Arabia Mountain Arabia Mountain

Álbumes

Black Lips Black LipsArabia Mountain

7.1 / 10

Black Lips  Arabia Mountain VICE RECORDS

Mi introducción al universo Black Lips fue a través de un amigo neoyorquino enterado de absolutamente todo que conocí cuando todavía era una estudiante impresionable. Si tengo que decir toda la verdad, el prescriptor de la recomendación me dejó una huella mucho más fuerte y duradera que la materia recomendada, o sea, el grupo. Más allá de un vago (des)interés por su pose a lo actores de “Jackass” (esa costumbre suya de escupirse en la boca mutuamente en medio de un concierto, vomitar y orinar en el escenario, tocar la guitarra con el pene y demás delicias sofisticadas), no puedo decir que Black Lips hubiera hecho mella en mi conciencia. Pero supongo, en cualquier caso, que esto va a tener que cambiar, porque “Arabia Mountain” es mejor de lo que imaginaba.

Tal como se puede esperar de un disco de Black Lips, “Arabia Mountain” parte de una estética autoconsciententemente retro. Puedes ir hasta el fondo de su árbol genealógico con bastante facilidad –las raíces en el garage-rock hasta llegar a sus hojas lo-fi, con unas cuantas ramas doo-woop entre medias–. El disco se abre, muy apropiadamente, con “Family Tree”, dos minutos y medios ideales para mover las caderas: las percusiones son tirantes, hay un saxo discordante y el estilazo vocal es magnético. El estribillo pregunta “Can I take you out / Out to the family tree?” y recomendaría no negarse a aceptar una invitación así.

“The Lie” es la canción que marca la máxima expresión de sus experimentos retroactivos. Hay un riff molesto que cae en picado y que remite a los pioneros proto-punk The Monks, mientras que el sonido de la guitarra recuerda al primer Clapton (con la frecuencia de las improvisaciones reducida lo suficiente como para que no moleste o desentone en este nuestro siglo XXI). La producción de Mark Ronson, que suena como si no hubiera hecho gran cosa para modificar el sonido, funciona a la perfección. Les ha permitido mantener su gusto por la guarrería, pero a la vez ha sacado un sonido nítido con arreglos bien puestos. Lockett Pundt, de Deerhunter, aparece como productor invitado en dos cortes, uno de ellos “Bi-Centennial Man”, una pequeña joya de rock primitivo acelerado, grabado en seis pistas.

De todos modos, “Arabia Mountain” está lejos de ser un ejercicio de complacencia vintage; Black Lips se remiten continuamente al pasado, pero sin olvidarse de que lo que tienen por delante es el futuro. “Modern Art” –un homenaje a Jeffrey Lewis en el sentido en que anima a quien la escuche a visitar museos con una buena buena cogorza encima– es un ejercicio turbulento de latigazos sonoros y candor indie en la melodía vocal. En relación a eso, muy posiblemente, el verso principal adopta un significado imprevisto: “turn around, start it over let’s begin”. De igual manera, la nostalgia optimista de “New Direction” tampoco sonaría fuera de lugar en una recopilación del sello 555 –y como los sibaritas del pasado saben, siempre tienes que dar un paso adelante si quieres mirar hacia atrás–.

“Arabia Mountain” no es un álbum perfecto, de los 16 cortes originales podríamos quedarnos tranquilamente con sólo 12 y por momentos se hace repetitivo. Pero se deja disfrutar con ganas y hasta anima a bailar (si bien es cierto que este efecto se consigue, sobre todo, si acabas te has bebido antes media botella de sidra). Además, Black Lips todavía tienen que dejar atrás sus polémicas costumbres de siempre: para este disco, aseguran, han envenenado al productor y han usado un cráneo humano como cámara de eco, del mismo modo en que en el anterior comieron hígado crudo (durante la grabación de “Raw Meat”) y en el primero de todos (o sea, “You Keep On Running”) insistieron en mantener una espeluznante atmósfera al estilo de las películas de terror de la Hammer. Sí, no hay duda de que las drogas y las necesidades físicas son todavía temas centrales en su música, pero poco a poco van entrando sigilosamente otros estímulos. Siguen citando al reverendo Jim Jones, pero siempre en relación a hechos anteriores a su luctuosa masacre, y son cosas así las que te dejan un poco más tranquila. Porque estos tíos cumplen todos los requisitos para entrar en el Club 27, y es reconfortante comprobar que están centrando por fin en la música antes que en los mitos de muerte y satanismo que rodean a cierta clase de rock. Están en un momento prometedor, Black Lips están empezando a recoger los frutos de unas raíces tan bien plantadas.

Jessica Jordan-Wrench

“Modern Art”

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