Are You My Mother? Are You My Mother?

Álbumes

Kathryn Calder Kathryn CalderAre You My Mother?

7.4 / 10

Kathryn Calder Are You My Mother? FILE UNDER: MUSIC

En el ya muy lejano 1960, si un niño quería dárselas de listo y coger un libro y leérselo de cabo a rabo él solito (y probablemente escampar después la noticia a los cuatro vientos), podía pedirles a sus padres que comprasen el recién publicado “Are You My Mother?”. La historia es sencilla: un huevo se rompe, y el pajarillo que había dentro se encuentra solo en el nido. Su madre se ha marchado a hacer la compra. Y su hijo recién nacido que se pregunta dónde está su madre, ni corto ni perezoso, sale volando (es así de precoz) a buscarla. Y por el camino va preguntando a toda clase de animales, e incluso máquinas excavadoras, si alguno de ellos es su mamá. Pues bien, este dramón resulta que también es el título del debut en solitario de la voz de The New Pornographers, Kathryn Calder, quien, según parece, interrumpió la grabación/composición del mismo debido a la muerte de su madre. Así que es posible que algo de la tristeza que debió inundar el canadiense corazón de nuestra artista se traduzca en un ramillete de composiciones tristonas y quejumbrosas. ¿Hubiera sido una buena apuesta? Pues es posible que un servidor le hubiera encasillado dentro del género musical apodado “barbudismo” obviado las raíces power pop de su megabanda pornógrafa. Sin embargo, y afortunadamente, Calder se aplicó a sí misma un recital psicológico sobre cómo afrontar pérdidas dolorosas y otras complicaciones cardíacas mediante un masaje de energía positiva (in situ, es decir, mientras componía y cuidaba a la vez de su madre enferma) que percibiremos atado a los temas como cuando nos anudamos unas zapatillas y sentimos el forro sintético abrazar nuestros empeines. Produce Colin Stewart (conocido de Calder desde su primer grupo, Immaculate Machine, y que ha colaborado con pinceladas en labores de segundo de a bordo en discos de Frog Eyes o Swan Lake, por ejemplo). Y tenemos invitados dignos de mención tales como Kurth Dahle, Todd Fancey y Neko Case (compañeros de The New Pornographers) y algunos de los miembros de Frog Eyes y Ladyhawk.

No solamente Calder y Case se parecen al arquetipo de mujer que muchos imaginamos como canadiense o, genéricamente, del norte (pecosas, de piel clara, pelirrojas y adictas a las horquillas), sino que musicalmente ambas se dan la mano –y decir que Neko Case factura un country alternativo la mar de respetable no es lo mismo que decir que Calder, en su debut, se pone a su (consolidada) altura–. Quizás Calder se sienta más como en casa con retazos de dream pop y similares (como ocurre con el piano a lo Edison Woods y las palmas y los estribillos tarareados de la estupenda “Slip Away”, o los susurros de alcoba y vistas de órganos flotantes por la ventana de “Low”), aunque cuando se pone falda y zapatos de charol baila mejor que una colegiala (en la muy She & Him “Castor And Pollux”). Hablando de alegría (o del espíritu o el carácter de su madre, puesto que Calder intentó rendirle homenaje con canciones joviales antes que con notas de sauce llorón), “If You Only Knew” parece una traslación sonora de la típica canción para cantar, acompañada por palmadas, durante excursiones de instituto (imaginemos un instituto pijillo con alumnos hippies, por eso). Es envidiable la capacidad de Calder para hacernos sentir tan bien teniendo en cuenta el trasfondo creativo del álbum. Únicamente nos dejará transparencias emocionales en la agridulce “Arrow” (con el omnipresente piano detrás, por supuesto).

Lástima que algunos temas reduzcan una o dos marchas (la cara B de “Low” que es “Follow Me Into The Hills”, el machaque de “A Day Long Past It’s Prime” que no le pega nada y la fotocopia sin tinta negra de Nina Nastasia que es “So Easily”). Pero hay que tener en cuenta que muy pocos debuts son perfectos y que muchos subsiguientes álbumes tienen más relleno que un brazo de gitano. Un último guiño al dream pop, “All It Is”, es la guinda final que Kathryn Calder tiene que interpretar como una señal en el camino, una dirección a seguir, para evitar, no ya digo que no la encasillen en uno u otro género o la asocien a un sentimentalismo tristón y barbudo (o alt-country a secas), sino precisamente para que la encasillen como a otra artista más que tenía un gran grupo y que en solitario creció hasta hacerle sombra. Jordi Guinart

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