‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend! ‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!

Álbumes

Godspeed You! Black Emperor Godspeed You! Black Emperor‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!

7.4 / 10

Lo mejor y lo peor de Godspeed You! Black Emperor es que por mucho que espacien y dilaten el tiempo de silencio entre disco y disco, su discurso apenas evoluciona o permuta. Han pasado siete años desde “Yanki U.X.O.”, y cuando escuchas este regreso por primera vez sientes que nada ha cambiado en su funcionamiento interno, que no hay nada en su fisonomía que lo relacione con 2012 o con un hiato temporal de semejante envergadura. Muchas veces la sensación que transmite la banda canadiense es que graba discos porque toca, porque hay unas viejas canciones que han rodado y exprimido en directo y hay que dejar constancia de su existencia, pero no porque contemplen la grabación de un álbum como un proceso determinante para la supervivencia y maduración del combo, que todavía hoy sigue manifestando su deseo de escapar de cualquier convencionalismo y regla ortodoxa aplicable a un grupo de rock.

Esta línea continuista es justamente lo que esperan y agradecen sus seguidores más fieles y convencidos, ávidos de nuevas megaconstrucciones progresivas que remitan a esa fascinante idea de bar mitzvah sulfúrico y devastador que seguimos asociando a sus canciones. Pero su público menos integrista quizás echa de menos curvas de progresión y signos de refresco en su sonido, un achaque que ya le hicimos a “Yanki U.X.O.”, difícil regreso tras la explosión, creativa pero también mediática, que significó “Lift Your Skinny Fists Like Antenna To Heaven” (2000), y que se aplica también a este “‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!” en que la banda intenta estilizar su propuesta sin salirse en ningún momento de su propia zona de confort estilístico. Por estilización entiendo una suavización de las formas –los violines tienen más presencia, y no como soporte agresivo y chirriante en las explosiones de ruido; la base rítmica es menos violenta y está menos presente– y una ligera modificación en las estructuras –hay crescendos, pero no aquellos subidones casi apocalípticos que incitaban a invadir el país vecino; y los drones ambient toman el mando en la recta final del recorrido–, pero todo ello tratado con mucha cautela, con muchas reservas.

El hecho de que “Mladic”, pieza de apertura, y “We Drift Like Worried Fire”, a quien pocos discutirán su condición de mejor momento de todo el álbum, vengan de lejos y tengan unos cuantos años de rodaje, ayuda a que el sonido de GY!BE se agarre a sus propias credenciales: son dos canciones de perfil ortodoxo dentro de su idiosincrasia, de veinte minutos cada una y con el predecible diseño de calma-tensión-calma-clímax que siempre ha caracterizado a sus pequeñas sinfonías del terror. La segunda de esta dupla impresiona y aturde, sobre todo por el vaivén melódico que proponen las guitarras y por los cambios de ritmo y tempo implicados en su construcción. Solo por este himno memorable ya merece la pena haber estampado en plástico este regreso. Los otros dos cortes, precisamente los de nuevo cuño, son los que imprimen al álbum cierto aire fresco, pues prescinden por completo de los elementos referenciales de su sonido: “Their Helicopter’s Sing” y “Strung Like Lights At Thee Printemps Erable” se acercan al ambient desde diversos puntos de vista, pero sin la presencia de baterías o guitarras en espiral. La primera lo lleva a cabo con una conjunción de gaitas e instrumentos de viento y cuerda de tintes avantgarde; la segunda hace lo propio con un drone de feedback que evoluciona hasta expulsar una bola de ruido a modo de broche final del tema y el disco.

A mi modo de ver, “‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!” no es el resultado de siete años de espera, sino más bien una plasmación gráfica de que en este tiempo la banda no se ha dedicado a sestear, que no es lo mismo. Y se nota en el resultado. Es difícil quitarse la idea de que estamos ante un título menor en su discografía, y no solo porque el setenta por ciento de su minutaje surja de una actualización arregladita de canciones antiguas, sino también porque se tiene la impresión en todo momento de que esto es más un regreso que un nuevo álbum al uso. Un regreso cargado de buenas noticias, eso sí: una, esa monumental “We Drift Like Worried Fire” que nos devuelve la mejor cara del grupo; la otra, que pese a la oxidación de sonidos y tendencias inherente al paso del tiempo, Godspeed You! Black Emperor siguen encajando en nuestro presente.

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