Alphabet 1968 Alphabet 1968

Álbumes

Black To Comm Black To CommAlphabet 1968

8.8 / 10

Black To Comm  Alphabet 1968 TYPE

Acostumbrado al aluvión de discos de drones y de ambient que se publican recientemente, sobre todo en su versión más oscura y tenebrosa, es lógico que el oyente, saturado de títulos-brasa que aprovechan la coyuntura para colarnos auténticos ladrillos loopeados, se muestre muy reticente y desconfiado cada vez que sale una nueva referencia procedente de ese universo musical y temático. Es normal que muchos estén quemados con el tema y no tengan muchas ganas de seguir pagando por aburridos, aleatorios y evidentes mantras de ruido que alguien nos ha intentado vender sin el menor escrúpulo ni la menor vergüenza. Está claro que no todos los días uno puede toparse ni cruzarse con una obra del calibre y la envergadura de “Sadly, The Future Is No Longer What It Was”, de Leyland Kirby, así que se entiende e incluso se invita a que prime esa actitud a la defensiva ante según qué recomendaciones.

Con estos antecedentes, pues, “Alphabet 1968”, el nuevo disco de Black To Comm, podría pasar desapercibido y entrar en el círculo de los álbumes olvidados como consecuencia de un contexto superpoblado que ha sembrado la desconfianza. Por suerte, no es este un título más dentro del microcosmos del dark ambient y de los drones, sino que aquí tiene lugar una portentosa exhibición de talento, creatividad e ingenio que sí merece atención y un puñado de euros. Esto es diferente, otra cosa, otro nivel. Para empezar, su artífice es Marc Richter, amo y señor del sello Dekorder y una de las figuras más destacadas del firmamento electrónico experimental del momento, personaje con experiencia y bagaje que ha demostrado y vuelve a demostrar aquí que sabe hacer algo más que un loop de noise o ambient. Richter sabe conjugar numerosos vértices expresivos al mismo tiempo, y “Alphabet 1968” quizá sea su demostración más poderosa y brillante hasta la fecha: capas ambientales, grabaciones de campo, instrumentos variopintos, objetos de metal, pianos, feedback tenebroso, refritos de vinilo, sonidos acústicos e incluso xilófonos son algunos de los recursos que el creador alemán utiliza en esta controvertida sinfonía del horror que se aúpa entre lo más destacado de este año.

La raíz del proyecto cabe buscarla en el dark ambient, con una predilección casi enfermiza por las texturas claustrofóbicas, la presión ambiental, los sonidos inquietantes y un trasfondo de puro terror que ha dado sentido y coherencia a su trayectoria. Pero a diferencia de algunas de sus ineludibles influencias, como Deathprod, Biosphere o Deaf Center, Richter apuesta en “Alphabet 1968” por una revisión del género en clave aperturista y ecléctica, alterando el tono, el estado de ánimo e incluso la estética a lo largo y ancho del disco. No es una grabación uniforme y monocorde, sino que promueve el lenguaje sonoro más vistoso y variado de su carrera. Por ejemplo, “Forst”, un viaje de diez minutos, tiene la mirada puesta en Gas y en ese ambient brumoso, congelado en el tiempo pero con cierto ritmo en las entrañas, que va creciendo a medida que va contaminando al oyente y esparciendo su virus hipnótico. Es más reconfortante y ensoñador que pavoroso. En cambio, “Houdini Rites”, ejecutada mediante la colisión incesante de extraños objetos metálicos, es una pesadilla noise que esquiva todos los tópicos del género y genera una bola de ruido a partir de la originalidad y la diferencia.

Entre la nostalgia, el miedo, la hipnosis y el ensimismamiento, “Alphabet 1968” tiene algunos momentos de inevitable referencia hauntológica, especialmente el tema de cierre, el glorioso “Hotel Friend”, y se suma a la vorágine de propuestas de alta calidad y proyección creativa que se han movido por esas aguas del esoterismo musical a lo largo y ancho de esta temporada. No es un disco plomo que confunde el misterio con el tedio o la somnolencia, sino que estamos ante una obra de envergadura, ambiciosa, imaginativa, vibrante y totalmente emotiva que se plantea retos importantes en el marco de una escena atiborrada de impostores y estafadores profesionales. Si ya has comprado el triple CD de Leyland Kirby y “By The Throat” de Ben Frost, este tiene que ser el siguiente en tu lista de la compra.

Julio Pardo

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