Angles Angles

Álbumes

The Strokes The StrokesAngles

6.8 / 10

The Strokes  Angles

RCA

En 2003, los más guaperas de Manhattan aún estaban en plena borrachera de éxito. Lanzaron “Room On Fire” y apuntalaron el descomunal éxito de su debut repitiendo la misma carambola. Cuentan que después la cosa comenzó a torcerse, que empezaron a llevarse mal, que Julian empezó a beber sin medida. El mismo año en que el CBGB cerraba sus puertas, el desaguisado acabó desembocando en un abrasivo “First Impressions Of Earth” (2006) que sonaba a resaca, a desconexión. Aquel álbum fue una metedura de pata que hoy ni ellos se cortan a la hora de criticar, pero nada que, observada su carrera cinco años después, no se les pueda perdonar. Las canciones de su flamante nuevo “Angles”contribuyen al indulto con buenos argumentos. ¿Su objetivo?: no volver a tropezar en la misma piedra. ¿Los medios para conseguirlo?: “sentir la música de nuevo” –en palabras de Hammond–, tomarse el tiempo necesario para escribir canciones bien fornidas y trabajar más en equipo que nunca (aunque Julian siga a las suyas enviándoles las letras por correo). Y es que cuando parecía que los habíamos perdido para siempre, cuando se temió hasta su disolución, las aventuras paralelas al margen de la banda –Moretti en Little Joy y Hammond y Casablancas ejerciendo de líderes en solitario– les han venido la mar de bien de cara a exprimir en “Angles” el gran zumo de tomate que necesitaba su andadura.

¿Qué prima en este su disco más sorprendente, la renovación estilística que venían persiguiendo últimamente o el énfasis sobre sus puntos fuertes de siempre? Ambas cosas, muy bien dosificadas. Por un lado, se exploran los renovadores caminos que anunciaba aquella deliciosa “Ask Me Anything” desubicada en medio de “First Impressions”, y por otro se subrayan los ganchos más característicos del sobado “sonido Strokes”. En la primera parte del disco hay cuatro temas como tornillos, devastadores: brutal ese aliento reggae de “Machu Picchu” con el que intentan encontrar “una montaña que poder escalar”; bien erecta “Under Cover Of Darkness” con su guiño a los tiempos de “Is This It”( “Todo el mundo lleva diez años cantando la misma canción”); genialmente hortera el híbrido entre lo peor y lo mejor de los ochenta que se cascan en “Two Kinds Of Hapiness”; y espléndida “Taken For A Fool”. En la más arriesgada segunda parte, siguen las atractivas “Games”, con su deje Factory, y una “Call Me Back” en la que suenan como ¡¿Young Marble Giants guitarra bossa mediante?! La inmediata “Gratisfaction” y “Metabolism”, con dos títulos horrorosos de esos que tanto les gusta poner, son las encargadas de acelerar en el tramo final. La primera es, sin duda, el tema que tenía Julian en mente cuando avisó en entrevistas recientes de la influencia de Thin Lizzy. La segunda apesta a Muse, saturadísima de lípidos y glúcidos en progresión combustiva. Es la más fea y, junto a “You’re So Right”, la que suena más agarrotada en un disco de tan dinámico carácter.

Cuando llega la despedida con “Life Is Simple In The Moonlight”, único tema conservado de las sesiones iniciales con Joe Chiccarelli (resulta esclarecedor recalcar que ha trabajado con U2 y White Stripes), “Angles” ya ha volado como un suspiro. Hiperactivo y sobrado de reflejos, la versatilidad de su repertorio no es óbice para que el engranaje suene como un todo. Vale, puede que se desenvuelvan un poco acartonados cuando intentan emularse a sí mismos, sin embargo también suenan más voluntariosos que nunca a la hora de probar cosas nuevas. Porque cotilleos, titulares y morbos varios a un lado, los estigmas que siempre les perseguirán por haber redefinido el rock del siglo XXI, “Angles” es un fabuloso ejercicio de pop inflamado. Sus defectos son los menos (incluso esas letras que nunca les hemos pedido obtusas les sientan genial en este momento concreto, con continuas referencias a evasiones y cambios de rumbo), y las virtudes quedan bien fijadas en negrita en nuestros oídos, entre otras cosas, por la necesidad que muchos teníamos de volver a creer en ellos. En un momento en que la mayoría de sus competidores de 2001 han pasado a mejor vida, la sensación final que deja “Angles” no es otra que la de una banda que ha recuperado con fuerza sus ganas. Y su voz.

Cristian Rodríguez

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