At Rear House”, un álbum folk desnudo de tímidos jugueteos con el collagesonoro (tan tímidos que resultaban imperceptibles). Sonido que afianzaron en su segundo asalto, “How To Survive/In The Woods”, obra maestra de la banda hasta la fecha, un tratado songwriter de hondo calado que todavía permanece en la memoria de todos aquellos que adoramos el suelo que pisan tipos como Will Oldham o M. Ward. El paso definitivo al sonido que en “At Echo Lake” alcanza su punto más alto, lo dieron con el tercer álbum, “Songs of Shame”, el necesario peaje (titubeos y primeras buenas intenciones) para que temas tan redondos como “Death Rattles”(sin duda, el clásico instantáneo del álbum que nos ocupa, por su disfraz de nana de otra época) fueran posibles. Imaginen a los tipos de The Lovin' Spoonful habiendo escuchado más de la cuenta a Eels y metiendo a Neil Young en un armario y obligándole a escuchar el “I Break Chairs” de Damien Jurado una y otra vez. A eso suenan Woods. Así que de buen seguro que si existieran los viajes en el tiempo y pudieran plantarse en el mítico Monterrey del 68, dejarían sin público a la mismísima Janis Joplin. Y todos recordarían a Jimi Hendrix como el tipo que incendió su guitarra el día que tocaron los de Jeremy Earl. No, en serio, “At Echo Lake” es un disco adictivo, pero es mucho más que eso, es un disco con el que es fácil llegar a la conclusión de que lo viejo, triturado y servido al gusto, mola. Y mucho.

Laura Fernández

Woods - Death Rattles Woods- Pick Up

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