Album Of The Year Album Of The Year

Álbumes

Black Milk Black MilkAlbum Of The Year

9.1 / 10

Black Milk Album Of The Year FAT BEATS-DECON RECORDS

Desde la muerte de J Dilla nos hemos llenado la boca hablando del post-dillismo como si no existiera otra etiqueta para encuadrar y contextualizar a toda la retahíla de subproductos y medianías con aspiraciones de pegar fuerte en el ámbito del hip hop instrumental. Bastaba un puñado de beats rotos y desencajados, samples de funk y soul, tempos asimétricos y proyección futurista para desenfundar la etiqueta y solucionar el problema. Todas estas comparaciones, atajos y trampas periodísticas emperradas en sacar a relucir su nombre han acabado devaluando la gran obsesión de muchos aficionados al hip hop desde la desaparición de Jay Dee: encontrarle un relevo con garantías, plenamente justificado y capacitado para cargar con semejante responsabilidad. Pero no en el sentido de buscar una fotocopia o un clon para disimular que ya no se encontraba entre nosotros, sino en el sentido de hallar una personalidad pareja, comparable, a la que pudiéramos chuparle todo el talento y el fluir creativo para alejar esta sensación de orfandad que nos dejó su muerte. Y creedme: ninguno de los numerosos artistas que han surgido estos últimos meses, ningún novato con coartada o sobreprotección wonky ni ninguna luminaria del ámbito ‘beatz’, merece ese honor. No todavía.

Mi elegido, incluso antes de que el propio Dilla se extinguiera, siempre fue Black Milk, también de Detroit y alumno aventajado del maestro. Ya merecía candidatura desde los tiempos de “Popular Demand”, pero sobre todo a raíz del impacto de “Tronic”, un disco que por encima de cualquier otra consideración evidenciaba un rasgo impagable de su autor: la gula obsesiva de crecimiento, evolución, autosuperación y mejora. El perfil estaba claro y meridiano, solo faltaba la última prueba de confirmación, el estallido definitivo, para dar por bueno el traspaso de papeles y la jura del cargo. “Album Of The Year”, título sin intención onanista o presuntuosa (alude a una idea de resumen o compendio de todo lo que ha acontecido en un año, en ningún caso se autoproclama vencedor o rey de nada), llega como complemento ideal, ajustado y preciso de sus predecesores y, sobre todo, como nueva declaración de intenciones aperturistas y expansivas, salto de calidad y de madurez en todos los aspectos creativos que afectan y repercuten en el discurso de Black Milk. A día de hoy, la cúspide del boom bap experimental.

Antes de abordar el apasionante y abrumador bagaje sonoro del álbum es imprescindible hacer referencia a la notoria mejora de Black Milk como MC. En ese aspecto sí se puede decir que el alumno va camino de superar al maestro, porque el abanico de rimas, imágenes, textos y escritos que escupe por su boca en este regreso merece un epígrafe que en los análisis de sus anteriores grabaciones quizás se le escatimaba, y con justicia, dicho sea de paso. Hay mucho de Royce Da 5’9’’ en su manera de pulir, rasgar y ajustar el flow, pero también en la personalidad de las letras, que capturan a la perfección ese universo de vivencias, memory lane, espíritu competitivo, punch callejero e hipertexto hip hop que siempre ha hecho de Royce uno de los MCs más consistentes y admirables del circuito, reivindicado hasta la saciedad en esta web, por ejemplo. Su crecimiento es tan notorio que por primera vez en su trayectoria no echamos de menos alguna colaboración extra, él solo sostiene el andamiaje del recorrido con un flow exultante, motivado y mucho más seguro de sí mismo que encuentra acomodo de lujo en la particular manera de moverse de los beats. Pasaporte directo para entrar en la sala VIP de productores-rappers regentada por Diamond D, Pete Rock, Q-Tip, Kanye West o Large Professor, entre muchos otros.

Si entramos en territorio estrictamente musical, seguimos regalando halagos y pleitesía. Gran representante de una vía expresiva y estilística patentada por The Roots, esa que aglutina dos formas de hacer, dos tradiciones y, en cierto modo, dos maneras de entender el hip hop, la que combina, fusiona e integra samples, loops e instrumentación en un sonido unificado, “Album Of The Year” podría presentarse como la versión street, boom bap y radical de “How I Got Over”. No necesariamente una respuesta o una réplica, pero sí el mayor grano en el culo que le ha salido a la banda de Filadelfia este año. Porque mientras en el álbum de The Roots prima la austeridad, la búsqueda de cierto esencialismo y la melancolía reflexiva, aquí, por el contrario, suceden tantas cosas a la vez, casi por acumulación y superposición, que la contemplación y la contención del grupo en este frente se transforma en agresión, derroche, fasto, vigor, intensidad límite. Si The Roots derivan hacia el folk pastoral y el pop arty, Black Milk flirtea, y de qué manera, con el gospel, la psicodelia, el afro-funk, el latin jazz o incluso el rock setentero, propagando un cóctel estilístico que marea y perturba. En ambos casos, eso sí, las fuentes de inspiración y las referencias externas no tiñen la propuesta de crossover bananero, sino que el trasfondo de hip hop duro, contundente y puro no se pierde en ninguno de los minutos de su recorrido.

La manera en cómo el de Detroit integra una banda real de músicos en su torbellino de samples añejos y beats apocalípticos (se confirma de una vez que este señor factura las mejores baterías del hip hop actual) es asombrosa, por la fluidez, naturalidad y brillantez de la misma, pero también por el altísimo grado de autoexigencia que deja entrever su mecanismo. Tiene tanto sentido, tanta razón y tanta lógica a pesar de la masiva, casi barroca, presencia de sonidos, efectos, recursos, probaturas e instrumentos que a las primeras de cambio ya intuyes y presientes el crecimiento artístico del autor. Si “Tronic” acabó convertido en la versión 2.0 de “Popular Demand”, con una visión más futurista, intrincada y compleja de ese hip hop soulful made in Detroit, “Album Of The Year” ejerce de actualización plena y satisfactoria de aquél, pero con atributos y averiguaciones musicales nuevas y distintas a las que propuso entonces. Todo mucho más elaborado, consciente y arriesgado.

Y así es cómo se forja una identidad plena y referencial en el universo hip hop: logrando que cada nuevo disco suene fresco y novedoso en comparación al anterior sin perder nunca la conexión y el recuerdo del debut. La convivencia perfecta entre tradición, raíces, esencia y creatividad, investigación, búsqueda. Hasta el momento, la cosecha de 2010 ha despachado discos más globales y mágicos, como el de Big Boi o el de The Roots, y también discos más radicales y puristas, como el de Roc Marciano, pero si ahora mismo alguien me preguntara por el balance hiphopístico del año hasta septiembre, y en una rivalidad tan estrecha y reñida como ésta ya entran en liza valoraciones subjetivas y muy personales, un servidor no titubearía: “Album Of The Year” va camino de ser el ídem. David Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar