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Iron & Wine Iron & WineAround the Well

8 / 10

Iron & Wine Around the Well SUB POP / POPSTOCK!

Con su hirsuta barba de huraño trotamundos, Sam Beam (la camisa de leñador que hay tras Iron & Wine) se ha ganado a pulso (y a base de cintas caseras de ronroneo acústico sin tacha) ese aire de clásico que su primo lejano Will Oldham (aka Bonnie ‘Prince’ Billy) ha construido a disco por año, o medio año o cada dos meses. A saber, lo sorprendente de Beam no es que publique esta imprescindible (sobre todo para adictos al gótico sureño y la autocomplacencia con barba de tres días) colección de rarezas, caras b y emocionantes covers ( Postal Service, sí, pero también Stereolab, New Order y Flaming Lips), no. Lo sorprendente de Beam es que con tan sólo tres discos ya disponga de un sillón a su nombre entre los clásicos (ha sido visto entre Nick Drake y Neil Young y, bajando a la Tierra, Elliot Smith y Lou Barlow, aunque a veces suene a Damien Rice). ¿El secreto? Su facilidad para componer odas a chicos tristes que empuñan guitarras o, lo que se entiende por bedroom style, algo de lo que el presente álbum, 23 depresivos aunque maravillosos cortes que fueron descartes, primeras versiones, simples versiones y expresas caras b, es el mejor de los ejemplos y un buen ejemplo a la vez de las virtudes de este tipo de rescates frente al típico disco de directo.

Beam, acostumbrado a despachar EP’s con contenidos semejantes al de este doble álbum (desde el bíblico Woman King hasta el far west In the Reins con Calexico), rescata para la ocasión desde sus primeras cintas caseras pre The Creek Drank the Cradle (deliciosamente deshecho suena en “Dearest Forsaken” y “Hickory”, puro Damien Jurado) hasta los últimos desvíos experimentales (que no cunda el pánico, lo máximo que se ha alejado Beam de la cabaña polvorienta ya está escrito: The Shepherd’s Dog). Así, se oye el chirriar de la silla en la que está sentado Beam y el crepitar de la cinta al apretar el stop y casi puede verse el cuaderno sobre las rodillas de Beam recomponiendo los pedazos de la inmejorable “Waitin’ for a Superman”, de Flaming Lips o los de la primero versión demo luego canción de anuncio “Such Great Heights” de Postal Service (encargada de cerrar el primero de los discos). La casi versión playera (sin salir de la cuneta lo-fi) de “Love Vigilantes” de New Order vertebra la segunda parte de un álbum que, si fuera una película, tendría los títulos de crédito más cortos de la historia, porque todo lo firman Beam y su guitarra. Por cierto, hablando de películas, para los cazadores de canciones y anécdotas, el disco también incluye los descartes de la banda sonora de “In Good Company” (aquí titulada “Algo más que un jefe”, con Dennis Quaid y Scarlett Johansson). ¿Mero inventario del chico de la barba rebelde o disco punto y aparte? Puede que sólo esté ganando tiempo. En cualquier caso, habrá que esperar a que vuelva a mover ficha.

Laura Fernández

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