Aphrodite Aphrodite

Álbumes

Kylie Minogue Kylie MinogueAphrodite

7 / 10

Kylie Minogue  Aphrodite

PARLOPHONE-EMI

Todos tenemos una Kylie Minogue en nuestra memoria: desde aquella despreocupada jovenzuela que cantaba “I Should Be So Lucky” –hace ya 23 años de aquello– a la de la etapa más indie –en la que compartía plano con Nick Cave y le producían los Manic Street Preachers–, sin olvidarnos, claro, de su resurrección en las pistas de baile gracias a “Spinning Around”, himno que volvió a poner de moda los shorts marcanalgas como un emblema de la eterna juventud. El cáncer paralizó a Kylie durante unos meses, pero con “X” resurgió hace tres años cometiendo, aún así, un error garrafal: ¿quién le animó a lanzar como primer single un tema tan anti-gáyer como “2 Hearts”? “The One” e “In My Arms” impidieron la tragedia, aunque no está de más decir que en su conjunto “X” tenía la consistencia necesaria como para que ganara enteros con las escuchas y, junto a “Body Language”, pueda ser considerado como uno de sus trabajos más eclécticos y arriesgados. Para evitar las medias tintas –siempre es una razón de peso–, la Minogue ha decidido volver, a sus 42 años, a aquellos tiempos en los que “Light Years” y “Fever” le encumbraron como superviviente del pop despreocupado para las masas. Si no me creen, escuchen “Can’t Beat The Feeling”. Al escoger a Stuart Price como productor en buena parte de los cortes, no ha sido fácil quitarse de la cabeza durante las últimas semanas los posibles paralelismos entre aquellos discos y este nuevo. ¿Podría ser “Aphrodite” el digno sucesor del “ Confessions On A Dance Floor” de Madonna? Al final, resulta que va a ser que no.

No hay que desmotivarse, ni mucho menos. Siempre nos quedará “All The Lovers”, no sólo como apertura magistral enfatizando dos conceptos que no siempre casan bien –la elegancia y lo mainstream: que se le pregunten a Xtina, quien sigue pidiendo a gritos unas cuantas lecciones de protocolo y saber estar–, sino como uno de esos medios tiempos clásicos de la menuda australiana pensados para llegar a un target globalizado. “Aphrodite”, sin duda, hubiera resultado de lo más goloso si no hubiera existido nunca la era “Fever”. Difícil lo va a tener Kylie para superar alguna vez el cénit mediático que consiguió en 2001 con un álbum que volvió a llevarla en volandas hasta el trono del pop petardo. En el caso que nos ocupa, los únicos atisbos de durabilidad que pueden encontrarse están en la trasnochada “Closer” y, sobre todo, en “Cupid Boy”, un tema con estribillo instantáneo fabricado para la ocasión por Price, Sebastian Ingrosso y Magnus Lidehall que nos hace reivindicar a la siempre ninguneada hermanísima de nuestra protagonista. ¿Con algo de suerte acabará siendo escogida la canción como futuro single? Ni en nuestros mejores sueños si tenemos en cuenta que la reválida de “All The Lovers” se la tendrá que ganar “Get Outta My Way” –la hija postiza de “Love At First Sight”–, una maniobra segura para que su nombre siga omnipresente en las listas de éxitos aunque el factor sorpresa se haya quedado olvidado en la guantera.

Sin los títulos de crédito en mano, cualquiera podría llegar a pensar que “Better Than Today” es realmente la canción escrita por Jake Shears –el susodicho se puso las botas de cowboy hace unos días para rendirle homenaje–. Sin embargo, el tridente formado por Minogue, Shears y Calvin Harris se encuentra en esa cabalgata de sintetizadores eufóricos que responde al título de “Too Much”. Sin destilar brillantez, ese corte eleva el vuelo de un trabajo en el que puede prescindirse del ejercicio noventas de “Put Your Hands Up (If You Feel Love)”, la anodina “Everything Is Beautiful” –escrita por Tim Rice-Oxley, pianista de Keane–, el intento fallido de compiar el “Push” de Madonna titulado “Illusion” o la canción que da título a un comeback que sólo va a dejar contentos a sus fans más acérrimos. Stuart Price no ha estado fino esta vez, a pesar de estar viviendo en un bucle creativo que ríete tú de la película “Atrapado En El Tiempo”. Cuando en un disco de pop comercial resulta difícil identificar la intención de buena parte de las canciones, habemus un serio problema. Lo peor de todo es que los himnos para corear como si no hubiera un mañana no se atisban por ningún lado. Kylie –o mejor dicho, sus productores– se han acomodado. Con un solo trallazo que pudiese hacerle sombra a “I Believe In You”, “Slow” o la petardada “Your Disco Needs You”, nos hubiésemos conformado. No queda otra que seguir esperando.

Sergio del Amo

*Escúchalo aquí.

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