And IV (Inertia) And IV (Inertia)

Álbumes

Grischa Lichtenberger Grischa LichtenbergerAnd IV (Inertia)

7.6 / 10

Parafraseando ciertas expresiones que se han dado últimamente en la prensa deportiva, se puede decir sin miedo a sonrojarse (o al menos no demasiado) que el joven Grischa Lichtenberger es un artista con ‘ADN Raster-Noton’. A sus 29 años recién cumplidos acumula una experiencia nada desdeñable en el campo del audio experimental, con un arranque de carrera que se remonta hasta 2006 en áreas como la música para audiovisual e instalaciones multimedia, en las que empezó a gestarse el proyecto “~treibgut” que más tarde fue condensado en el segundo 12” de la línea de maxis “unum” (2009), una de las divisiones más convulsas y fronterizas con el techno industrial y/o espasmódico de la discografía del sello alemán. Por lo demás, su experiencia editorial es escasa: además de aquel 12” existe otro igualmente agitado en el sello Semántica Records – “Graviton - Cx (Rigid Transmission)” (2011)–, y ahora llega el álbum, que expande con generosidad su lenguaje, ordenado a partir de ideas básicas como el uso frecuente de sonidos de campo, la interacción entre tecnología y naturaleza (concretando: la física de partículas, de la que Grichtenberger es un apasionado) y, como consecuencia de eso, la atomización del sonido en lo que es una revisión a fondo de la estética del glitch de los viejos días del sello Mille Plateaux.

“And IV (Inertia)”, explica su autor, es un trabajo profundamente conceptual. Cuenta que en su origen pudiera haber sido una novela a partir de la idea del ‘Lebensraum’ –en alemán, ‘espacio vital’–, pero por supuesto no formulada de la misma manera en que la hizo suya el III Reich, que fue la excusa para invadir Austria, Checoslovaquia, Jutlandia y Polonia en los albores de la Segunda Guerra Mundial, sino ‘espacio vital’ como un lugar donde vivir en armonía con uno mismo y el entorno, ajeno a ciertas deformaciones del progreso. A Lichtenberger le preocupa la modificación del paisaje visual y cultural de Berlín, la gentrificación de ciertos barrios reconvertidos en espacios trendy, y estas dinámicas de cambio le han ido llevando a la idea más profunda de improbabilidad y variación, que está en las partículas subatómicas –el principio de incertidumbre y otros pilares de la física cuántica–. Quizá por eso, su música se asemeja a bloques de acero y hormigón moldeados como si fueran piezas de plastilina, fundidos y refundados en estructuras nuevas –como si los sonidos puros, chirriantes y crujientes, se unieran entre sí para formar moléculas de audio. Su método es altamente técnico, hasta el punto de borrar cualquier tipo de diferencia entre los sonidos naturales –la mayoría grabados en entornos como las orillas del Rin, o en plena calle, en ese Berlín que explora con microscopio– y los sonidos sintéticos, que suenan cortantes, sin pulir, rugosos, de la misma manera en que sonaban los discos más misántropos – “Confield” y “Draft 7.30”, sobre todo– de Autechre. Hay una rítmica vertebral de todo el disco, con breaks y beats elásticos que a veces dan una idea deformada del patrón hip hop, pero esa cualidad es más estética que ética: lo que quiere Grischa es destilar –gota a gota, microsegundo a microsegundo– las propiedades de su sonido.

Por momentos, “And IV (Inertia)” se vuelve un trabajo arisco: los pulsos rítmicos son abruptos, pequeñas explosiones de textura rasposa propios de la IDM más mecánica y alienante, hasta el punto de acercarse al extremo breakcore de sellos como Hymen. Pero su energía no es bruta, sino controlada y atada con lazos muy finos que sostienen su opción aún más cerca del techno refinado de la propia escuela Raster-Noton –sobre todo, el de Byetone y el último Kangding Ray, el de “Or”– y el audio experimental de plataformas como Line pasado por un tamiz inestable, donde las moléculas hierven y se fusionan a partir de fórmulas y ecuaciones todavía en fase de comprobación. Quizá a su opción se le puedan achacar algunos tics trillados, como la nomenclatura de los títulos de las piezas –en código binario con letras, como “1011_11_ss1” o “1110_01_lv_1b”, u otras combinaciones más generosas ( “0811_11_re_0411_08_mas_rm3”), e incluso palabras inteligibles pero cifradas de manera extraña ( “globalbpm”, “rearr_re”)–; también es cierto que, a medida que avanza el disco, su sonido se vuelve familiar en su parecido con proyectos como Gescom o Somatic Responses (incluidas las fases ambientales y melódicas como la de “1011_11104_V_Re_61011s1b”). Pero aún así, no se le puede negar al alemán un esfuerzo tremendo en la construcción del armazón: es un trabajo meticuloso, obsesivo incluso, que consigue ir más allá de la idea de rompecabezas de 5.000 piezas para sonar como una sola pieza coherente y unida en sí misma, además de reivindicar un tipo de hacer electrónica experimental que parecía haber caído en desuso y que con este “And IV (Inertia)” reclama un papel protagonista que nunca debió abandonar.

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