Ariel Pink pom pom Ariel Pink pom pom

Álbumes

Ariel Pink – pom pom

7.8 / 10

Como si un alienígena bajara a la tierra -o subiera a la superficie desde su cuartel en el núcleo líquido del planeta azul- y decidiera ponerse a hacer pop y rock con un punto de comedia fijándose en nuestra herencia cultural más camp, mezclando sin solución de continuidad todos los estilos que han germinado a lo largo de varias décadas al calor de esas etiquetas, por muy dispares que parezcan. Ese es Ariel Pink, un perro verde de melena lacia y colorida, con fama de weirdo y con una facilidad extrema para crear billones de canciones en tiempo record.

Ariel Marcus Rosenberg es un artista principesco y perverso, que puede ser dulce, entrañable, y a la vez contagiarte ese sentimiento de marginalidad, de alienación social, que tan bien conoce. Si no nos fallan las cuentas, pom pom es el primer álbum de circulación normalizada que publica como Ariel Pink, sin mencionar a su banda los Haunted Graffiti. Pero no creáis por ello que estamos ante un trabajo gestado en solitario; al contrario, cuenta con más colaboraciones que nunca. A parte de sus músicos habituales, en pom pom participa gente como Jason Pierce de Spiritualized y el mítico 'frankenstein del punk', Kim Fowley, quien desde su cama en el hospital donde se recupera de un cáncer le ha mandado ideas para las canciones Jell-O y Plastic Raincoats In The Pig Parade.

Este doble álbum, que sigue en la línea de Before Today  (2010) y Mature Themes (2012) en lo que a calidad sonora se refiere, contiene un total de 17 canciones que llevan el reloj más allá de los 69 minutos. Y una de las primeras cosas positivas que se pueden decir de él es que para nada se hace monótono o tedioso. El californiano nos invita otra vez a su particular parque de atracciones emocional, donde hay romance, asesinatos, sapos, princesas, strippers (en su sencillo Black Ballerina) y playas nudistas por doquier (Nude Beach a Go-Go). Incluso se atreve a ponerse político y criticar la cobardía de la sociedad americana en Not Enough Violence.

Con Pink nunca sabes dónde termina el humor y empieza el lamento, dónde está el misógino y donde el bromista. Aún así, nos brinda momentos de gran lucidez creativa. En ese sentido, pom pom en un disco cargado de luces y sombras, una descalabrada montaña rusa de sintetizadores, guitarras y melodías salidas del imaginario televisivo que, eso sí, podría haber quedado bastante más redondo si se hubiera ahorrado un par o dos de canciones que sólo aportan exceso kitsch y confusión al conjunto.

Sin duda inspirado por la magia de Kim Fowley, los coros y arreglos de fantasía de Plastic Raincoats In the Pig Parade son uno de los momentos más brillantes. En Jell-O desata su pasión por los jingles publicitarios y parece emular al también estrambótico Dan Deacon. Entre el folklore ruso y el árabe se sitúa Dinosaur Carebears. Los ochenteros Depeche Mode también aparecen en la oscurísima Not Enough Violence y luego, de golpe, te pega en la cara con el divertimento Sexual Athletics, que con sus voces femeninas ayuda a rebajar la tensión del disco. ¿Nuestra favorita? White Freckles, que parece una sintonía para dibujos animados, pero ándate con cuidado: no sabrás que puede esperar a cada giro. No con Ariel Pink y su mundo hechizado por los fantasmas de toda la música popular de las últimas seis décadas.

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