American Noise American Noise Top

Álbumes

VV AA VV AAAmerican Noise

8.5 / 10

Hay sellos definitorios que, en su momento más dulce, editan recopilatorios definitivos, y este abundante, copioso y próvido “American Noise” es uno de ellos. L.I.E.S. (Long Island Electrical Systems) es un sello definitorio porque su estilo, perfectamente apuntalado y perfeccionado en 2012, actúa de resumen del underground electrónico norteamericano en un momento en el que el mainstream ha estallado de manera atómica en el país del Big Mac, con raves de hasta 20.000 personas manejando el cotarro de un business que aborrega y lucra más que ilustra: el label de Ron Morelli es exactamente lo contrario, huidizo, casero, sucio y sin glamour, basado en la improvisación nerviosa con equipo analógico y nostálgico de días en los que la vanguardia llevaba nombres como acid house o cosmic disco. Con su posición de privilegio en las catacumbas del sistema techno-house de Nueva York, al frente del mostrador de una tienda y con decenas de productores y DJs de dormitorio pasando a su lado con demos atiborradas de experimentos a partir de cajas de ritmos y sintes del pleistoceno, es lógico que Morelli haya podido iniciar la expansión de L.I.E.S. destapando para un pequeño público exquisito las exquisiteces de un pequeño núcleo de amateurs que ya han empezado a pedir paso entre lo más granado de la música de baile experimental del momento. Y tras montañas de vinilos limitados, descatalogados, en míseras fundas de papel y con un diseño de galleta deficiente, llega el recopilatorio.

Ron Morelli no se ha dejado nada. “American Noise” ocupa dos CDs, tal como dicen las liner notes, con “temas apenas editados y otros descatalogados” –es decir, esas piezas que tienen los cuatro fanáticos que compran sus maxis de edición limitadísima y un puñado de rescates del cajón de pendientes– y hasta un total de 23 títulos en los que asoman los artistas que han posicionado a L.I.E.S. como un referente del baile retro, o la respuesta desde la Gran Manzana al trabajo nostálgico/arqueológico de Rush Hour o Clone –no hay que extrañarse de que algunos trabajen en ambas costas del Atlántico: Legowelt, Xosar, Marcos Cabral, Professor Genius, Legowelt, Steve Moore, Maxmillion Dunbar, etc. Para quien haya ido acumulando algunos de los 12”s de L.I.E.S., nada baratos y aún así ya agotados (casi) todos, buscados con ahínco y frustración –y dentro de unos años quizá tan caros como algunos Machine Codes o varios Rephlex–, el doble CD incluye material conocido: “Alamut”, de Professor Genius, que ya salió en el álbum “Hassan”, o “Frigia”, de Steve Moore –que fue la tercera referencia–, pero la mayor parte del tracklist son muestras del catálogo escurridizo de la serie en white label, como “Journey I.”, de Unknown Artist o “Measure” de Vapauteen. Por tanto, es un regalo para quien se acerque a L.I.E.S. por primera vez o para quien, a falta de ingresos, tiempo o distancia, jamás pudo poner sus manos sobre uno de esos plásticos gloriosos.

El registro estético es amplio. Morelli ha dado voz y presencia a todos sus artistas, incluso los más furtivos –Jahiliyya Fields, que abren el primer CD con la jam house de “Servant Garden”, o Svengalisghost–, y hay desde licuaciones cósmicas como la de Steve Moore o trotes de techno galáctico como “24 Hour Flight” de Marcos Cabral, que podría ser también un tema en el catálogo de Planet E, y por supuesto marranadas analógicas con cacharros baratos y sonido sin pulir como su propio “5th Floor”, firmado junto con Jason Letkiewicz como Two Dogs In A House o el deep house lo-fi de Terekke en “Pf Pf Pass”. “American Noise”, como todo el catálogo de L.I.E.S., diversifica su sonido a varias temperaturas y con diferentes aromas, como la melodía moruna de “Cassette Arabic” (Maxmillion Dunbar), el hard acid de “Feelings” (Delroy Edwards) o el techno tremendista de “Sansoftime” (Bonquiqui). Muestras al azar de un recopilatorio que, en realidad, no puede ser documentado tema a tema, sino que funciona –pese a su exceso de minutos– como un bloque de hormigón, impenetrable y sólido, el retrato de un momento dulce en el activismo underground de la Gran Manzana. No les brilla el pelo como a Steve Aoki, pero la música de esta tropa vale más que una carretilla de lingotes de oro.

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