Anidea Anidea

Álbumes

Guido GuidoAnidea

8.1 / 10

Guido  Anidea PUNCH DRUNK

En los últimos meses ha sido imposible que el nombre de Guido apareciera mencionado en solitario en las revistas y cualquier otro tipo de texto en papel o pantalla. Siempre le acompañaba la coletilla Bristol –como punta de un tridente que estaba renovando el sonido de la ciudad costera y renovando los laureles de prestigio que antaño verdecieran Tricky y Portishead–, y si no era Bristol eran otros productores como Joker o Gemmy, a los que le une la edad, la vecindad, la amistad y la afición por un sonido deformado del dubstep. Pero Guido hubiera merecido salir más él solo porque la singularidad de su música va más allá de una “escuela Bristol” que nunca ha existido y porque los puntos de unión con Joker –que tiene su raíz en el grime– y Gemmy –ídem con la música de videojuegos– sólo coinciden de vez en cuando. Guido –de nombre real Guy Middleton– parte de una base garage / 2step, suntuosa, hiperpoblada de melodías y de arreglos barrocos, con airosos arreglos de cuerdas que relatan una afición muy depurada por la música sinfónica llevada al terreno de la electrónica de club. “Anidea” no es un disco que trate con la rabia, la oscuridad o los sonidos que arañan el oído, ni tampoco con melodías de baja fidelidad con referencias a los arcades de los 80, sino que se instala con comodidad en la esfera adulta de la música post-rave.

Lo habíamos escuchado antes en dos maxis que concentraron muchísimas miradas de atención y expectación en Guido: “Orchestral Lab / Way U Make Me Feel” –vinilo lanzado a principios de 2009 por Punch Drunk– y “Beautiful Complication / Chakra” unos meses después, en la que sería su primera incursión en la música vocal, poniendo por fin sobre la mesa todas las piezas de su rompecabezas creativo, todas las pistas para entender la singularidad y la tremenda calidad de este disco de debut que se desvía en cierto modo del zeitgeist de la bass music británica –más post-garage que post-dubstep, y con el elemento wonky poco presente– pero que se beneficia de esa forma de ser distinta, rica y pasional. Ha comentado en entrevistas Guido que en su tierna juventud lo que más escuchaba era UK garage –no olvidemos que tiene 22 años ahora– y que incluso llega a componer al piano muchos de sus temas antes de empezar a retrabajarlos con el ordenador para darles la definitiva textura refulgente y electrónica. Lo primero que hace Guido es esmerarse en las melodías y en la estructura de las canciones, y así le salen: ordenadas, con principio y fin, sin estructura repetitiva de track house, con una exposición lujosa de recursos orquestales que nunca se vuelven ampulosos. Es el equilibrio entre la épica y el futurismo, entre la belleza armónica y la disposición de ritmos ásperos lo que hace de “Anidea” un debut soberbio, la consignación de un torrente creativo que promete manar durante muchos años.

Incluso cuando se quiere poner rudo – “You Do It Right”, que es en esencia un tema de bajos ásperos y breaks cortados por la mitad, más cercano al estilo de Joker que al suyo propio–, Guido se las apaña para añadir un matiz de calidez en las rendijas del sonido, un destello de luz tibia y calmante, como la de la cueva de “Lost”, que funciona como sello propio. Hay veces en las que se puede temer que “Anidea” se tuerza hacia territorios propios del AOR cuando utiliza sintetizadores suaves – “Take Me Higher” podría ser un ejemplo; más que un subidón de endorfinas podría ser música para ravers que también son brokers de bolsa– o saca a relucir uno de sus elementos distintivos, el saxo ochentas meloso, acariciante, de bar de jazz para ligar. Pero tal como lo usa Guido, nunca suena casposo, sino irremisiblemente lógico: es ahí donde “Way U Make Me Feel” se postula como un himno del dubstep-soul –aquí aparece la voz de Yolanda; en el maxi era instrumental–, o donde “Mad Sax” consigue un acento más obsesivo, ideal para ir calentando una noche de club con muchas explosiones de bombo, fanfarrias épicas y crescendos de intensidad que te obliguen a sacar el corazón por la boca.

Hablando de corazón: “Anidea” está trabajado de una manera cerebral que habla muy bien de las habilidades técnicas de Guido tanto con el solfeo como con la informática, pero lo que subyace en casi todos los temas es una pasión que quiere salir desbocada y que él consigue controlar con un tirón de riendas, como quien empieza a domar un caballo. Nunca se le va ningún tema de las manos, en ninguno hay una orquestación excesiva –en “Orchestral Lab” es la justa y necesaria para dibujar el crescendo con pellizcos de cuerdas y metales sintéticos y dejar que luego los beats achatados hagan el resto del trabajo–, y la sofisticación postiza, identificable con el AOR, también está bajo siete llaves, bien disimulada como en la preciosa “Cat In The Window” y sus stacattos de cuerdas acentuando una flamígera descarga de subgraves capaz de iluminar ella sola un club cuando toca acabar la noche y echar la verja. Tiene mucho más “Anidea”, porque es un disco de producción meticulosa, que va dejando recuerdos fragmentados en la memoria: hay que volver a reescucharlo para comprobar si el cierre, “Tantalized”, está más cerca del grime áspero o del garage lujoso –las cuerdas y algo así como un solo de guitarra noise se confunden mutuamente creando un efecto de empuje y rabia de los que no abundan–, o para deleitarse con el arrebato del inicio, la sinfonía dub en dos partes que empieza con “Anidea” y culmina con “Orchestral Lab”. Es éste, en resumen, el disco de un músico –le pasa como a Joy Orbison: si dices que sólo es productor es como si estuvieras diciendo muy poco de sus capacidades– al que le sobra talento en arrobas y nos acaba de mostrar los primeros resultados de su enorme potencial. Ahora queremos más.

Javier Blánquez* Escúchalo en su myspace

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar