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Álbumes

Foxygen FoxygenWe Are The 21st Century Ambassadors Of Peace & Magic

8.5 / 10

1967. So let me introduce to you the one and only Billy Shears.

Ya saben la historia: el verano de 1967 fue el verano del amor y San Francisco, su capital. En junio de ese año, los Beatles asaltaban la psicodelia a punta de bigote con el lanzamiento de “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band” e interpretaban por primera vez “All You Need Is Love”, el Himno del Amor, vía satélite para 400 millones de personas en todo el mundo. Para finales de 1967, The Rolling Stones tenían lista una respuesta: su álbum “Their Satanic Majesties Request” sería su equivalente al “Sgt. Pepper” y el tema “Sing This All Together”, su propio “All You Need Is Love”. Una pena que para entonces fuera navidad. La grabación fue interrumpida en varias ocasiones (empezó en febrero y terminó en octubre), entre otras razones, por el juicio a Jagger y Richards por delitos de posesión y consumo de drogas después de que la poli hiciese una redada en una fiesta en casa de éste. El resultado fue un disco desordenado e imaginativo, subestimado y oportunista, en parte mal entendido (¿es irónico con el movimiento hippie? ¿O es que es demasiado oscuro para ser hippie?), y con una portada que quiso simular el efecto alucinado del 3-D y que ha envejecido mucho peor que la mayoría de esa época. “No puedo recordar nada de aquellas sesiones. Está todo en blanco. Éramos bastante parecidos a como se nos ve en la portada. En realidad la única cosa que recuerdo de la grabación de ‘Their Satanic Majesties Request’ es esa portada”, decía Richards en una entrevista en 2003. Fue el disco en el que los Stones se autoproducían por primera y última vez. Nunca volvieron a acercarse a la psicodelia. Y “Their Satanic Majesties Request” quedó como una rareza, un intento frustrado, casi a la espera de que alguien lo retomara. Una escucha rápida: “In Another Land” parece compuesta por Syd Barrett (en realidad lo hizo el bajista Bill Wyman mientras el resto seguramente vagaban por ahí ciegos como topos), y si bien la pieza central de ocho minutos es agotadora e inútil en tramos, se incluyen otras experimentaciones satisfactorias como “Gomper”. Y al menos tres hits claros: “Citadel”, “She’s A Rainbow” y la maravillosa y muy sci-fi “2000 Light Years From Home”, con Brian Jones disparando efectos con un sintetizador. Es más: para muchos, esta fue la última victoria de Jones, con fama de ser el más “experimentador” del grupo y que se había traído de Marruecos algunas ideas para álbum. Si la influencia de “Sgt. Pepper” hoy es indiscutible, y más en medio del actual revival psicodélico, “Their Satanic Majesties Request” podría haber tenido una incubación más lenta a la hora de contagiar e inspirar a otros artistas.

1996. As Cool As Kim Deal.

Los 90 también tuvieron su revival psicodélico. En San Francisco, el ingobernable y multiinstrumentista Anton Newcombe decide montar un grupo y llamarlo The Brian Jonestown Massacre, juego de palabras con dos referencias claras de la mística americana: 1) un icono maldito de la cultura pop: Brian Jones, guitarrista de los Rolling Stones hasta 1969 y hallado muerto en su piscina con 27 años para gloria de la conspiranoia stoniana; y 2) el suicidio colectivo de más de 900 personas miembros de la secta Templo del Pueblo, en la selva de Guyana, a finales de los 70. En 1996, la banda da rienda suelta a su pasión por los Rolling Stones de la época de “Their Satanic Majesties Request” y lanza tres discos ese mismo año: “Take It From The Man!”, “Thank God for Mental Illness” (que según Newcombe, le costó 17 dólares) y, claro, “Their Satanic Majesties’ Second Request”. Como si hubiera decidido retomar el original donde los Stones lo dejaron y llevarlo más allá, apuesta por el exceso y rebosa exotismo por todos lados. Newcombe en realidad debería haber vivido a finales de los 60, visto los grupos que cita como inspiración, y que no sólo tienen que ver con la psicodelia clásica del eje USA/UK, también otras psicodelias periféricas como el tropicalismo (via Os Mutantes) o más recientes, como el shoegaze (vía My Bloody Valentine). El documental “Dig!” (Ondi Timoner, 2004) recoge sus infernales directos, las consecuencias de no controlar el uso de drogas a la hora de encerrarse a grabar un disco, el egocentrismo de Newcombe y esos arrebatos que le llevaban a echar y admitir miembros como quien cambia de vasos y, ay, sus reiterados intentos por boicotear cualquier cosa que tuviera que ver el Monstruo de La Industria Musical. La película recorre siete años de relación del grupo con The Dandy Warhols, que muestran dos caras de una moneda: The Dandy Warhols se quedaron con el circo y el negocio; a Brian Jonestown Massacre les tocó la otra cara, les tocó mantener el espíritu autodestructivo y fatalista del rock’n’roll, con Newcombe como mártir. Zia McCabe, de Dandy Warhols, los define “como si fueran The Velvet Underground de los 90”. Con una formación por la que han pasado cerca de 40 colaboradores, puede que no tanto su influencia, pero los lazos creados por el grupo son largos y llegan hasta otros grandes revisitadores del old school, como Black Rebel Motorcycle Club o Beachwoods Sparks. Por cierto, que Miranda Lee Richards, otra ex Brian Jonestown Massacre, grabó en su día una versión del momento psicodélico más inspirado de los Stones: la maravillosa “Dandelion”.

2013: Move like Jagger.

En 2005, Jonathan Rado y Sam France, dos estudiantes de instituto de Los Ángeles que rondan los 15 años, se quedan embobados con The Brian Jonestown Massacre tras ver juntos el documental “Dig!”. Así que deciden formar Foxygen. Ambos son el equivalente musical a esos críticos de cine que han crecido en la era de internet a solo un click de toda la historia y tradición musical de varias generaciones, así que manejan con soltura el quién es quién y el know-how musical de finales de los 60 y los 70. Saben cómo debe sonar cada cosa. Y lo más importante: cómo deberían sonar juntos el rock stoniano y el rock velvetiano, el pop con coros y el pop psicodélico, el folk dylaniano y el garage, el glam y el proto-punk de los Stooges. Y así es como parecen componer sus canciones: uniendo fragmentos de temas cantados por Lou Reed, Bowie y Jagger, grabados en la época y, oh, hallados de pronto. Algo hay en Foxygen de aquello que sentías cuando un amigo te pasaba una cinta con clásicos y descubrías asombrado la sensación de que todo eso ya lo habías escuchado antes. Esa atmósfera en particular, ese espejismo reconocible y agradable. En los últimos años, a pesar de que cada uno vive en costas diferentes de Estados Unidos, han grabado varios singles y un primer álbum, “Take the Kids Off Broadway” (Jagjaguwar, 2012) considerado ya una joya del pop de dormitorio, que desprende toda la magia y el desorden del “Their Satanic Majesties Request”. Ahora nos llega “We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic” (Jagjaguwar, 2013) y, de nuevo, toca sorprenderse ante nuestra propia sorpresa: es difícil acreditar que estos dos músicos de 22 años puedan insuflar tanta vida a un material que parece salir cansado de fábrica. Este es un disco disfrutable. Y estás jodido si no eres capaz de encontrar ganchos en lo que es una ópera pop en baja fidelidad marcada por tres momentos: el arranque, para encender las luces y llamar a la orquesta ( “In The Darkness”), una calidísima parte central con el single “Shuggie” y la explosión final con “Oh No 2”, donde France parece Tim Curry cantando “I’m going home”. Lo que crece entre ellas es un precioso y cuidado jardín de interior que ejerce de decorado: uno no puede más que pararse a contemplar la belleza y la armonía en que se suceden “No Destruction”, “On Blue Mountain” y “San Francisco” (y su estribillo para la posteridad: “I left my love in San Francisco / That's okay, I was bored anyway / I left my love in the room / That's okay, I was born in L.A.”), sin dejar de apreciar como siguen experimentado con sus raíces ( “Bowling Trophies”) y alimentando su amor a Jagger y la Velvet ( “Oh Yeah”), pero también a otros como Suicide o The Sonics ( “We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic”). Podríamos citar aquí ahora a Ariel Pink. Incluso a Royal Trux, otros que juraron amor eterno a los Stones. Y por ahí iríamos bien: es de amor de lo que llevamos hablando desde el principio.

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