All Day All Day

Álbumes

Girl Talk Girl TalkAll Day

7.3 / 10

Girl Talk All Day

ILLEGAL ART

Cuando surgió “Night Ripper” (Illegal Art, 2006), Gregg Gillis parecía el salvador del pop. Dos años después, con la publicación de “Feed The Animals” (Illegal Art, 2008), para muchos la broma se había acabado y Gillis era poco menos que un estafador. La blogosfera, esa entelequia –¿qué fue de ella? ¿dónde están ahora esos blog sesudos de la extensión de cuatro capítulos del “Ulysses” a cambio de cero euros que iban a cambiar el statu quo en el circuito académico democratizando la opinión autorizada?–, se lanzó a una frenética carrera de discusiones bizantinas sobre qué valor real tenía la aportación de Girl Talk a la cultura popular en su defensa de las técnicas de reciclaje, hipertextos, multirreferencialidad y demás vainas. Recuerdo frases pomposas (y ridículas) sobre (sic) “vasectomía cultural”. Y la pregunta es: ¿qué espera la gente de un mash-up, que es básicamente música para que se rían los borrachos? ¿Un cambio de paradigma? Si prefieren, les cito un pasaje de la “Bhagavad Gita”, el tranco más sagrado del gran libro de la cultura hindú, el “Mahábharata”: “lo irreal no existe y lo que es real nunca deja de existir”. O lo que es lo mismo: Girl Talk nunca podrá construir un nuevo lenguaje para el pop, ni destruir el que ya conocemos, porque se fundamenta única y exclusivamente en él. No se puede construir otra persona a partir de lo que ves en un espejo. Él monta puzzles, cuenta chistes, todo es lúdico y bromista. Cualquier intento de encontrar un enfoque intelectual cae por su propio peso, porque no es lo que busca ni lo que su discurso exige. Poner a Girl Talk en una perspectiva histórica como un salvador es como esperar que Judd Apatow se convierta en el próximo Orson Welles.

Dicho esto, “All Day” está aquí. En descarga directa, porque los discos de Girl Talk infringen tantos derechos de autor que la sola idea de verlos una vez más en formato CD en una tienda sería una doble ruina (porque cada vez se venden menos CDs y siempre hay algún abogado ávido de chupar sangre para alimentar el cadáver de U2 o gente así). Y, una vez más, el mismo chiste, el mismo rompecabezas diabólico de 372 samples montados uno encima del otro con una habilidad y una paciencia que sólo se puede superar si uno se dedica al noble hobby de meter barcos dentro de botellas. Lo que quería decir antes es que una pieza musical de 72 minutos que se compone, como los cuatro álbumes anteriores, de beats, estribillos, riffs y los fragmentos más significativos de parte de la música más exitosa (en los charts) de los últimos años nunca podrá ser ni el futuro ni el fin del pop. Es como creer que un vómito, o el final de una digestión, es el futuro de la cadena alimentaria que extinguirá a ciertas especies –como los dinosaurios– y dará pie a extrañas mutaciones en las moléculas de ADN de los conejos. Se me hace tan difícil teorizar en clave pomposa sobre un disco de Girl Talk como de un episodio de “Seinfeld”: prefiero dejarme llevar por el entusiasmo, las carcajadas, las situaciones inesperadas, el absurdo, la anarquía, los lugares comunes y los chascarrillos.

Pide Gregg Gillis que se entienda “All Day” como una pieza cerrada que se tiene que escuchar de principio a fin. Nada nuevo: todos los discos de Girl Talk son así, funcionan por acumulación y sorprenden, gustan o hacen saltar de la silla para ponerse a bailar o cabecear contra el techo porque vamos reconociendo muchos de los samples que utiliza y engarza con mano maestra, a veces tan imperceptibles que parece como si no hubiera sample en absoluto. ¿Qué otra manera hay de escuchar algo así? Evidentemente, no en píldoras de tres minutos como las canciones de la radio. Ahí sí que es diferente al pop de toda la vida: la exigencia y la disciplina, el formato extenso, el viaje. Pero nada que no hubiera inventado antes la cultura del DJ. Y en esta ocasión, entrando ya en materia musical, parece como si Girl Talk hubiera abundado más en el street rap y los hits de MTV y se hubiera olvidado en mayor medida de clásicos (de ayer y de hoy) del indie-rock. Hay muestras de New Order, U2, Ramones, Nirvana o The Rolling Stones (¿qué original, no?), pero sobre todo hay Gucci Mane, Kanye West, T.I., Missy Elliott, Drake, Ke$ha, Miley Cyrus, B.o.B., Usher, Lil Jon, N.W.A., Justin Timberlake, Prince, 50 Cent y M.O.P., y en ese sentido lo previsible que es siempre un disco de Girl Talk se multiplica y juega en contra de “All Day”. La ejecución técnica es perfecta, y la selección es atinada si tenemos en cuenta que él sólo busca números 1 y títulos conocidos, pero no deja de ser un chiste del que conocemos el final. Se puede explicar muy bien un chiste, con todo tipo de gestualidad e imitaciones de voz –en directo, recuerda, Girl Talk se desnuda, se pone entre el público y se suma a la fiesta–, pero si al final no hay una risa estruendosa, el chiste en sí no ha cumplido su cometido.

“All Day” lo que nos acaba dejando es la sensación de que ya apreciamos y celebramos más los skills de Girl Talk que su capacidad para seleccionar música; celebramos más los resultados parciales –lo bien que quedan “Blitzkrieg Pop” de Ramones con “Get Ur Freak On” de Missy Elliott, por ejemplo, o Hot Stylz y UGK sobre el piano de John Lennon tocando “Imagine”. Pero había mejores mash ups en “Night Ripper”, o quizá la novedad nos hacía creer que eran mejores. “All City”, como todo buen chiste parido con ingenio, gusta más si es la primera vez. Por tanto, si ésta va a ser tu aproximación como debutante al universo canalla de Girl Talk, la risa, el alboroto, todo eso está garantizado. Si ya le habías disfrutado antes… es lo mismo de siempre con el efecto amortiguado por la costumbre.

Richard Ellmann

Girl Talk - That's Right

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