Apocalypse Apocalypse

Álbumes

Bill Callahan Bill CallahanApocalypse

8.6 / 10

Bill Callahan  Apocalypse DRAG CITY

Bill Callahan me solía preocupar. En serio. Me preocupaba. Parecía poseído por una vulnerabilidad incómoda, siempre entonando reflexiones devastadoras con el siseo de las cintas de fondo. Cuando una persona te dice con voz lenta y cansina que, a los siete años, “quería vivir en una batisfera”, creo sinceramente que hay motivos justificados como para preocuparse (por más que él niegue rotundamente la precisión autobiográfica). Con “Apocalypse”, no obstante, mi ansiedad se está empezando a disipar.

La voz temblorosa de Callahan ha caído a un tono de barítono seguro, rico y cálido como un tosco Leonard Cohen. La comparación con Cohen se extiende a sus a menudo lacónicos aforismos, como en “Riding for the feeling / Is the fastest way to reach the shore” (“Surcar los sentimientos / es la forma más rápida de alcanzar la orilla”), y a su perdurable ingenio en “Afghanistan, Vietnam, Iran, Native American / America! / Well everyone's allowed a past they don't care to mention” (“Afganistán, Vietnam, Irán, Nativos Americanos / ¡América! / Todos pueden tener un pasado que no les importa mencionar”). Los sonidos vocales entre las palabras son autoritarios por igual. Los tuts y tsks, las respiraciones e inhalaciones, ocultan una intimidad inquebrantable. Alarga repetidamente el sonido de una vocal más allá de la comprensión, vaciándola de significado mientras que, a la vez, le infunde una gama de intensidad. Puedes sentir su aliento; se le dan muy bien las oclusivas.

Musicalmente, “Apocalypse” es magistralmente sencillo. Callahan combina flautas, violines y guitarras eléctricas con una despreocupación desenfadada. El tipo de simplicidad sofisticada que sólo se puede cosechar con la experiencia. Aun así, sus melodías se debilitan con frecuencia, con un ritmo desestabilizador y un piano inquieto, muy del tipo de los primeros discos del sello Thrill Jockey infundidos con la sensibilidad temerosa de Dirty Three.

Cada uno de los álbumes de Bill Callahan abriga por lo menos una canción devastadora. Una tan desgarrada que la boca acepta la custodia temporal del corazón. “Apocalypse” no es una excepción. Os reto a escuchar “One Fine Morning” sin que se os pare el corazón. Gloriosamente cinemática, acaba como una agridulce repetición del último álbum, haciendo referencia a canciones anteriores y aportando un posible motivo para la publicación del título. Con “The Curtain Rose And Burned” uno ve un apocalipsis en un sentido puro, la revelación de algo oculto. Más que una batalla final esto es un apocalipsis exultante, lleno de promesas y expectación. “One Fine Morning” sugiere también una comparación inesperada con un temprano Van Morrison. Obviamente, en tono y timbre son polos opuestos, pero se puede entrever un parecido entre la forma y la calidad, como la repetición prolongada de un patrón de dos acordes o la aparente espontaneidad de las enigmáticas reflexiones.

Habrá, sin duda, aquellos que rechacen su seguridad creciente, quizás los que identifican vulnerabilidad con “autenticidad”. Callahan parece responder a la acusación –consciente o inconscientemente– en “Baby’s Breath”: “How could I run without losing anything? / How could I run without becoming lean?” (“¿Cómo pude correr sin perder nada? / ¿Cómo pude correr sin adelgazarme?”). Sin duda alguna, “Apocalypse” es muy distinto de la extraña vulnerabilidad que tanto me preocupaba. Las alarmantes confesiones de un intruso en “Whenever I get dressed up / I feel like an ex-con / Trying to make good” (“Siempre que me arreglo / me siento como un ex convicto / que está intentando rehabilitarse”) han dejado sitio a las hábiles observaciones de un invitado aceptado ( “I asked the room if I'd said enough / No one really answered / They just said, Don't go, don't go”) (“Pregunté a la habitación si había dicho lo suficiente / en realidad nadie respondió / solo dijeron no vayas, no vayas”). A pesar de todo, siguen siendo conmovedoras. Claro que ya no es un intruso; pero aún destaca entre la multitud.

Jessica Jordan-Wrench

Bill Callahan - Babys Breath

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