An Object An Object

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No Age No AgeAn Object

7.8 / 10

De todos los grupos que se dieron a conocer en The Smell, aquel tugurio de Los Ángeles en el que se fijara a mediados de los 2000 una prensa ávida de nuevas escenas, pocos han mantenido una trayectoria tan larga y coherente como No Age: desde que publicaron “Weirdo Rippers” no han dejado de facturar discos de noise-punk en los que pueden dar buena cuenta de una decena de canciones en poco más de media hora. No deja de ser una forma clásica pero infalible desde los tiempos de Ramones, pero que Dean Allen Spunt y Randy Randall han conseguido que siga sonando fresca gracias, en buena parte, a unos directos casi infalibles. Aunque su reciente paso por la ciudad condal se vio envuelto en polémica (venían invitados por una marca de zapatillas, a la que el dúo denunció por malas prácticas en sus plantas de fabricación en Asia en plena actuación), No Age siguen siendo una apuesta segura cuando se quiere disfrutar de una buena dosis de adrenalina.

En “An Object” han bajado en decibelios, pero no en intensidad, que simplemente se ha transformado, por más que ese “ C'mon, Stimmung” que usaron como carta de presentación pudiera dar a entender que estaríamos ante un álbum continuista: no es el caso. Aunque el disco se abre con la clásica canción del dúo angelino de poco más de dos minutos y pegada inmediata, pronto sorprenden con registros mucho más pausados ( “I Won't Be You Generator”), de indiscutible inspiración noventera (Sonic Youth vienen a la cabeza en más de una ocasión, sobre todo cuando desatan su vena más experimental en momentos como “ Running From a Go-go” o “ My Hands, Birch And Reel”). Si hasta ahora No Age le habían dado a los pedales y la distorsión a himnos de espíritu punk, ahora exploran una nueva faceta dejando que sea la experimentación quien dirija las canciones, y no al revés ( “Commerce, Comment, Commence”). De los No Age más clásicos apenas quedan un par de temas (la mencionada “C'mon, Stimmung”, “Defector/ed”, “Lock box”) y durante todo el álbum da la sensación de que Spunt y Randall han pasado más horas en el estudio dejándose llevar que ciñéndose a una canción con una estructura cerrada. El resultado, imprevisible y a la vez mucho más interesante que si hubieran optado por el continuismo, sin duda hará que el dúo tenga que cambiar el formato de sus directos (que tan buenos réditos les ha dado hasta la fecha), pero a la vez los coloca en un punto mucho más interesante: la vieja fórmula, aunque segura, empezaba a sonar gastada.

Lo que No Age no han abandonado es ese espíritu DIY y esa actitud política, que en este álbum va más allá de lo estrictamente musical: el dúo se ha encargado de montar y empaquetar incluso los discos físicos, fieles a una concepción de la música que incluye todo el proceso y no sólo la composición y registro de las canciones (algo que, inevitablemente, recuerda a los orígenes de Dischord).

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