Alpha & Omega Alpha & Omega

Álbumes

Arne Weinberg Arne WeinbergAlpha & Omega

7.4 / 10

Arne Weinberg  Alpha & Omega AW-RECORDINGS Arne Weinberg tiene complejo de viejo. No es que sea como Benjamin Button, que nació arrugado como un guiñapo y va para atrás, como los cangrejos, sino que se siente joven cuanto más antiguos son sus referentes. Esto, en esencia no es ningún problema: en el circo del rock y el country lo vemos cada día con un buen número de nuevas bandas que reciclan la música que escuchaban sus abuelos como si todo estuviera aún por inventarse; puestos a rastrear orígenes, nadie está libre de pecado. Pero con el techno tenemos el eterno agravio comparativo: lo que para unos es actitud y respeto a las fuentes, para otros es una antigüedad intolerable: parece como si la música electrónica no tuviera derecho a husmear entre sus propios orígenes del mismo modo en que el cochino hoza la trufa, estigmatizada por su adhesión al futurismo, la tecnología y el progreso. Uno está de acuerdo en no dar el mismo valor a un disco revivalista que a otro que abre brecha, y “Alpha & Omega” es reciclaje, revival, y no merecería los adjetivos elogiosos que se están llevando, por ejemplo, productores que definen a la perfección este 2009, sea el caso de Joker, Harmonic 313 o Kettel. Pero mientras haya un tío con un banjo ahí fuera al que se le permite estar conservado en formol, cualquier productor neo-Detroit seguirá teniendo el mismo valor que un anillo de oro.

Arne Weinberg: alemán, prendado del viejo sonido de principios de los noventa, destellante y analógico, con escapadas planetarias y breves notas prolongadas y desvanecidas como la cola de un cometa. A este hombre le encanta todo lo que suene a viejos vinilos de Transmat –la programación de la caja de ritmos en “Nightstalker” no resiste las comparaciones con el “Nude Photo” de Rhythim Is Rhythim–, a aquellas bonitas descripciones de los espacios siderales que sugerían, como el pincel de un Renoir, los primeros maxis de Carl Craig en Planet E y, ya situándonos en el plano europeo, la lectura que de todo aquel asunto por entonces fascinante y futurista, ofrecían alias como Balil –una de las muchas caras de The Black Dog–, Redcell –seudónimo de B12– y la primera generación de la artificial intelligence inglesa vía Warp.A través de AW-Recordings, Weinberg ha ido dando salida a una nueva escuela de la nostalgia intelligent techno y de la vocación neo-Detroit: sonar hoy tal como ayer se imaginaba el mañana –en palabras de Stacey Pullen. Esos maxis, en los que han ido asomando nombres de culto entre los pescadores de exquisiteces techno como Deixis, Erell Ranson, el veterano The Moderator –de la escuela holandesa– y el preciso Convextion –uno de los mejores activistas del nuevo Detroit, en paralelo a la gente de Deepchord–, son la prueba de que la música puede conservarse como las sardinas en lata y no perder esencia, ni valor, ni poder de seducción. Arne Weinberg es, ante todo, un estilista delicado y con olfato, que se tiene memorizados los recopilatorios de R&S y Buzz, que se ha escuchado los álbums de Germ, The Black Dog y The 7th Plain en GPR, que daría medio brazo a la carnicería para que de él hicieran salchichas con tal de poder regresar en el tiempo y ofrecer una maqueta a Warp en vistas a su publicación en el primer “Artificial Intelligence”. Lo hace viejo –y con complejo de viejo–, pero lo hace bien como pocos –entre esos pocos están Redshape o el desaparecido Jacen Solo–.

Tras un par de trabajos ambiciosos como el primer álbum, “Path Of The Gods” (2007) –en doble vinilo, nunca se publicó en compact– o el recopilatorio “Viewpoints Chapter One” (2008), en el que Weinberg daba cancha a otros que, como él, consideran que la verdad del techno está veinte años atrás, “Alpha & Omega” se presenta como su obra definitiva, su testamento estético, el compendio por el que querría ser recordado: es un doble CD, con la parte convulsa en el primer posavasos – “Everlasting”, “Arcane”, “Synthetic Dissection”, “Defining Negative Spaces”, “With Trembling Hands”: techno sobre la magnitud del tiempo, el misterio del sonido, el espacio exterior, la afiliación a la tecnología y a la emoción sintética–, y un segundo disco de regalo en el que aparecen sus trabajos ambientales, segmentos de hasta dieciséis minutos de paseo ingrávido – “Leviathan”, “Exoplanets”, “Nightflight On Dark Wings”– que traen recuerdos de cuando Biosphere y Global Communication eran dios. ¿Revival? Sí, a saco. ¿Revival del bueno? No, mejor aún.

Javier Blánquez

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