I Am Not A Human Being I Am Not A Human Being

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Lil Wayne Lil WayneI Am Not A Human Being

6.4 / 10

Lil Wayne I Am Not A Human Being CASH MONEY-UNIVERSAL MOTOWN

En su última novela, “Correr”, el escritor francés Jean Echenoz relata la vida del corredor checo Emil Zátopek, un auténtico portento del running, vencedor incontestable, casi sobrado, de casi todo cuanto corrió y le dejaron las autoridades comunistas de su país, único atleta capaz de ganar la medalla de oro en unos mismos Juegos Olímpicos en las pruebas de 5.000, 10.000 y maratón, fuente de inspiración de los grandes aspirantes a recordman de los últimos cuarenta años y personaje fascinante capaz de romper la rutina de un régimen comunista con una capacidad de sufrimiento y entrenamiento fuera de lo normal y planetario. Pero además de todo eso, una de las características más destacadas de su personalidad que refleja el libro es su plena consciencia del declive. Zátopek apenas esperó un año para retirarse, cuando ya sabía a ciencia cierta que su cuerpo no rendía como siempre y cuando vio claro que para competir sin opciones de victoria era mejor dejarlo.

Quizás esa actitud es la que distingue a un campeón de verdad del resto. Cuando alguien se acostumbra a ganar resulta muy complicado aceptar la derrota, y aún más en forma de retirada. El checo apenas dudó en ese sentido y prefirió no mancillar su apabullante historial. Fuera y a otra cosa mariposa. El rapero Lil Wayne podría tomar buena nota de este apunte biográfico. No hace falta que sea al pie de la letra, es decir, no es necesaria su retirada, pero sí una toma de conciencia importante de su estado de forma desde hace ya tres años. Desde la publicación de aquel espectacular “Tha Carter III” es como si el fundador de Young Money se hubiera colapsado, como si estuviera quemado y cansado de sí mismo. No da pie con bola. Temas personales aparte, como sus problemas legales, su estancia en prisión y su manifiesta adicción a las drogas, su trayectoria musical reciente es una calamidad.

El proyecto de supergrupo Young Money salió como salió, con una puesta de largo que provocó burlas, mofas y escarnio público. “Rebirth”, su anterior álbum, ese detestable intento de fusionar rap y rock, ya lo comentamos aquí en su momento, se posiciona sin problemas entre la peor música publicada este año. Y este “I Am Not A Human Being”, originalmente un EP de avance de su “Tha Carter IV” que ha acabado convertido en un álbum largo sin entender muy bien todavía por qué, sin llegar a las cotas catastróficas de su predecesor, no es, ni de largo, el retorno al hip hop que estábamos esperando del que hace nada era el gran rey del firmamento, un MC poseído por el demonio del talento y la ubicuidad que aparecía en todos lados y casi siempre con resultados óptimos. El principal problema de su nuevo disco es la sensación de repetición total de ideas, recursos y trucos ya empleados anteriormente. Hasta la saciedad y con un balance bastante inferior a lo esperado.

De hecho, si alguien nos dijera que “I Am Not A Human Being” está fabricado a partir de retales y desechos de “Tha Carter III” nos lo creeríamos sin dudarlo. Ésa es la idea que transmiten estas canciones: gag repetido, truco desgastado, ideas recicladas. Poca chicha y mucho déjà vu a la baja. Y ni tan siquiera entro a valorar el tema titular, cuyo empleo bruto y primitivo de una guitarra rock nos lleva a pensar que éste se escapó de la selección final de “Rebirth”. Pero en líneas generales se trata de un Wayne a medio gas, con textos poco brillantes, inspirados o trabajados, que cada cual elija su calificativo favorito, y en cierto modo muy monotemático desde un prisma musical, cuando uno de los secretos de sus trilogía “Tha Carter” es la manera con la que oficializaba y daba sentido pleno a un eclecticismo sonoro y casi geográfico dentro de su propio discurso. ¿Siniestro total?, se preguntará el lector. Tampoco tanto. También hay algunos aspectos positivos que merece poner encima de la mesa.

Y es que uno de los motivos que invitan al aprobado de este disco es la simbiosis total y definitiva de Wayne con su alumno más aventajado, Drake. El canadiense aparece hasta en cuatro de las diez canciones del tracklist. Y en todas ellas el oyente puede percatarse de dos cosas: la primera, que Wayne ahora suena más a Drake que Drake a Wayne, como si las tornas hubieran cambiado y la referencia ya fuera el discípulo; la segunda, que la adopción de un discurso más sofisticado, intimista y ligero no es, ni mucho menos, perjudicial para su actual estatus. De hecho, los dos mejores momentos del álbum, “I’m Single” y “Without You”, pertenecerían a esta categoría, a día de hoy mucho más consistente y atractiva para su carrera que ese empeño casi troglodita de buscar el crossover rock o que la obsesión, ya caducada y superada, del autotune. Para rematar la faena, no hay que negar otra evidencia: a pesar de su baja forma, a Lil Wayne no se le ha olvidado hacer hits, y ahí queda ese “What’s Wrong With Them”, con la omnipresente Nicki Minaj, para dejar claro incluso a sus haters que a Weezy no hay que descartarle nunca en las apuestas. Siempre puede volver. De hecho, tengo una corazonada: volverá.

David Broc

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