All Is Falling All Is Falling

Álbumes

James Blackshaw James BlackshawAll Is Falling

7.5 / 10

James Blackshaw All Is Falling YOUNG GOD

“All Is Falling” es el nuevo (y noveno) ejemplo de la técnica a las seis (o doce) cuerdas que puede llegar a adquirir alguien que roza la treintena y se ha pasado años encerrado en una habitación practicando durante doce horas al día. Pero no cualquier técnica. La experimentación desacomplejada con la que trabaja James Blackshaw es pura vanguardia acústica. Y después de haberlo escuchado realizar ejercicios topográficos y en profundidad sobre la sonoridad guitarrera, en la presente obra abraza los escarpados acantilados electroacústicos por primera vez en su carrera.

¿Se nota alguna evolución? Si bien la base eléctrica no es una constante, sí es una chispa que acerca los sonidos avant-folk a una visión casi orquestal (que casi podemos percibir como el fluir de la conciencia), debida, en su mayor parte, por el uso de las técnicas que descubrió Steve Reich (exhibicionista de lo minimalista), como por ejemplo los efectos de fase repetidos. Y es que en el mundo de la experimentación las fronteras se difuminan y uno puede escuchar desde creaciones de laboratorio (digámoslo claro: música no vendible más allá de su valor conceptual. Oigan si no “I’m Sitting In A Room”) hasta conatos new age que parecen cirrocúmulos de notas dispersas y transparentes llevadas por el viento y que no dejan rastro tras de sí salvo por un dibujo bonito sobre el papel ( Michael Hedges en el extremo más sosegado, y la ristra de virtuosos ruidosos, como Joe Satriani, en el otro, por ejemplo). James Blackshaw, efectivamente, ha evolucionado hacia ocho partes de música folk amasada como una pizza del espesor del moño de Amy Winehouse y parece que en realidad nos haya regalado un paquete de música de cámara. Gracias en parte a sus colaboradores, Charlotte Glasson (violín y flauta), Fran Bury (glockenspiel, piano y voces) y Daniel Madav (chelo), pero sobre todo a una capacidad de composición que tumba a los Defensores de lo Etéreo a base de arpegios mezclados con leves variaciones (tremendo piano en “Part 1”) y les demuestra que sí se puede emocionar con lo básico, siempre y cuando se comprenda que la estructura subyacente es como la superficie de un microchip, compleja y engañosa sin microscopio a mano. A su modo, Andrés Segovia revolucionó la manera de tocar la guitarra española, y aunque interpretaba a antiguos monstruos (Bach, por ejemplo), de sus dedos surgían compasión, belleza y crueldad a partes iguales. Blackshaw, por momentos, sigue reivindicándose al respecto (oigan la dulce muestra “Part 2” y la levemente más variable “Part 3”), pero también se centra en la variedad de sonidos (desde “Part 4” y yendo a más hasta “Part 6”) y acaba desmelenándose del todo en la casi sinfónica “Part 7”, un compendio de lo escuchado antes, y la conclusiva, ambiental y como nacida de una máquina, “Part 8”.

La técnica de digitación de John Fahey, la sumisión de las doce cuerdas ante Robbie Basho o el aspecto bruto de Glenn Branca y Rhys Catham (habría que ver qué lazos ocultos existen entre la no-wave y el avant-folk, podría ser una epifanía), así como el ya mencionado Steve Reich y su pandilla de amigos minimalistas, no lo olviden, pueden caer todos con mucha facilidad en el saco del experimento de laboratorio apto sólo para freaks. Afortunadamente, sin embargo, siempre nos quedarán artistas como Blackshaw que, a pesar de su virtuosismo, entienden todo el proceso físico-mecánico de la creación musical como un medio para transmitir algo. Al fin y al cabo, los nuevos sonidos y técnicas se van con las noticias y se quedarán para siempre entre las cuatro paredes de un conservatorio.

Jordi Guinart

James Blackshaw - part 3

James Blackshaw - Part 6 (2010) unofficial fan video

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