Amygdala Amygdala

Álbumes

DJ Koze DJ KozeAmygdala

7.5 / 10

A lo largo del periodo de dominación del sonido germano, con el buque Kompakt a la cabeza, DJ Koze siempre fue el raro de la clase. Un tipo excéntrico, propenso al humor delirante y a las portadas de gusto dudoso pero que, una vez en el estudio, se convertía en un espíritu intrépido de mente brillante y alma sensible. Cuando eres el freak al que todos señalan, lo único que puede salvarte es una personalidad a prueba de bombas. Stefan Kozalla la tiene y esto es lo que permite que ocho años después de “Kosi Comes Around”, y con la tiranía del minimal teutón habiéndose desplomado, DJ Koze siga sonando pertinente. Es la ventaja de forjar tu propia senda.

Más allá de sus aires lunáticos, Stefan Kozalla es un tipo de lo más lúcido. Alguien lo suficientemente listo como para darse cuenta de que no tendría demasiado sentido intentar encajar en el actual panorama bailable. Koze no pinta nada en un revival deep house que cada vez se muestra más complaciente y formulaico. Y esto es una virtud, por supuesto. Ante esta disyuntiva, “Amygdala” es su disco más pop y doméstico hasta la fecha. Un álbum pensado para la escucha serena, a ser posible con auriculares, y mucho más adecuado para tardes perezosas que para noches de alboroto. El tono general del disco, pues, está dominado por los tonos pulidos con amabilidad y las atmósferas contemplativas, otorgándole al conjunto un aire de reconfortante melancolía otoñal.

Nunca antes DJ Koze se había mostrado tan cerca de las estructuras tradicionales de canción. Esto no significa, sin embargo, que haya caído en la indulgencia. La irreverencia sigue ahí, dominando el grueso de sus impulsos creativos, pero esta vez busca domesticarla desde la pulcritud de un delicado artesano del pop electrónico. Canciones como la inicial “Track ID Anyone?”, en la que Caribou desgrana sus lánguidas inflexiones vocales sobre frágiles melodías de kalimba, “Nices Wölkchen”, en la que canta Apparat con voz legañosa o la versión del “Homesick” de Kings Of Convenience en clave R&B insular que firma junto a Ada, apelan a la emoción cándida de un modo que hasta ahora era inédito en su obra.

Pero aunque sea el disco más sentimental de Koze hasta la fecha, lo cierto es que el grueso del álbum está dominado por la contraposición entre dulzura y extravagancia que siempre ha caracterizado su carrera. En “Magical Boy” construye un elaborado diálogo entre sonoridades acústicas y samples de soul para luego adornar la críptica voz de Matthew Dear con chistosas melodías de arpa de boca y efectos de sonido propios de un gag de Looney Tunes. “Royal Asscher Cut”, por su parte, parece una simple delicadeza house de acordes amables hasta que emergen los aparentemente discordantes samples de vientos. Ya sea en cortes ligeros y soleados como “Das Wort”, o tensos y malcarados como esa suerte de jam session de frenopático que es “Marilyn Whirlwind”, Koze siempre encuentra la encuentra la manera de balancearse entre la inventiva desarmante y el disparate kitsch sin perder nunca el equilibrio. Otro buen ejemplo de ello es su versión del “Ich Schrieb’ Dir Ein Buch 2013” de la desaparecida cantante alemana Hildegard Knef,

aquí convertida en un mosaico de house neurótico a base de cuerdas, maullidos y un ritmo de swing garagero. Esta mirada iconoclasta llega a su culmen en la conclusiva “NooOoo” cuando, en medio de una nana de indietronica naïf, de repente emergen las notas del “Canon” de Pachebel. Más allá de su mayor o menor gusto estético, el recurso funciona, volviendo a poner de manifiesto algo que, a estas alturas, suena a perogrullada; Koze siempre ha tenido la habilidad (y el talento) suficientes como para que estos instantes entre la genialidad y la boutade kitsch siempre caigan de su lado. Y “Amygdala”, claro, no es una excepción.

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