Again Into Eyes Again Into Eyes

Álbumes

S.C.U.M. S.C.U.M.Again Into Eyes

6.8 / 10

S.C.U.M.  Again Into Eyes MUTE RECORDS

Parece que hay un empeño generalizado por adosar a S.C.U.M. la descripción de “pequeños Horrors” cuando, en realidad, lo único que tienen de “horrorcitos” son dos cosas. La primera, un parentesco directo con uno de ellos –Huw Webb, el bajista, es hermano de Rhys Webb; probablemente el Horror más talentoso–. Y la segunda, una querencia estética por el negro, las cruces, el pelo cortado con escuadra y cartabón y un rollo oscuro que, la verdad, es bastante molón –sus fotos de promoción son más que notables, en un blanco y negro tétrico muy granuloso, con un toque Man Ray y hasta con referencias divertidas a “Un Perro Andaluz”–.

El resto tiene poco de “horroroso”, la verdad. S.C.U.M. –nombre tomado de “SCUM”, el manifiesto feminista radical de los 60s firmado por Valerie Solanas, en el que la autora abogaba por la total supresión del hombre– son cinco pipiolos que lanzaron “Visions Arise”, un primer single aislado en 2008. Le siguió una gira europea bastante trepidante en la que fueron grabando “Signals”, una serie de canciones inspiradas por las ciudades por las que pasaban y en las que actuaban. París fue la más importante, según cuenta Thomas Cohen, el vocalista de S.C.U.M., ya que allí vivió una auténtica epifanía artística al descubrir la obra de los dadaístas. Tres años más tarde, tienen tres logros en su haber: haber publicado “Again Into Eyes”, un muy decente (pero nada abrumador) álbum de debut, haber sido fichados por Mute –respeto a muerte por el sello de Daniel Miller– y haber sido elegidos por Portishead para formar parte del line-up de la pasada edición de julio del muy selecto festival londinense ATP-I’ll Be Your Mirror –respeto súper a muerte por las elecciones musicales de Geoff Barrow, Beth Gibbons y Adrian Utley–.

“Again Into Eyes” son diez canciones que oscilan dando pequeños bandazos entre el post-punk, el art-rock y el shoegaze semi ruidoso. Ellos dicen que no tienen ninguna influencia musical que les haya marcado profundamente –¿por qué algunas bandas niegan cosas tan bonitas y determinantes como la influencia de ciertos discos y artistas? –, aunque en alguna entrevista han confesado admirar a Throbbing Gristle –que no se atisban por ningún lado, la verdad– y Liars. Lo que sí dejan claro estas canciones es un amor muy loco por los sintetizadores y un vocalista con un deje muy dramático, afectado y engolado, a lo Brett Anderson de las tinieblas. “Faith Unfolds”, el primer corte, deja muy claro lo que se puede esperar de esos diez temas: rollo ochentas oscuro, medios tiempos rockerillos y teclados vaporosos. “Amber Hands”, “Requiem” y “White Chapel” sobresalen entre el resto y, probablemente, les garanticen estar en los line up de varios festivales de verano en los que experimentarán esa gran injusticia poética inherente a todos los grupos noveles de su especie: tocar a las cinco de la tarde, con el sol haciendo relucir sus anillos de calaveras y sus pendientes de cruz, mientras el flequillo cortado con escuadra y cartabón empieza a rizarse y ellos cantan cosas muy inquietantes, cegados por la luz.

Marta Hurtado de Mendoza

“Whitechapel”

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