Afterparty Babies Afterparty Babies

Álbumes

Cadence Weapon Cadence WeaponAfterparty Babies

8 / 10

EPITAPH / ANTI

La subjetividad es una sustancia peligrosa. No sólo para escribir sobre discos, sino también para escucharlos. Es en esa materia sensible (la empatía y las sensaciones de cada uno) donde un artista se vale contra los prejuicios, su propia mediocridad o la barrera más difícil de saltar: la indiferencia. Rollie Pemberton, el rapero canadiense detrás de Cadence Weapon, podría vencer cualquiera de estas trampas en el camino hacia la identificación del oyente con sus rimas si ese oyente no fuera otro que él mismo. O cualquier otro chaval con sus anhelos y sus fobias; con las preocupaciones de una generación con nombre de incógnita. Pemberton escribe con cierta habilidad, es rápido y tiene tiento para retratar esa sociedad de ocio adolescente. Por eso resulta tan frustrante ver como el alma de estos versos se pierde en algún punto de la escucha. Quedan el significado y la intención, pero ni rastro de esa pasión con la que abrir fuego. Se me ocurren docenas de MC’s más macarras, ensimismados y gilipollas, pero también más creíbles. Y no es que Pemberton no lo intente - “Ever put a hooker on a chorus? Keep your brain wet / On the cut like a swordfish”, rapea en “Your Hair’s Not Clothes”-, es que no le sale. Pero tampoco anda tan lejos. Con un relleno hecho con beats sin fisuras y sintes con un pie en la rima y otro en un club petado un sábado, “Afterparty Babies” debería gustar y vender más allá de lo que Pemberton haya sabido representar en él o no. Son esas bases las que salvan su discurso. Un sonido continuista respecto al debut “Breaking Kayfabe”, pero mejorado, y esa idea ácida que el de Edmonton comparte en sus estrofas sobre el mainstream o los convencionalismos de nuestro tiempo son bazas suficientes para esperar algo mejor de él en el futuro.

Miguel Román

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