Les Arbres Les Arbres

Álbumes

Nicolas Bernier Nicolas BernierLes Arbres

8 / 10

NO TYPE

Nos gustan los discos que empiezan a llamar nuestra atención desde la misma portada, cuando atacan no sólo a uno sino a dos o más sentidos. Y hay algo en la fachada exterior -sombría, entre grisácea y verdosa, no especialmente vistosa pero sí extrañamente sugestiva- de este álbum que intriga, que invita a imaginar.

Esa sensación no hace sino multiplicarse cuando entra en juego el sonido. Sin titubeos, a pesar del perfil marcadamente abstracto de la propuesta, el disco reclama tu atención desde el primer momento, desde que un estruendoso rechinar mecánico introduce en cuestión de segundos la atmósfera silbante, microscópica y abisal de “post”, el primero de los seis cortes de generoso minutaje -sólo dos bajan de los siete minutos- y estructura mutante que conforman un álbum que surge como resultado de un proceso de colaboración bidireccional mantenido en el tiempo entre el compositor Nicolas Bernier y al artista urban9. El último se ocupó de desarrollar conceptos visuales -seis de ellos, uno por cada canción, acompañan al disco en forma de tarjetas postales- inspirados en los primeros esbozos musicales de Bernier, imágenes en constante re-construcción que a su vez iban interfiriendo en la composición, el desarrollo y los tratamientos de unos paisajes sonoros de arquitectura electroacústica dibujados a base de texturas crepitantes -densas, por momentos aislacionistas o casi industriales, en transformación constante-, grabaciones de campo de corte naturalista -puedes reconocer el cricrí de los grillos, las voces anónimas de unos niños, respiraciones, etc.-, precisas articulaciones de microcirugía digital e instrumentaciones mínimas -de filiación compartida entre el post-rock más sedado y contemplativo, la composición clásico-contemporánea, las orquestaciones propias de la escena electrónica neoclásica, el folk de cámara o el jazz blanco, sosegado y prístino de la escuela ECM- urdidas a base de guitarras, metales, vibráfonos, pianos preparados, flautas, acordeones y cuerdas.

El canadiense Bernier evita con soltura el peligro de la frialdad digital gracias al constante recurso a los más amables timbres acústicos, pero no parece haber jerarquías entre sonidos. Aunque la escuela clásica de Bernier -esa noción académica de la acusmática- se deja notar en algunos tratamientos sonoros -términos como audio photography, audio transfiguration, audio reformation, audio alteration o audio bricolage sucediéndose en los créditos de todos y cada uno de los cortes del disco- un tanto exagerados, aquí priman la textura, el clima y la atmósfera como señas de identidad de una música que a pesar de ser extremadamente meticulosa y técnica consigue sonar humana, orgánica, subyugante y conmovedora, cerebral a la vez que sensual.

Si necesitas nombres para ubicarte, piensa en algo próximo a lo que saldría de viajar hacia el norte agitando en una misma maleta los discos de Eluvium, el primer Encre, Radian, Fennesz, Elegi, Bill Frissell, Svarte Greiner , Mark Templeton o Ljudbilden & Piloten. Agradabilísima sorpresa .

Luis M. Rodríguez

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