We Are Proud Of Our Choices We Are Proud Of Our Choices

Álbumes

Ewan Pearson Ewan PearsonWe Are Proud Of Our Choices

9.1 / 10

Ewan Pearson  We Are Proud Of Our Choices

KOMPAKT

Siempre que Ewan Pearson ha elegido, ha elegido bien. Se fue de la fría Inglaterra a la aún más fría Berlín, y aunque las temperaturas bajo cero le entumezcan los miembros en invierno, la capital alemana le ha dado un espacio virgen y más comprensivo con su estética a partir del cual expandirse como creador electrónico –él va más allá del DJ, y más allá del productor– e incluso como periodista, escribiendo columnas para la revista Groove. Cuando le ofrecieron entrar en el campo de la asesoría de grupos y artistas y dirigir el camino de sus obras, entró en contacto con Tracey Thorn –y le hizo un disco hermoso, “Out Of The Woods”– y ahora ha conseguido que Delphic, revelación indie-dance de la temporada, sean algo más que un capricho de la prensa de tendencias. Raramente se equivoca Ewan, y como el título de este mix-CD, él siempre está orgulloso de sus elecciones. Otras: formar equipo con Al Usher en el proyecto Partial Arts (y remezclar a Feist cuando nadie la conocía), fichar por Kompakt (y ese “Trauermusik” por los siglos), fundar el sello Misericord… Y por último: los discos de su maleta, siempre elegidos con acierto, sin que falte ni sobre nada para erigir, ladrillo a ladrillo de vinilo, una queda y perfecta sinfonía tech-house.

“We Are Proud Of Our Choices” no es ni mejor ni peor que otros manuales de elegancia, criterio y preciosismo a los platos grabados antes por Pearson – Hi.Fi.Sci.Fi 01” (Soma, 2005), “Fabric 35” (Fabric, 2007)–. Admitir que una regularidad así pueda existir no es fácil, pero es la cruda verdad: el hombre de las canas, el incansable lector de Thomas Pynchon, no falla. El único secreto que se guarda para sí es el mecanismo según el cual consigue desenterrar la música exacta para fabricar, giro a giro del tocadiscos, estas ilusiones suyas de felicidad suprema. Quizá sea instinto –Ewan huele la mejor mierda como un perro de la policía en aduanas, y la detecta ipso facto–, o pura suerte –la música, sencillamente, le llega y él la pincha, sin atender a mucho más–, o, lo más razonable, escarba como un topo entre las pilas de novedades que le llegan, a su casa y a la tienda de confianza en la que compre, y al cabo de horas de incansable trabajo consigue extraer el diamante del carbón –como hizo Superman ante la atónita mirada de Richard Pryor–. A pesar de las connotaciones negativas que tiene la palabra, Ewan purga como un Stalin de las cubetas, deshecha la basura y al cabo del día se queda con un disco, dos o diez, dependiendo de la cosecha, merecedores de la caricia de sus yemas. Y luego pincha, luego flotamos.

En su primera sesión para Kompakt, dentro de esta serie-no-serie oficiosa que inauguró el seminal “Immer” (2002) de Michael Mayer y que se centra en la parte más elástica, suave, pop o atmosférica del techno y el house de raíz afrogermánica –la invisible conexión Berlín-Detroit-Jamaica-Chicago–, y por la que antes han pasado DJ Koze o Tobias Thomas, Ewan Pearson hace lo que mejor se le da: ir enganchando los temas con mezclas sencillas y selección impecable. Para él no existen géneros, sólo tempos, y mantiene el mix en una oscilación constante entre los 110 y los 128 bpms (bpm arriba, bpm abajo) por la que van discurriendo, sin estorbarse, ambient neblinoso de comienzo a lo Lawrence –esto es exactamente “Bliss Out (Gold Panda Remix)” de Lemonade–, emo-house de campanillas que mojaría los bajos de Ada y James Holden – “Birds On Tree”, de A Ldric–, sonido Berghain a bajas revoluciones – “Uno”, de Rmnvn–, breakbeat espacial – “Cirrus”, de Lusine–, y así podríamos seguir hasta el último de los 18 temas. No tendría sentido, sería sólo una enumeración notarial. Pero sí que hay que hacer constar cómo Ewan abraza el sonido retro del acid y Detroit – “Open Your Eyes”, de Yukihiro Fukutomi, y “Full Flight”, de Neville Watson–, el falso progressive de raíz inglesa –fijo que a Sasha le gusta el “Faderpushing Sunday” de DXR, y más si aparece mezclado con las cuerdas sintéticas del “Margaret” de Yosa–, y un electro más cósmico que robótico que domina parte del tramo final del mix, con Gregor Treshner, Chris Fortier y el remix de nuestro replicante John Talabot para Al Usher ( “Silver Hum”). El final es propiamente cósmico, con el remix que World Of Apples –por fin se decidió Ewan a rescatar su alias ambient– hace de Little Dragon y con el ochentismo de “Blue Steel” (Bot’ox). Última reflexión, todavía sobrecogido: ésta es una sesión que sólo puede venir de las manos de un maestro y de un hombre de gran corazón (se mueven los tobillos, claro, pero más aún los sentimientos), es una sesión envolvente y punzante, deep y extracorporal, de alguien que ama la música, que se preocupa por cribarla y por transmitirla. Es una sesión que confirma lo sabido: que Ewan es (redoble de tambores) dios.

Javier Blánquez

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