Agents Of Time Agents Of Time

Álbumes

Mathew Jonson Mathew JonsonAgents Of Time

7.8 / 10

Mathew Jonson Agents Of Time WAGON REPAIR

Se hablaba de este álbum de Mathew Jonson desde hacía años –sí, años–, y aunque no es el “Chinese Democracy” del techno moderno, lo cierto es que su aterrizaje en las cubetas de novedades parece, en principio, a destiempo, con todo el hype del minimal y la última oleada revivalista de Detroit ya en retirada, que es el marco en el que el ágil productor canadiense mejor ha encajado –aunque siempre con su habitual manera de entender el sonido, como si fuera de goma gruesa y flexible, con patrones de electro y trance por ahí metidos también–. Pero quienes han venido siguiendo su carrera –desde los orígenes en el añorado sello Itiswhatitis hasta su fichaje efímero por Minus, y luego la fundación de Wagon Repair y su traslado a Berlín por motivos logísticos–, saben que con Mathew Jonson nunca hay que caer en el desánimo o darlo por muerto. Él va su a su ritmo –que antaño fue meteórico y hoy mucho más reposado–, y el álbum ha tardado en llegar lo que él ha considerado oportuno. Mientras tanto, ha jugado al trío improvisatorio con sus colegas de Cobblestone Jazz, le ha dado empaque a su sello y ahora, porque sí, llega un “Agents Of Time” que ya no se espera como la segunda venida de Cristo –en 2006 sí era así, en cambio–, pero que tampoco decepcionará. El de Vancouver es demasiado listo y brillante como para eso.

Es interesante hacer notar que lo único que le podría sobrar al disco –en realidad no le sobra nada, pero…– son los temas de tempo más subido, “Thieves In Digital Land” y “Sunday Disco Romance”, ya que en conjunto “Agents Of Time” tiene un desarrollo a paso lento y una decoración de curvas y ángulos suaves, así como una atmósfera de reflexión. Mathew Jonson, que siempre ha sido un hombre de club –cuidando el formato 12”, produciendo para DJs, planificando sus directos como experiencias de hasta tres horas de improvisación en tiempo real–, parece haber planificado su debut en largo como si fuera un calcetín al que le ha dado la vuelta. Ahora nos enseña en toda su dimensión la otra cara de su sonido, que viene a ser el mismo –hipnótico, algo trance, algo retro: hay que notar cómo hay influencias del sonido bleep de los primeros años noventa en “Girls Got Rhythm”, que por momentos podría parecer un corte del primer álbum de Orbital–, pero sin tanto punch, sin incitación al sudor o al desgaste físico. Es un disco de escuchar en un sofá, con una pierna cruzada, moviendo el pie a latigazos, como mueve el rabo la vaca cuando espanta moscas.

De todos modos, no menospreciemos el potencial de un sound system capaz de arrancar las telarañas y la cal del techo de cualquier club: muchos tramos de “Agents Of Time” funcionarían en warm-ups con intención de crear suspense, generar la tensión que flota en los minutos previos a las grandes noches. Mathew Jonson siempre ha tenido ese punto anticlimático –desarrollos largos que no concluyen de ninguna manera explosiva, sino en una escalada lenta, constante: aquí revisa su mejor creación hasta el día de hoy, “Marionette” (subtitulada “The Beginning”) incidiendo en el anticlímax, en los siete minutos de sonido en tirabuzón que podrían ser setenta y nos seguirían dejando con esa expectación ansiosa, mordiéndonos las cutículas, y el resto del álbum, salvando la disco music loopeada de “Sunday Disco Romance” –más cerca de Smith’n’Hack o Tiger & Woods que de sí mismo–, se queda en esa interesante encrucijada. Música para momentos de espera, transiciones y estadios previos al desborde. Una hábil manipulación de emociones.

Comienza el álbum con “Love In The Future”, planeador, especulativo, como música de sintetizador retro firmada por Jan Hammer o cualquier otro compositor de scores para televisión. Luego pisa el acelerador y, sorprendentemente, a partir de “Night Vision” –esto es, la mitad del CD–, el ritmo cae en picado y el sonido busca nuevos referentes. Aquí es fácil ver los de Drexciya, ERP o Vector Lovers, esa conexión romántica a la vez que pesimista entre el techno de Detroit y el electro, mientras que es un electro aún más oscuro el que domina en “Pirates In The 9th”, muy europeo, como el que hacía Andrea Parker en sus mejores días. Se vuelve todo mántrico, los temas quizá abusen de minutaje –los hay a los que les sobran tres minutos, y los hay que, aunque duren once, no les sobra nada, como “When Love Feels Like Crying”, que es como “Marionette” con la tensión arterial baja y las pulsaciones casi estáticas– y acaba siendo un destacable trabajo de home listening que une los puntos entre las bandas sonoras planeadoras, el techno de Detroit espacial, los ritmos catatónicos del minimal europeo, el electro subacuático y la nostalgia del sonido intelligent techno inglés. Tan original como revivalista (difícil combinación). O sea, creo que me he humedecido.

Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar