Arc Arc

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Everything Everything Everything EverythingArc

7.3 / 10

Después de asistir al chifladísimo directo que Everything Everything ofrecieron en el festival Estrella Levante SOS 4.8 de Murcia en mayo de 2011, entendí por qué parte de la crítica especializada se sintió desorientada, si no directamente mareada, a la hora de clasificar su primer álbum, “Man Alive” (Geffen, 2010). Durante todo el concierto pensé que eso que el grupo llevaba puesto no eran uniformes de trabajo, sino camisas de fuerza para mantener al público a salvo de ellos mismos. Por separado, un servidor fue capaz de identificar la mayoría de los elementos que componen su música, aunque no tanto de encontrar un hilo común que dotara de alguna coherencia semejante amalgama sonora. No me cuesta demasiado imaginar al crítico de Pitchfork respirar aliviado en su silla tras escribir que “Man Alive” “es la prueba de que ni la experimentación más entusiasta puede salvar tu producto cuando los elementos subyacentes son incompatibles y poco apetecibles”. Entre otras cosas, comparaba el disco con un acto de glotonería de Homer Simpson y afirmaba que títulos como “My Kz, Ur Bf”’, “Qwerty Finger” y “Photoshop Handsome” son “producto de la sobredosis de cultura mediática y de redes sociales: el ensimismamiento musical equivalente a tener 12 ventanas del navegador abiertas a la vez”. Es lo que podríamos llamar un eructo de lo más educado. Por suerte, tienen de su parte a críticos con la misma imaginación: según publicaba Phil Mongredien el domingo pasado en The Observer, cualquiera de las canciones de “Man Alive” “contenía más ideas de las que Stereophonics han mostrado en toda su carrera hasta la fecha”. Y es por este nivel a la hora de crear imágenes claras por lo que hay que adorar a la prensa británica.

Un intento de fijar qué es y qué no es Everyhting Everything: hablamos de un cuarteto con sede en Manchester y facilidad para levantar hasta el cielo armonías vocales, liderados por un frontman (Jonathan Higgs) capaz de estirar su falsete hasta resultar casi doloroso para el oyente y cuyo registro se acerca más a cantantes de R&B que a ninguna estrella indie (según sus propias palabras, sus intérpretes favoritos son Thom Yorke, Mike Patton, Chino Moreno, James Dean Bradfield, Freddie Mercury, Michael Jackson, Beyoncé y R. Kelly), provistos de un esqueleto rítmico propio del art rock y el funk matemático de ayer (Talking Heads) y de hoy (Foals) y, en general, envueltos en un halo prog-pop de esos que producen extrañeza en las primeras escuchas y adicción en las posteriores (véase: Yeasayer, TV On The Radio). Para terminar de liar las cosas, algunas de sus primeras canciones incluían declaraciones como “I will gain an extra life, when I get the high score” y “Tell me why you came here, squatting round a Game-Gear like Sega never died”, más propias de Hadouken! que de los teatrales Wild Beasts o de los aplicados Metronomy, junto a quienes por cierto fueron candidatos al Mercury Prize en 2011. Según contaba Higgs en una entrevista en noviembre de ese mismo año, para el material nuevo tenían en mente utilizar, entre otras cosas, unas GameBoys modificadas compradas por eBay.

Finalmente no sólo no hay ni rastro posible de chiptune, sino que su nuevo disco, “Arc” es bastante más asequible y menos marciano que cualquier material anterior del grupo. Todos los elementos de los que hablábamos anteriormente parecen ahora más focalizados en obtener resultados identificables con el patrón estrofa-estribillo-estrofa y en pulir el sonido para crear un espacio nítido, empezando por los dos singles, encargados de abrir el álbum y pensados para ir directos a la radio: el robustísimo “Cough Cough” y la divertida “Kemosabe”, cuya letra está inspirada en el Llanero Solitario ( “Hey Kemosabe I'm alone! Ayah! I am a! I am alone! Hi-O silver away!”). Dos temas que se entienden perfectamente como de transición entre los dos discos. Natural: el grupo repite con el productor de “Man Alive”, David Kosten, quien también ha trabajado con Bat For Lashes, Guillemots y Chew Lips. Según The Guardian, que lo incluía en su reportaje “Que se lo curre Jamie XX: 10 nombres de una nueva generación de productores”, estamos ante el nuevo Nigel Godrich, capaz de hacer un todo coherente a partir de elementos desacordes. Kosten es también responsable del proyecto de electrónica paisajística Faultline, un alias bajo el que ha colaborado con Chris Martin de Coldplay, Michael Stipe y Wayne Coyne. Les digo todo esto para entender mejor lo que viene ahora.

Así que ya tenemos todas las pistas para resolver el caso. Un productor de electrónica elegante para atar en corto a un grupo de rock mutante con tendencia al descontrol y hacerles enfocar su hiperactividad hacia el baile. Conseguido. Se puede decir que los Everything Everything de 2013 a veces funcionan como la versión expresionista de The xx, buscando su propia manera de asimilar el R&B con el dream pop, como muestran en “Torso of The Week” y “Choice Mountain”, y que otras veces parecen revisar los logros de los Foals de “Total Life Forever” (2010), aquellos que aprendieron a transformar esos crescendos que crecían y se enroscaban como escaleras de Escher en autocontrol espacial, en intensidad, como se aprecia en temas como “The Peaks” y “Don’t Try”. Es aquí cuando el grupo se reconoce en su pasado y apuesta por pulir su propia fórmula de cara a mostrarse más lúcidos, procurando no malgastar fuerzas, sin arrebatos. Otras veces se acercan a los Radiohead menos experimentales, ya sea a bordo de piano y guitarras acuáticas ( “The House Is That”, “Undrowned”) o bien a través de capas vocales y colchones electrónicos (“_Arc_”).

Y, finalmente, otros tramos del disco se dedican a abrir nuevos caminos, probablemente no del gusto de todos: grabar con una orquesta en “Duet”, tontear con el rock de estadio en “Feet For Hands” y “Radiant” (la primera según el libro de estilo de Coldplay, la segunda a lo Snow Patrol), y entregarse rendidos al soft pop bailable, como en “Armourland”. Es, en fin, un peaje que el grupo está dispuestos a pagar en su voluntad por obtener un sonido “destilado”. Y está claro que en ese proceso de concentración, Everything Everything pierden y ganan a la vez. Ganan en dominio a la hora de dirigir sus esfuerzos hacia otras direcciones, pierden cierta deformidad agradable y gran parte de su capacidad de sorpresa: el oyente ahora puede imaginar cómo se desarrollarán sus temas y adelantarse al final, algo realmente difícil de conseguir cuando uno se enfrenta al primer material del grupo. La buena noticia es que parece que no han tomado ninguna decisión todavía y que han colocado “Arc” justo en medio, en esa tierra de nadie donde se instalan temporalmente los grupos indies cuyos primeros discos parecen haber tenido una trascendencia mayor de la esperada. Y digo “parece” porque en muchas ocasiones eso no es más que un espejismo. Se podría analizar si la nominación al Mercury Prize le hizo más mal que bien en este sentido. En definitiva, habrá que estar atentos a los movimientos que hacen en los próximos meses para inclinar la balanza a uno u otro lado.

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