Almanac Almanac

Álbumes

Widowspeak WidowspeakAlmanac

7.2 / 10

El timing suele ser muy importante en el mundo discográfico y en el caso de Widowspeak no lo es menos. Estamos hablando del dúo compuesto por Molly Hamilton y Robert Earl Thomas que proviene de Tacoma, una pequeña ciudad en el noroeste de Estados Unidos, que cambiaron por Brooklyn para perseguir sus sueños musicales. Después de formarse en 2010 lanzaron un par de sencillos un año después que consiguieron caldear el ambiente de cara a un álbum que salió en el verano de 2011 a través de Captured Tracks. El problema con el que probablemente se toparon es que por entonces el dream-pop en el que se les podría encasillar (aunque su música también bebe de otras fuentes como el folk, la psicodelia y las baladas pop de los 50) ya era un género algo saturado y, además, no escogieron la mejor estación del año precisamente para darse a conocer. Así, pasaron algo desapercibidos, hasta el punto que fueron olvidados en los festivales españoles, a menudo una herramienta para valorar el impacto de una banda.

Para su segundo disco, “Almanac”, han escogido una época del año en el que la gente dedica más atención a la música y está más ávida de novedades. También hay algo en su música, cálida e invernal a la vez, que hace a este disco muy apropiado para estas fechas. Algo de culpa tendrá que lo grabasen en un establo de 100 años en el valle del Río Hudson en el estado de Nueva York el año pasado con la ayuda de Kevin McMahon (Swans, Real Estate). El crepitar de una hoguera en lo que podría ser una cabaña se puede oír al principio del álbum, y en general, todo él viene cargado de referencias e influencias apocalípticas (Molly quiso grabarlo antes del 22 de diciembre de 2012, pese a no creer firmemente que se iba a acabar el mundo). Hay algo de oscuridad y pavor en las letras de estas nuevas canciones: “You know nothing stays the same / You gotta keep your story straight / But it’s getting kind of late / Don’t know what you’re waiting for / I waited in the dark for you”, canta Hamilton en la elocuente “The Dark Age”. Hay en ellas una fuerza renovada, aunque los puntos de referencias sean más o menos parecidos a los del debut. El dúo ha ganado en fuerza, sus canciones son más potentes ( “Perennials”), con riffs más pegadizos (esa “Dyed In The Wool” que es puro Mazzy Star), más bellas ( “Thick As Thieves”, que se sostiene prácticamente con un acordeón y la dulce voz, sin percusión alguna). También se observa más valentía. Si en “Widowspeak” había leves coqueteos con el dream-folk, aquí hay gemas preciosistas de folk como “Minnewaska”, con ruido de luciérnagas incluido. O en “Sore Eyes” se puede contemplar el gusto que tienen por las bandas sonoras de Western a lo Ennio Morricone, aunque desde luego los resultados son inferiores a los que cosecharon Still Corners en su álbum de debut.

Hay quien ya ha criticado este disco por querer abarcar mucho y apretar poco. No creo que sea el caso de Widowspeak, pues tienen voz propia y tienen clara su dirección musical. Otra cosa es que con ella consigan embriagarnos. Y lo cierto es que se quedan a medias. Hay aquí grandes canciones como la rockera “Devil Knows” o “Ballad Of The Golden Hour”, y el disco con las escuchas crece, pero parecen demasiado apegados a ese pasado que tanto aman, hasta el punto en el que uno pueda pensar a ratos que son una banda tributo de Mazzy Star para lo bueno y para lo malo (ojo a “Storm King” y esos torbellinos eléctricos de guitarra). Cuando se den cuenta de eso es probable que consigan despegar del todo y que los festivales empiecen a llamarlos.

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