Agustin Agustin

Álbumes

Francis Alun Bell Francis Alun BellAgustin

7.7 / 10

El realizador Tiago Pereira es un cazador de canciones. Al frente del proyecto “A Música Portuguesa a Gostar dela Própria” (La música portuguesa gustándose a sí misma), recorre Portugal filmando a todos aquellos músicos con algo que decir. Hace ahora un año aparecieron en su blog un par de grabaciones en las que se veía a un chaval tocando al piano dos preciosistas composiciones en medio de una habitación sin ordenar, con el balcón abierto y el micrófono, como le gusta a Tiago, siempre visible. Su nombre estaba allí, Francis Alun Bell, pero apenas ningún otro dato concluyente más allá de un misterioso texto en el que se decía que Francis, por tener, no tenía fecha de nacimiento ni personalidad. Dichas líneas engrandecían el aura vaporosa que transmitía la música y hoy suenan ciertamente premonitorias por lo que se refiere a la proyección de nuestro protagonista en la república lusa: exceptuando su aparición en el archivo de Pereira, Portugal apenas ha oído hablar de Francis Alun Bell.

Aquí comenzaron a alzarse voces entonando su nombre hace poco. La culpa la tiene el guipuzcoano Juanra Prado, el comandante de Moonpalace Records, un sello que desde hace años viene dando forma a un escogido catálogo de artistas. Juanra, que trata con esmero artesanal sus lanzamientos hasta el punto de diseñarlos y fabricarlos él mismo, conoció el trabajo de Francis y le ofreció sin miramientos publicarle todo lo que tuviera grabado. Y así es como llegamos hasta este cofre titulado “Agustin” formado por dos discos y un EP. Noventa minutos de neoclásica que bebe del Yann Tiersen más sinfónico, de las cenefas del primer Wim Mertens y del gris marengo de los Montgolfier Brothers, que encandilarán a cualquier amante del melancólico piano europeo.

Los tres discos no responden a ningún orden en concreto pero analizados cronológicamente nos permitirán entender mejor cómo ha ido creciendo Bell. Veremos que, de la euforia de sus inicios, sus canciones han evolucionado hacia un otoñal minimalismo, pasando de intuirse en las primeras una curiosidad de explorador a localizarse en las más recientes un recogimiento casi sacro.

De los tres trabajos, el más accesible y variado es “At Any Given Time”, un conjunto de diez temas en los que aún vemos a Francis debatiéndose a la búsqueda de una personalidad, aunque esta, de por sí, ya estuviese aquí bastante perfilada. Aún torea el drama sin atacarlo del todo y deja que se cuelen en las composiciones samples, tramos vocales e influencias de terceros, en general heredadas de proyectos anteriores en los que militó, como How Comes The Constellations Shin, y en particular en forma de versiones como ese “Rainbowarriors” original de CocoRosie. Se establece su tendencia al vals alicaído y a la cinemática, y también la decisión de bautizar con nombres propios, casi siempre de chica, a gran parte de los cortes (serán todos en los discos subsiguientes). El conjunto data de noviembre de 2010 a excepción de una canción fechada cuando tenía 16 años, “Sparkle”, y de otras dos de 2009: “Klezmer Drums”, en la que podría pasar por un pariente de Zach Condon, y esa fulgurante “Scottish Drums” que Ricardo Aldarondo ha tenido a bien apuntar como heredera de los Mercury Rev de “Deserter’s Songs”.

Le sucede el EP “All The Girls” a modo de eslabón conector entre los dos discos largos. Está formado por cinco conmovedoras composiciones en las que se adivina una querencia más programada por el minimalismo palaciego, con patrones instrumentales de piano a los que va añadiendo capas de cuerdas a fin de espesar su frondosidad. “Catherine” es una abertura tan entusiasmante como lo era “Marcenda” en su predecesor. En “Rosemary”, muy “Amèlie”, la tensión va en aumento con una batería que entra poco a poco hasta estallar cual marcha militar. A “Rita” una mandolina le saca colores italianos. Los temas fueron concebidos en agosto de 2011.

“All Of You” es el más purista y actual de los trabajos. Refleja mejor que los otros dos quién es Francis hoy en día. Fue grabado hace un año y en él se advierte enseguida una profundidad diferente. Las composiciones tienen un tono más etéreo y frágil ( “Laure” echa a volar entre telúricas voces, “Antonio” y “Sara Borga” se parte tras ruidos inesperados) pero también embrujan con mayor resistencia (el drone que ensucia “Catarina Guerreiro”, los ocho minutos post-rock de “André”). Sorprenden nuevas sonoridades como las de “Daniela” y en algunos momentos ( “Fagulha”) asoma la vehemencia de sus primeras grabaciones, aunque todo acabe tendiendo hacia el desvanecimiento para casi desaparecer en la final “Mariana Silva”. Es el disco menos obvio de los tres y el que para Francis supuso un desafío mayor: al parecer, grabó casi a razón de uno por día 40 temas de los que aquí se han seleccionado trece, temas que iba dedicando a amigos y entregándoselos a través de Internet prácticamente después de componerlos. Detalle o reto autoimpuesto, es un dato que nos confirma estar ante un compositor dedicado única y exclusivamente a su arte, sabedor de su auténtica valía y tan apasionado por su oficio como el hombre que le ha editado este valioso tesoro.

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