Asper Clouds Asper Clouds

Álbumes

Christopher Rau Christopher RauAsper Clouds

7.8 / 10

Christopher Rau Asper Clouds SMALLVILLE

El sello de Hamburgo Smallville –que yo sepa, nada que ver con Kal-El– quiere dejar huella en el house sentimental y ha confiado en un jugador de la casa para sacar brillo a las vitrinas de su sala de trofeos. Christopher Rau se ha curtido como DJ en la escena hamburguesa –que yo sepa, nada que ver con Burger King–, ha dejado rastros de su talento en varios 12” y ha ejecutado un bautismo de fuego, mejor dicho, de hielo, merced a un disco patricio –que yo sepa, nada que ver con Bob Esponja–. Dos palabras: deep house. Un sentimiento: nostalgia. Hay que escuchar “Asper Clouds” con auriculares, la producción está cargada de ecos, de bajos profundos, de pulsiones acuosas que rebotan en la espuma de los cascos y te devoran el tímpano como hormigas sobre el cadáver de una langosta. “Asper Clouds” es una inmersión sin bombonas en las profundidades oceánicas del house más groovístico y espiritual. Los graves de “A Line” deberían despejar cualquier duda que pueda tener el oyente más receloso: se nota que Rau domina el ambiance, que sabe fabricar estados de ánimo, que maneja como nadie los predicados del deep más deep de todos los deep, que es un maestro cuando se trata de jugar con frecuencias bajas y latidos con alma.

Alma es precisamente lo que tiene “Always The Same”, una lección de cirugía plástica ultrarrefinada sobre el gastado rictus del house de Chicago: Rau aplica pequeñas inserciones de minimal, moldea los ángulos hasta convertirlos en perfectas líneas curvas, aumenta el volumen de los labios hasta darles un contorno sensual a base de claps adormecidos, bombos cavernosos y un wall of sound de sintetizadores crepusculares que te pone los pelos como la esencia de la escarpia. No se esconde tampoco del evidente influjo de la factoría Detroit. Si algo busca el alemán en sus desarrollos de house lacrimógeno es tocar fibra y construir, partiendo de la frialdad tecnológica, un monstruo de Frankenstein con alma y espíritu. Lo consigue. “Asper Clouds” tiene pulso, vive, siente y llora; es electrónica emocional en su máxima expresión para la pista de baile. Los bpms apunta al dancefloor y, combinados con la nostalgia y la piel de gallina, ofrecen al oyente una experiencia hipnótica a medio camino entre el dinamismo y la indolencia. Un ejemplo, “Capri”: huele a Detroit desde que comienza hasta que termina, honra la Biblia de Chicago, sabe a techno minimalizado, golpea el esternón y hace que tus pies hagan claqué. Otro ejemplo, “Do Little”: pura introspección bailable rayana en el pop ambiental; una sinfonía neblinosa de sintetizadores invernales y sonidos en sepia. Artesanía electrónica para los adentros del clubber.

No hay variaciones ni eclecticismo impostado, “Asper Clouds” sigue una línea muy clara de melosidad y melancolía house, y hace bien en no salirse de esta carretera hacia la soledad. No necesita demostrar nada fuera de esos límites. El loop de guitarra de “Ne Travaillez Jamais” –el hit que le dio a conocer hace un año– es sobrecogedor (no os perdáis tampoco la escala de piano alienígena) y hace que el bombo y el platillo se muevan como vapor caliente de eucalipto en la nariz de un constipado. Hay misterio también, hay pasajes marcados por la inquietud y la ley marciana, como el jazz-house detectivesco de “The Cool World” o el despiporre Detroit con poso 90s de “Ping To You”, posiblemente uno de los mejores cortes del disco. “Asper Clouds” es, en definitiva, el otoño incrustado en un chip, el cielo nocturno a punto de desplomarse sobre el edredón de tu cama. Abrígate y no apagues la luz.

Óscar Broc

Christopher Rau - The Cool World

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