All Hell All Hell Top

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Daughn Gibson Daughn GibsonAll Hell

8.6 / 10

Estamos tan habituados a que los discos de debut nos lleguen tras meses de calentamiento y engorde del hype que resulta muy refrescante dar con un álbum que parece que haya salido de la nada, como ocurre con este estupendo, breve pero intenso “All Hell” del estadounidense Daughn Gibson.

Gibson procede del estado de Pensilvania, perteneciente a la misma división geográfica que los estados de Nueva York y Nueva Jersey, y aunque en este sentido no se puede decir que Pensilvania pertenezca a la América profunda –al fin y al cabo, en hora y media se puede llegar a Nueva York para ver un concierto, como recuerda el propio Gibson en una entrevista– sí que está a las puertas, y desde luego la temática del disco se mete de lleno en la mitología de los estados interiores, explotada a conciencia en el minimalismo literario –de hecho, “All Hell” presenta numerosos rastros del minimalismo tanto literario como musical–. El primer tipo de minimalismo, y en especial su extensión en forma de realismo sucio representado por escritores como Raymond Carver, John Fante o Richard Ford, está muy presente en las letras de este disco, meros esbozos de situaciones dramáticas pero cotidianas y personajes a la deriva, superados por las circunstancias a su alrededor en las que, en este disco, tienen un lugar especial las relaciones entre padres e hijos, como por ejemplo en las canciones “Tiffany Lou” y “Ray”. A pesar de la concisión, las situaciones apuntadas en las letras son capaces de resonar en el lector/oyente, y su impacto se intensifica mediante una cuidadosa selección de detalles del contexto en el que tienen lugar, transmitidos en el caso de este álbum mediante una atmósfera nocturna, sin llegar al extrañamiento lynchiano o al gótico sureño, ya que las canciones de Gibson se mantienen solidamente asentadas en el realismo. En este sentido, el modo en que usa los samples para construir bucles refleja cómo los personajes están atrapados por sus situaciones, mientras que elementos electrónicos como los ritmos permiten asentar estas historias en el presente no solo musical sino de una sociedad en la que la tecnología y los medios digitales están cada vez más presentes.

En el minimalismo literario también tenía un papel importante la deconstrucción de los arquetipos del héroe masculino. La masculinidad es algo que está tan presente en este disco y de un modo tan subrayado mediante la profunda voz de barítono de Daughn Gibson, su pasado como camionero, y por supuesto la portada que casi se tiene la tentación de pensar que hay algo de ironía en todo esto, aunque la aparente hipermasculinidad del disco tiene su contrapunto en los personajes masculinos a la deriva que aparecen en sus canciones.

“Bad Guys”, el tema con el que se abre el disco, da la sensación, en las primeras escuchas, de ser un tema de country/americana al uso, hasta que te das cuenta de que está construido con loops, simplemente partiendo de unos pocos motivos que se repiten una y otra vez, un patrón de composición que se repite a lo largo del disco y permite conectar el disco con el minimalismo sonoro, que, al igual que su equivalente literario, se trata de un género eminentemente estadounidense. Al disponer los samples de música country en forma de loops, Gibson resalta los aspectos rítmicos, que a su vez permiten que el disco se acerque a la música electrónica, llegando de este modo a un cruce de caminos entre el country y la música de baile.

Se han hecho muchas comparaciones entre Daughn Gibson y artistas country y de baile. Se ha hablado de un cruce entre Nick Cave y Burial, o entre Lee Hazlewood y James Blake, unas comparaciones que demuestran que Gibson ha dado con un filón que nos ha pillado a todos por sorpresa al explorar un insospechado lugar intermedio entre estos artistas. El propio Gibson cita a Demdike Stare y Burial como sus principales influencias, y es cierto que la electrónica oscura y emocional de ambos está presente en el disco, aunque no de manera directa, más bien en la creación de atmósferas noir.

Aunque por cierta proximidad estética se pueda tener la tentación de relacionarlo con los productores de dormitorio, en la música de Daughn Gibson se pueden escuchar más bien los hogares en los que se desarrollan los dramas de sus letras, así como los grandes paisajes estadounidenses sugeridos por el caracter repetitivo de la música y de los que Gibson probablemente se empapó en su trabajo como camionero. Además, al contrario que en el caso de los productores de dormitorio, su música no es introvertida sino orientada a los problemas resultantes de los roces entre los personajes de sus canciones. También se ha hablado mucho de Scott Walker en relación con este disco, y lo cierto es que en ocasiones parece acomodarse en un punto intermedio entre sus primeros discos pop y los más recientes y experimentales. Pero el magnetismo del disco, su capacidad adictiva, se debe también en buena parte a la pericia de Gibson para las melodías vocales sólidas, redondas y memorables.

“All Hell” dura apenas treinta minutos y deja con ganas de más, pero hasta en cuanto a duración el disco es adecuadamente minimalista y conciso. No necesita más tiempo para crear una estética personal, darnos temas memorables como “Tiffany Lou”, “Lookin’ Back on ‘99” o “Ray” o para terminar en un punto álgido con el cruda y casi épico tema que da título al álbum. No lo dudes, “All Hell” es la mejor sorpresa de lo que llevamos de año.

Tiffany Lou

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