Ark Ark

Álbumes

Halls HallsArk

7.8 / 10

Halls es una idea musical que parece estar pensada y orquestada específicamente para un tipo de público muy concreto, ese que suspira y se estremece con la misma intensidad con los discos de neoclásica, de post-dubstep y de ambient-pop. Su artífice, el jovencísimo Sam Howard, con tan solo 21 años y unas inmensas posibilidades artísticas de futuro, es ‘uno de los nuestros’: en su hoja de ruta musical figura, como primer objetivo, la traducción en canciones de un estado de ánimo, el de los viajes de vuelta a casa después de un día convulso, esos trayectos interminables en los que la melancolía suplanta al cansancio físico y cualquier pequeño contratiempo vivido durante la jornada –discusiones, presión, malentendidos en whatsapp– cobra dimensiones e importancia capital. “Ark”, precioso debut largo de este cantante y productor británico, apela a la desolación urbana, concepto abstracto que se han encargado de definir por sí mismos artistas como Burial a lo largo de estos años, y lo hace con un reconfortante abanico de influencias y con una propuesta formal que conviene resaltar.

Para resumir y encuadrar el discurso de Halls basta con echar mano de “White Chalk”, el primer single de “Ark”: arranca con un piano solitario y la voz, que invoca sin rubor la esencia de Thom Yorke, incluso en el falsete, pero poco después entra en acción el beat, en lo que es una alusión clara a James Blake, y unos coros sacros que enlazan con Arvo Pärt y la neoclásica. Y todo acaba unido en un final climático al que es complicado resistirse. Esta canción es el momento más importante de todo el álbum, sobre todo porque sienta las bases de su propuesta con un grado de perfeccionamiento expresivo y emocional que no se vuelve a repetir en todo el disco, pero no porque Howard ande escaso de inspiración sino más bien porque prefiere disgregar sus influencias de otra forma. Burial, James Blake, Radiohead, Mark Hollis, Max Richter o Fennesz, la Santísima Trinidad para reconocer por dónde anda y se mueve este debut, aparecen y se manifiestan, pero a diferencia de “White Chalk”, donde viven juntos y revueltos, en el resto del recorrido lo hacen por separado, como si cada canción ocupara una franja muy concreta de ese registro.

“Shadow Of The Colossus”, memorable homenaje a uno de los videojuegos más emotivos y fascinantes de la historia, por ejemplo, se basa en la trayectoria en solitario de Thom Yorke, de la misma forma que “Funeral” toma prestadas muchas licencias de “Untrue” o “Roses For The Dead” explicita el peso específico de James Blake en la constitución estética de este proyecto. Y quizás este pueda ser el único punto de conflicto que genere “Ark”, la sensación de que es una suma de ideas e influencias dispuestas de manera ordenada y pautada pero no un discurso cuajado y perfectamente ensamblado en el que todas ellas se retroalimentan. Pero incluso así esta puesta de largo contiene razones y argumentos para dar de comer aparte y vigilar de cerca a Howard, mejor productor y compositor que vocalista, mejor orquestador de sensaciones y emociones que escritor de canciones, y una de las claras apuestas de futuro del pop electrónico europeo.

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