New Amerykah Part Two: Return Of The Ankh New Amerykah Part Two: Return Of The Ankh

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Erykah Badu Erykah BaduNew Amerykah Part Two: Return Of The Ankh

7 / 10

Erykah Badu  New Amerykah Part Two: Return Of The Ankh UNIVERSAL MOTOWN

Para la promoción de este “New Amerykah Part Two: Return Of The Ankh” vimos a la caleidoscópica Erykah Badu rabiosa y vibrante acompañada de Lil Wayne en “ Jump Up In The Air” y pensamos que, como marca la ordenación numérica, la secuela de “ New Amerykah Part One: 4th World War” sería la quinta guerra mundial. Sin embargo, “ Jump Up In The Air” (que suena a crunk&B con toque Motown) no viene en el álbum. De hecho, el subtítulo “Return Of The Ankh” por sí sólo despeja incógnitas acerca de cómo iba a sonar el sexto álbum de la de Dallas. Sin saber si viene propiciado por su tercera maternidad o por su enésima inspiración mística (esta vez es “ La Montaña Sagrada” de Jodorowsky la que le ha servido de inspiración; podría haber sido el Tarot Osho Zen, pintar mandalas o Esperanza Gracia y sus queridísimos piscis), este nuevo trabajo es, sobre todo, más vitalista que de costumbre. A pesar de que podemos ver a Erykah Badu tendida en el suelo de Dallas desnuda con un tiro en la cabeza en “ Window Seat” –su primer videoclip oficial: la broma le ha costado una multa de 500 dólares por desorden público–, esta segunda parte de “The New Amerykah…” suena igual de cálido que sus anteriores trabajos, pero más afable y carialegre. El amor, ya sea el propio, el pasional o el maternal, reina en las letras, dejando el contenido político social al que nos tenía acostumbrados para la realización de sus vídeos.

Por eso, a pesar de que “Window Seat” acabe en muerte y suene comedida ( Questlove acaricia la batería más que golpearla), el resto del disco tiene pequeños asaltos de felicidad exultante. “ Turn Me Away (Get Munny)” es R&B de ingenuidad adolescente y “ Gone Baby, Don’t Be Long” le sigue el rollo con un poco más de madurez, pero son un preludio del clímax que es “ Umm Hmm”. La firma de Madlib, o lo que es lo mismo, la escuela J Dilla, se nota en los arreglos de viento, en los coros y en el feeling Motown; un tema tan precioso como preciosista, sí. Pero un modus operandi nada nuevo, pues hasta “la gente de aquí” lo ha practicado. Hablo de Cookin Soul y el beat que le hizo a Nach en “ Una Vida Por Delante”. Y ahora, puristas, echaros las manos a la cabeza porque he puesto en el mismo párrafo al rapero alicantino y a la casa Stones Throw. Precisamente de Stones Throw, concretamente de Madlib y J Dilla, es de donde vienen los mejores temas de este disco. Al ya citado “ Umm Hmm” habría que sumarle “ Incense”, donde el misticismo roza el erotismo gracias a una omnipresente arpa y a la voz de Erykah Badu, que se vuelve más lírica y deslizante que de costumbre. Del material póstumo que dejó Dilla se ha rescatado el beat de “ Love”, seis minutos de rítmica vocal, punteos de bajo, sirenas furtivas y declaraciones amorosas. Un tema perfecto para estrenar braguitas de estampado floral y marcarse un lap dance amoroso y sin lascivia.

Para los amantes de la parte más jazzística de la artista, Erykah Badu ha reservado un final de disco de diez minutos en los que su voz es protagonista por encima de acompañamientos musicales. Se llama “ Out My Mind, Just In Time” y demuestra que las texturas que puede dar su garganta van bastante más lejos que esa ronquera suave que la ha hecho famosa. Si no fuera suficiente, invito al lector a que disfrute de “ Agitation”. Podría ser una canción, podría ser un interludio o podría ser un extracto de una jam session de jazz. Lo que es seguro es un pase de artista para Montreux, Jazzaldia o similares encuentros de jazz, donde la americana ha conseguido ser una habitual gracias a perlas en sus discos como éstas.

Artistas con todas las letras, en los tiempos que corren, se pueden contar con los dedos de las manos. Reservarle un dedo a Erykah Badu hace justicia a su trabajo, que se encarga no sólo de co-producir, cantar y escribir, sino también de la escenografía de vídeos y directos. Encumbrada en los noventa como diva del neo-soul (título que ella ha rechazado repetidamente), con el paso del tiempo, con sus trabajos y con la desaparición de Lauryn Hill –que todavía está buscando Zion mientras aumenta la prole Marley– la Badu ha demostrado ser algo más que una figura relevante de un género determinado; ella no es el estandarte del género, sino que es un símbolo de savoir faire, un sello de denominación de origen, una marca corporativa. Lo bueno de su firma y de sus maneras es que la calidad está asegurada. Sin embargo, de tanto ir el cántaro a la fuente… un día se rompió. Y Erykah Badu tiene sobrado talento para guardar el cántaro antes de que se rompa y comprarse una Brita; quizás ya va siendo hora de renovarse y sorprender a la parroquia.

Mónica Franco

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