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Arca - Xen

8.4 / 10

El año pasado se coló en la producción de un total de cinco cortes del Yeezus de Kanye West, y en la presente temporada ha sido una pieza fundamental para concebir la arquitectura de LP1, el álbum de debut de FKA Twigs -a la que ya ayudó, también en 2013, en la totalidad de su segundo EP-. La presencia de Arca en dos de los discos que mejor expresan el diálogo entre el pop de intención masiva y la vanguardia electrónica menos caprichosa han acabado por investir al venezolano Alejandro Ghersi de un aura de artista definitorio del momento, de francotirador de la experimentación. Su manera de entender el sonido está en las antípodas de lo comercial, de lo genérico, de lo que funciona: lo que hace es, por el contrario, una especie de magma inestable de pulsaciones y resplandores, de esbozos melódicos y difuminado de texturas. Para algunos de sus apologetas -envalentonados por el efecto Yeezus-, es incluso un caso aislado y único de originalidad que se eleva por encima del resto de la comunidad que explora nuevos territorios sonoros. Esto último, evidentemente, es una exageración: Arca es bueno, muy bueno, pero en ningún caso es un visionario que abre caminos inexplorados a los que sólo él tiene acceso. En todo caso los expande: comenzó a los 16 años produciendo una IDM irrelevante como Nuuro, en 2012, tras mudarse a Nueva York, se metió en el sello UNO -donde también tienen espacio 'inclasificables' como Fatima Al Qadiri o SFV Acid-, y en 2013, mientras el mainstream se fijaba en él, urdió en Hippos In Tanks uno de los secretos hipnagógicos mejor guardados de la temporada, el álbum &&&&&, en el que está contenida la semilla de este Xen, y que permite reconocer a Arca, a día de hoy, como el seguidor más versátil de la línea alucinada que inauguró Oneohtrix Point Never a finales de la década pasada.

Al adentrarse por el laberinto de Xen, un ingreso por la puerta grande en un gigante de la electrónica como Mute, la primera sensación es la de estar en un espacio geométricamente incongruente. En sus 15 piezas no parece existir una lógica del tiempo y del orden de las dimensiones, es música que se deshace, que se vuelve líquida y transparente, o de una sucia viscosidad. Poco a poco, han ido desapareciendo las influencias 'bass' que apuntalaban los tracks de Arca y le daban una cierta consistencia, y va quedando la textura de un sueño daliniano, como si fueran relojes derritiéndose o los pellejos secándose al sol de un animal recién cazado: su estilo, por tanto, se enmarca dentro de la gran tradición del ambient -al fin y al cabo es eso, ambientes ensoñadores, a ratos pesadillescos y otras veces angelicales- y, más particularmente, en los estudios recientes sobre la memoria, la nostalgia y el deseo de encontrar una manera de pensar el futuro a través del escapismo. Xen es un disco -epígono de la hauntology, podríamos añadir- que en todo momento propone alternativas a la realidad: frente a una comunidad electrónica inmóvil, él busca una vía de escape, y como solución para sortear muros y vías muertas, encuentra atajos y agujeros por los que continuar un camino que le lleva a interesantes alternativas estéticas.

Una se encuentra en Now You Know, el primer track del álbum: aquí, Arca disuelve su música como si fuera pintura en el agua y recuerda decisivamente a uno de los discos que mejor imaginó una alternativa artificial, onírica y como diseñada por software a la realidad, el Lifeforms (1994) de The Future Sound of London. Este objeto sonoro, en cierto modo, propone un regreso a la texturology de los 90, aquella música que, liberada de atender las necesidades de los clubs y las raves, se obsesionaba en investigar todas las posibilidades de la música entendida como piel, como tejido nervioso, como superficie pura y resplandeciente. En otros momentos, el sonido de Arca se vuelve más turbio e inestable -podemos irnos al polo opuesto, al final del disco, donde Tongue y Promise proponen erupciones de bajos y latidos nerviosos-, pero nunca sin resquebrajar el sentido global de una música que intenta afectar en la psicología y no en el cuerpo. Para quien eche de menos el sonido burbuja de Oneohtrix Point Never en R Plus Seven (2013), con sus melodías inspiradas en viejos discos de Ryuichi Sakamoto o en los jingles publicitarios de las grandes marcas de electrodomésticos, Arca ha dado con la clave de la continuidad: es el mismo tono utópico, la misma abundancia de estímulos, un atractivo idéntico al de proyectos como Ford & Lopatin o James Ferraro, pero en lugar de obsesionarse con la primera música digital de los 80, como hacía OPN, parece como si Arca quisiera destripar el ambient más enrevesado de los 90 -incluso interactúa con armonías irregulares de la música contemporánea, como si incrustara un cuarteto de cuerda de Schoenberg en el corazón de la máquina ( Family violence)- y traerlo de vuelta como algo nuevo, algo inesperado. Su gran mérito es que lo consigue: Xen no suena retro, sino a presente. Tan distinto suena Xen de su entorno más inmediato que parece que provenga de un planeta distinto. Lo próximo, se dice, será producirle el próximo disco a Björk, y parece que la islandesa por fin puede recuperar el rumbo de la mano de uno de los productores más lúcidos de este tiempo y este lugar, aunque su tiempo sea impreciso y su lugar, probablemente, sea extraterrestre.

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