An Optimist Notes the Dusk An Optimist Notes the Dusk

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David Grubbs David GrubbsAn Optimist Notes the Dusk

8 / 10

DRAG CITY

Ah, el optimismo. Esa actitud vital, incomprendida y solitaria, que combate con decisión el cinismo, la tristeza crónica, la depresión y la amargura impostada. El optimismo o como seguir sonriendo cuando en la tele dicen todo el rato que tu casa y tu dinero no valen un pimiento. El optimismo, esta vez en versión rock torturado y nocturno. Quizá porque está dedicado al optimismo, el (estupendo) nuevo disco de David Grubbs (músico curtido en oscuras bandas de punk experimental como Squirrel Bait, Bastro, o algo menos oscuras pero igual de experimentales como Gastr del Sol) es una compleja, alambicada y retorcida obra de rock deconstruido. Rock de vanguardia (como si supiéramos qué quiere decir exactamente eso de “vanguardia”) que roza con el folk eléctrico americano de, pongamos, John Fahey o con los atrevimientos formales de Jim O´ Rourke o Marc Ribot (nombres todos con los que Grubbs se hermana con facilidad). Profesor de las asignaturas de Radio y algo que ellos llaman Sound Art en la prestigiosa Brooklyn College (¿será casualidad que sea precisamente Brooklyn de dónde surgen bandas cada vez más interesantes?), Grubbs ha grabado un disco que parece la narración de una noche de tormenta, terrible y angustiosa en la que un optimista nato está al borde de perder la fe; una obra iluminada y demente. Ahí está el portentoso arranque ( “Gethsemani Night”, donde cede el protagonismo a la voz y a la trompeta), la irrupción del rock más o menos formal de “Holy Fool Music”, el abandono que transmite “Eyeglasses of Kentucky” o (sobre todo) el devastador final con “The Not-So Distant” una fantasía de drones, silencios y distorsiones donde Grubbs nos pone los pelos de punta literalmente y que es el punto culminante de un disco deslumbrante y necesario, casi tanto como el optimismo.

Fernando Navarro

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