All My Friends Are Funeral Singers All My Friends Are Funeral Singers

Álbumes

Califone CalifoneAll My Friends Are Funeral Singers

7.1 / 10

Califone  All My Friends Are Funeral Singers DEAD OCEANS / POPSTOCK!

La americana: ese no-género particular y difuso en el que se juntan viejos sin dientes y con barba descuidada, rockeros que han escuchado demasiado a Neil Young, improvisadores de porte elegante, cantantes de country comidos a piojos y hasta algún grupo de querencias pop. La americana, en fin, es un cajón de sastre en el que metemos todo lo que huele a música “con raíces” estadounidenses (venga o no de Estados Unidos, que eso es otro cantar) pero que se empeña en desvirtuar el molde original. Música que por eso se hace difícil de catalogar, que quiere y no quiere pertenecer a un mundillo donde se lucen con orgullo el inmovilismo y la pureza de formas. A este servidor, que se emociona mucho más con un nerd capaz de arrancarle un drone de quince minutos a su guitarra eléctrica que delante de un señor que toca el banjo en el porche de su casa de madera mientras entona alguna letanía ancestral y vacía un botellín de Bud, todo esto de la americana se la trae bastante al pairo. Salvo que hablemos de algunas excepciones muy contadas, entre las que está Califone.

Y es que, tras cerca de una década repartiendo discos entre sellos minúsculos y grandes (hasta ahora formaban parte de Thrill Jockey), Califone se ha convertido de manera objetiva en uno de los mejores proyectos de (ejem) folk que existen ahora mismo en el país de Obama. Folk marciano y enrarecido, eso sí, en el que intervienen grabaciones de campo, samples extravagantes, muchos cut-ups, manipulaciones efectistas de los instrumentos y giros inesperados hacia un improv en el que los drones tienen mucha presencia. Es decir, que se trata de una banda que presta tanta atención a la composición como al trabajo en el estudio, y que encima no tiene miedo a la contaminación de estilos.

Una vez dicho todo esto, hay que reconocer que “All My Friends Are Funeral Singers” no alcanza la grandeza de los dos últimos discos de la banda: “Heron King Blues” (2004) y, sobre todo, “ Roots & Crowns” (2006). Y curiosamente no la alcanza porque esa extravagancia que era la característica principal de su sonido aparece aquí adormecida: no infecta a todo el disco, y eso significa que hay canciones que se dejan llevar por un sonido más (digamos) clásico, y se resienten por ello. “Polish Girls”, por ejemplo, suena como un velado homenaje a Elliott Smith, una canción redonda y brillante que estaría muy bien si la hubiera escrito una banda novel, pero no cuando la graban unos tipos que justo antes han levantado una suerte de blues monstruoso y deconstruido, “Giving Away The Bride”, en el que las guitarras rezuman óxido, la percusión está construida sobre algo que parecen gruñidos de una deidad atávica y todo el plano de fondo se desliza sobre drones y burbujeos acuáticos. Es entre esos dos extremos, la experimentación más radical y el discurso tradicional con matices, por donde se mueve un disco que no es en absoluto malo (no podría serlo con temas como “Ape-Like” o “Buñuel”), pero que pierde pie en el apartado de la cohesión. Una indefinición cuya única explicación plausible es que el álbum sirve de banda sonora para una película, titulada de igual manera, que ha rodado el cantante de Califone, Tim Rutili, y que la banda piensa proyectar en directo durante su próxima gira. Habrá que confiar, pues, en que todo lo que aquí suena está plegado a las imágenes del filme, y que obedece a un plan más ambicioso del que “All My Friends Are Funeral Singers” sólo constituye una primera pieza.

Vidal Romero

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