All Will Prosper All Will Prosper

Álbumes

Goldmund GoldmundAll Will Prosper

6.6 / 10

WESTERN VINYL

Keith Kenniff ha terminado por afirmarse como un artista de registros variados, y de la IDM melódica del primer disco que grabó como Helios (el ya mítico “Unomia”) al dream-pop que ha venido desarrollando en los últimos meses con su esposa bajo el nombre de Mint Julep han ido dándose muchos cambios, muchos terrenos distintos que el compositor norteamericano necesitaba explorar, del folk a las texturas ambientales de soundtrack y la música instrumental para piano, que es donde se ha enmarcado siempre la producción firmada bajo su alias Goldmund. “All Will Prosper” no es un disco de piano solo –o no exclusivamente–, y sin embargo es un álbum que sólo podía venir de Kenniff, pues se inspira en uno de los asuntos a los que desde el comienzo de su carrera ha ido regresando como una constante inevitable, la música tradicional de los Estados Unidos durante la Guerra de Secesión (1861-1865).

El primer disco que Kenniff grabó como Goldmund, “Corduroy Road” (2005), era –en parte– una interpretación al piano de algunas tonadas que cantaban los soldados durante el conflicto entre los estados del norte y del sur, conservados a lo largo de generaciones gracias a la tradición oral. Había también piezas propias inspiradas en la levedad sencilla de esas melodías por las que sobrevolaba la muerte y la hermandad, hoy ya convertidas en un referente primerizo de la vía neoclásica y su acercamiento al folk tal como lo ha acabado perfeccionando Peter Broderick, pero posiblemente, a ojos de Kenniff, “Corduroy Road” fuera un disco demasiado libre, no del todo respetuoso con el pasado: era más un ejercicio de piano que un disco sobre la guerra –en el sentido de que la forma tapaba las intenciones del fondo–, pero eso queda solucionado en “All Will Prosper”, una segunda visita al frente en el que, ahora sí, Goldmund busca conservar y recrear una época, un momento que sigue sangrando en el alma americana –y en la suya– y que quiere capturar con el piano, por supuesto, pero también con guitarra y banjo, imaginando cómo podrían sonar en una noche triste esas canciones – “Dixie”, “Who’ll Save The Left?”, “Amazing Grace”, todas ellas célebres y reconocibles– en una casa de refugio, una cantina o a la lumbre de una hoguera.

No deja de sonar a disco neoclásico con aroma folk –o viceversa– y en ningún caso pretende ser un documento fiel, antropológico y de arqueología de un momento histórico, como aquellas antologías de música popular recuperadas por Harry Smith a mediados del siglo XX. El piano suena aquí como un metrónomo, marcando el tono y el tempo lento salvo contadas excepciones en las que se carga de sentido y significado ( “The Yellow Rose Of Texas”, igual que “Bonnie Blu Flag”, es una pieza puramente instrumental), mientras que la guitarra, que aparece por primera vez en un disco de Goldmund y conecta este proyecto con los recientes planteamientos folk de Kenniff bajo su alter ego principal, Helios, decide la melodía, el ambiente y el aire de solemnidad de un conjunto emocionado en el que se nota el peso inevitable de la muerte y la ausencia, hasta el final cerrado con esa pieza universal que es “When Johnny Comes Marching Home”.

Desde un punto de vista 100% Goldmund, “All Will Prosper” que cuesta aceptarlo como pariente de obras como “The Malady Of Elegance”: le falta la fantasmagoría y la mancha de ceniza de esas piezas de piano depresivo, y las guitarras, aunque parezcan de cristal, hacen pensar más en música popular que en música culta, un extremo al que Goldmund estaba próximo gracias a su participación de la estética más refinada del impresionismo y el minimalismo. Pero, por otra parte, cuesta llevar a cabo un proyecto como este, con la Guerra Civil americana como punto de referencia –con lo que nadie se atreve a frivolizar–, sin concretar la forma y haciendo reconocibles las canciones, evitando cualquier tipo de confusión o registro experimental. “All Will Prosper” es un disco de versiones y, aunque éstas sean libres, acaban sonando próximas a su modelo original. También es un pedazo de historia, un disco para no olvidar un momento triste y su música, un puñado de canciones que, como cualquier arte en un momento límite, recogieron en su sencillez los horrores y las esperanzas de unos hombres que convivían con la muerte cada día.

Robert Gras

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