Another Happy Day Another Happy Day

Álbumes

Ólafur Arnalds Ólafur ArnaldsAnother Happy Day

7 / 10

Se puede o no se puede creer en el destino, pero si se ha seguido la trayectoria de Ólafur Arnalds era lógico imaginar que todo tuviera que confluir finalmente aquí. Su música, que suena a banda sonora sensible –para historias que sólo ocurren en tus sueños, o en tu corazón–, tenía que hacerse finalmente carne, o sea, película, una película de verdad, aportando una banda sonora como las que han acabado firmando otros compositores afines al islandés, ya sean Nico Muhly o Jóhann Jóhannsson. “Another Happy Day” no es lo que se diría una película importante –es un título indie, del circuito de Sundance y festivales pequeños, firmada por el joven actor Sam Levinson en el que es su debut detrás de la cámara–, pero sí es una película para empezar a foguearse. Ólafur también es joven, trabajador, talentoso y con un futuro esperanzador por delante. Y aunque el destino –si es que existe– nos hacía creer que todo tenía que confluir aquí, el primer score de su carrera no es el final, sino el principio de un periodo de bonanza profesional que, quién sabe, acabe desembocando en Hollywood.

Imaginar este proceso no es nada descabellado. Michael Nyman, uno de los músicos de los que Ólafur Arnalds ha extraído más y mejores lecciones, acabó ahí, fugazmente, alzando una estatuilla por “The Piano”. Hay mucho de Nyman en el tema principal de esta banda sonora, que suena por primera vez en “Autumn Day” –y se repite con variaciones y distinta instrumentación en “Lynn’s Theme”– y que no podemos de asociar con esa fricción lacrimógena de las cuerdas en “Wonderland”, una de las mejores bandas sonoras del inglés en su etapa post-Greenaway y post-Champion. Y así y todo, es injusto reducir este disco a ese rastro fugaz de una melodía sencilla y bien encontrada, que se queda fijada en la memoria: la plasticidad de Arnalds, su capacidad para expresar ternura y conmover, e incluso de sugerir suspense, queda perfectamente plasmada en estas 11 piezas, casi miniaturas –la más larga es “Everything Must Change”, que dura seis minutos y medio y es toda una excepción, y más al lado de “Through The Screen”, “Before The Calm” y la citada “Lynn’s Theme”, que no llegan ni a los dos minutos, con sus pianos de cristal y sus violines que se ondulan como ramas movidas por el viento–, pero que en su brevedad y concisión lo dicen todo sin que sobre nada.

De toda la discografía de Ólafur Arnalds, que resulta ya abundante y toda ella valiosa, quizá su obra maestra siga siendo el álbum “…And They Have Escaped The Weight Of Darkness” (2010), mucho más ambicioso y completo; a su lado, “Another Happy Day” es lo que en realidad es, una obra de encargo a cumplimentar en poco tiempo y con unas pautas dictadas por el tono de la película. Pero el geniecillo islandés consigue dos cosas importantes: primero, cumplir con su cometido con absoluta eficacia, y así demostrar que está capacitado para asumir tareas de este tipo y dar la talla, y segundo, y aún más importante, conseguirlo sin traicionar su estilo ni sus formas, siendo lírico y minimalista –y conservando sus momentos electrónicos y de oscuridad fría que ya habían aparecido en otros títulos en Erased Tapes–, confirmándose de este modo como un buen continuador de la escuela de Michael Nyman y Max Richter, acaso con una intención más lírica, y alcanzando la estatura de sus compañeros de generación en esta forma de hacer música clásica apta para oídos entrenados en el pop.

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