Alela Diane & Wild Divine Alela Diane & Wild Divine

Álbumes

Alela Diane Alela DianeAlela Diane & Wild Divine

7.1 / 10

Alela Diane Alela Diane & Wild Divine ROUGH TRADE

Lo que tiene de bueno Alela Diane es que los géneros por los que transita en su último disco, “Alela Diane & Wild Divine”, aún a pesar de tener muy pequeñas variaciones (country americano, soul, baladones al atardecer), se acaban por dar un abrazo y se funden –como Falete con la nevera– para así obtener como resultado un trabajo tan encantador y suave que transcurre veloz en los oídos, como el AVE de perfil. Y que conste que meterle especias soul al country ( “To Begin”) parecería complicado si no fuera porque ella lo hace con naturalidad y antes de ella ya lo hubieran hecho Lambchop. Quizás la mezcla es tan compacta gracias a la privilegiada voz de Diane, por momentos parecida a la del Ryan Adams de “Cold Roses”, y que utiliza los típicos recursos de los cantantes crooners de porche (recursos como los saltos melódicos en la voz que hemos visto con la marca mainstream en Shakira o en supuestas artistas como Dolores O’Riordan).

Aunque la cosa queda en plan familiar y con poca ambición –no hay grandes cambios estilísticos con respecto a “The Pirate’s Gospel” y “To Be Still”, ambos de 2009; tampoco hay riesgos calculables ni en la voz, ni en la composición, ni en la producción–, y el trabajo puede caer, como caen muchos otros, en el vasto panorama del hilo musical doméstico. Pero sí se perciben pequeños detalles que dan fe de la profesionalidad artística de Diane, como vemos en la lenta “The Wind” (donde la oímos levemente parecida a Nina Nastasia), en las canciones con coro y ritmo de circo ambulante a lo “Carnivale”, o en alguna que otra referencia ( “Heartless Highway” o el guiño con los dos ojos al documental “Heartworn Highways”, de los setenta).

Quizás le falta más atrevimiento a Alela Diane en este nuevo álbum. Hay que reconocer que da un poco de grima que en la banda, llamada Wild Divine para la ocasión, le acompañe su marido, el antiguo bajista Tom Bevitori, y que su oponente a la guitarra sea Tom Menig –el padre de Diane, es decir, ¡el suegro de Bevitori!–. Pero, no sabemos exactamente cómo, da la casualidad de que todo funciona y está en su lugar.

Jordi Guinart

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